A Quibdó el agua le llega es del cielo

A Quibdó el agua le llega es del cielo

En el casco viejo de una nevera y en dos canecas metálicas, Rosina Cuesta recolectó suficiente agua del último aguacero como para aguantar 48 horas de verano. “Si no llueve en tres días esto es una tortura, oyó”, dice la mujer. Ella es habitante de Los Álamos, un barrio de estrato uno del norte de Quibdó. Aquí, como en la mayoría de la ciudad, no existe servicio de acueducto.

06 de septiembre 2007 , 12:00 a.m.

Por esa razón, Rosina Cuesta usa el agua de la nevera y de las tinas para lavar la ropa, bañarse y cocinarles a sus cuatro hijos. Para el aseo del sanitario tiene que ir a recoger agua a la quebrada El Caraño, una corriente turbia en cuyo cauce desembocan las alcantarillas de tres o cuatro barrios. Mientras enjabona ropa en un balde plástico, Rosina Cuesta dice que nunca hierve el agua: “Uno bien pobre y con esa energía tan cara uno prefiere tomársela así”.

El problema de Rosina Cuesta lo vive el 77 por ciento de la población de Quibdó. El acueducto construido hace 40 años apenas cubre el 23 por ciento de la ciudad, es decir, el centro.

Las docenas de barrios de madera y zinc que han levantado los desplazados por la violencia y la miseria dependen totalmente de las lluvias que, por fortuna, son frecuentes en esta región.

En todas las casa hay bajantes de zinc o plástico para recoger el agua lluvia. Lo hacen en cualquier recipiente. Los que pueden, construyen un tanque de ladrillo y cemento donde almacenan líquido para varios días. Pero este puede costar unos cinco millones de pesos, toda una fortuna para la mayoría de habitantes de Quibdó.

Sobre la calidad del agua, Josefa Córdoba, quien asesora la liquidación de la Empresa de Acueducto de Quibdó, dice que el agua es apta para el consumo humano. Acepta, sin embargo, que hay sectores donde, por fallas del suelo y la antigüedad de las tuberías, el agua de las alcantarillas contamina a veces los conductos de agua potable.

Una nueva esperanza “Ahora ha mejorado el agua, sale clarita, pero el año pasado salía a veces materia fecal”, dice José Arturo Hinostroza, habitante del barrio Niño Jesús. En este sector, en un recodo del río Cabí que los habitantes usan como basurero, está ubicada la boca toma del acueducto.

El drama del agua es especialmente notorio en los barrios del norte de Quibdó. Allí viven de mala manera miles de familias provenientes de otras regiones del Chocó. Muchos son albañiles, vendedoras ambulantes y empleadas domésticas. Ellos y sus hijos andan a la caza de cualquier pozo para surtirse cuando no llueve.

Hallar estas vetas de agua es cada vez más difícil. “Cuando estaba pequeño me bañaba en una quebrada del barrio La Aurora.

Después comenzó a llegar gente, todo se pobló y el agua se llenó de basura y materia fecal”, dice Elvis Aragón Córdoba, un dirigente comunitario.

Aragón Córdoba tiene 27 años y no había nacido cuando estalló el primer paro cívico por servicios públicos (ver recuadro). Tenía 7 años cuando explotó el segundo y en febrero de este año ocurrió el último.

Ahora, seis meses después del tercer paro cívico, Elvis Aragón Córdoba y los otros habitantes de Quibdó ya comenzaron a ver en sus calles a los empleados de las Empresas Públicas de Medellín (EPM) y de la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá (EAAB), quienes asesorarán la construcción del nuevo acueducto de la ciudad.

Los paros del Chocó.

Según el historiador chocoano Sergio Mosquera, en Quibdó han ocurrido tres grandes protestas por servicios públicos.

1967: Por agua, luz y puente sobre Atrato para unir las provincias de San Juan y el Atrato. Tres manifestantes murieron en los enfrentamientos con la Policía y Ejército.

1987: Por agua, luz y vías en general. Un estudiante muerto en choques con la Policía.

2007: Paro por 'La dignidad': agua, salud, educación y vías.

60 mil millones de pesos es el monto del contrato firmado el 28 de junio entre el Gobierno, las EPM y la Empresa de Acueducto de Bogotá para construir un acueducto que en cinco años cubra más del 90 por ciento de la ciudad.

‘‘Cuando estaba pequeño me bañaba en una quebrada del barrio La Aurora.

Después comenzó a llegar gente, todo se pobló y el agua se llenó de basura y materia fecal”.

Dice Elvis Aragón Córdoba, un dirigente comunitario.

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