EL REVOLUCIONARIO DE LA PINTURA EN EL SIGLO XX

EL REVOLUCIONARIO DE LA PINTURA EN EL SIGLO XX

Ayer se cumplieron 50 años de la desaparición de Vassily Kandinsky, el pintor que, ademas de realizar las primeras obras abstractas de la historia del arte, innovó y revolucionó una gran parte de los conceptos plásticos y estéticos del siglo XX.

14 de diciembre 1994 , 12:00 a. m.

Nacido en Moscú en 1866, Kandinsky estudió Derecho y Economía, y se dedicó durante algunos años a la enseñanza y a la investigación antropológica. El Ermitage y Rembrandt son sus primeros contactos con la pintura; los diseños de algunos envoltorios para la imprenta que dirigía en la capital rusa, sus primeras experiencias creativas.

Cuando cumplió 30 años, se trasladó a Munich con el fin de estudiar pintura. Se inicia entonces en actividades que apoyaban un arte social y serían el comienzo de algunas de sus mejores empresas teóricas. En los primeros años del siglo mostró sus obras en algunas colectivas, integrándose en la Secesión Berlinesa como primera manifestación de sus trabajos expresionistas.

Las obras de los años iniciales se dejaban influir por los últimos postulados impresionistas, pero apuntaban la importancia de la investigación hacia los territorios conceptuales que le caracterizaron. En 1908, su pintura comienza a formalizar en imágenes algo que le preocupaba desde el primer momento, la importancia que podían tener asuntos y apreciaciones que estaban más allá de la imagen, es decir, un presagio de lo abstracto.

Munich se transformó hacia 1910 en un centro de enorme interés para la evolución del arte moderno. Asociados en torno a la idea de destronar las hegemonías plásticas, un puñado de artistas capitaneados por Kandinsky promocionaron la idea de una vanguardia capaz de romper todos los esquemas existentes. Tras la contestación surgida, expusieron a final de 1911 lo que sería la primera manifestación de un grupo mítico, El Jinete Azul (Der Blaue Reiter).

Kandinsky estableció en su escrito El problema de la forma algunas de las principales líneas de conducta del grupo, como por ejemplo que sus actuaciones en conjunto no eran una simple demostración colectiva de lenguajes o estilos sino una respuesta común a los impulsos íntimos y a la vida interior de las formas.

La evolución hacia el arte abstracto supone en Kandinsky -según consta en su escrito básico De lo espiritual en el arte- un cambio de actitud por el cual el artista ha de evitar la consideración de lo externo en favor de contemplar lo interior.

Su trabajo se basó desde un principio en el valor del color y en la expresividad de la forma, siendo para él mucho más importante la esencia que la imagen. Instauró así la práctica de lo imprescindible, un método capaz de reducir cualquier figura a sus líneas maestras y un sistema para conseguir la estilización de la imagen hasta llevarla al borde de la abstracción.

La famosa acuarela de 1910 que conserva el Centro Pompidou -considerada de manera general como la primera pintura abstracta conocida- es la demostración de algo que para el pintor se había convertido en una obsesión, la búsqueda de la pureza y el hallazgo de lo no objetivo, lo que abría unas perspectivas infinitas a las posibles maneras de captar y pintar formas. A partir de ese momento, los colores serían eso, formas, y, como tales, responsables del lenguaje de la pintura. Como parte de esa intercomunicación emotiva le interesó la correspondencia entre música y pintura. Wagner, Schnberg, Hartmann o Debussy fueron, en diferentes momentos, resortes creativos cuyas composiciones proporcionaban esa parte inmaterial.

El expresionismo abstracto de Kandinsky maduró definitivamente entre 1910 y 1914. Las improvisaciones de esos años fueron referencia inexcusable para entender los inicios del arte no figurativo. Entre las características de su trabajo está el color instaurado de manera autónoma, el espacio siempre muy difícil de definir, el gesto manifestado a través de trazos que llegan a invadir toda la superficie pictórica y a salirse de sus limites, y dos cuestiones muy importantes que, aun contradictorias, se complementan: el azar y el orden.

De la emoción controlada de sus primeras obras abstractas, Kandinsky pasa en los años 20 a una geometría formalista que le permite realizar guiños naturalistas para definir un nuevo y ambiguo idioma. Su pintura evoluciona hacia nuevas propuestas sintéticas que encuentran compensación en el ámbito del racionalismo de la Bauhaus, institución donde llegará a convertirse en una figura imprescindible.

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