UNA BATUTA CON TOQUE FEMENINO

UNA BATUTA CON TOQUE FEMENINO

La imagen que la gente tiene de los directores de orquesta es la de unos señores muy serios, con cara de genios, con melenas que obedecen, al igual que los músicos, el ritmo inflexible de sus batutas. Nadie se imaginaría a un director de orquesta como una mujer menudita, de pelo corto, de apenas 32 años de edad y para completar, caleña.

14 de diciembre 1994 , 12:00 a. m.

Dirigir orquestas sinfónicas y de ópera nunca ha sido una profesión fácil, especialmente en el exigente medio de Nueva York donde la competencia es abrumadora y feroz. En estas circunstancias, el trabajo de María Elena Tobón, directora asistente de la Sinfónica Júpiter de Nueva York y directora titular de la New York Touring Opera, es poco menos que heroico.

Aparte de ser directora, María Elena toca flauta, viola y piano a nivel profesional, sabe cinco idiomas y como si fuera poco, es la actual presidente de PECX, la organización de Profesionales y Estudiantes Colombianos en el Exterior, una organización de 150 socios que es el nodo oficial de la Red Caldas en Estados Unidos.

María Elena comenzó sus estudios musicales a la edad de 8 años, en Amherst, Massachusetts, a donde su padre llevó a la familia a vivir cuando ella tenía un año. Allá pasó toda su infancia, hasta los 12 años, cuando regresaron nuevamente a Colombia. Para ella, el cambio fue traumático: tuvo que cambiar el ambiente seguro y casi paradisiaco de Nueva Inglaterra, donde tenía sus amigos y su mundo, y regresar en busca de la identidad colombiana que sus padres querían para sus hijos. Ellos nunca se adaptaron y no querían que nosotros creciéramos gringos, querían darnos la identidad colombiana. Se quejaban mucho, de las estaciones y del invierno por ejemplo. Para mí fue una tragedia regresar a Colombia y no tener estaciones . Después de una breve estadía en Medellín, llegaron nuevamente a Cali, donde ella comenzó a estudiar bachillerato y música en la Universidad del Valle.

Para entonces, gracias a su padre Ramiro, quien además de ser físico experimental, era un barítono aficionado, María Elena ya conocía buena parte del repertorio operático italiano.

El apoyo de sus padres fue definitivo, especialmente en un ambiente en donde la profesión artística no se reconoce y donde todos, desde los instrumentos hasta las partituras son importados y caros. Recuerdo a una profesora que en el bachillerato siempre trató de convencerme de que no siguiera la música, le parecía que eso no servía para nada .

Recuerdo que salía del colegio directamente para la universidad , dice ella de la época en que estudiaba al mismo tiempo música y bachillerato en Cali. El mismo año que se graduaba de sexto bachillerato en el Colegio Sagrado Corazón de Cali, terminaba el sexto semestre de su carrera de música en la Universidad del Valle. Para entonces ya sabía que su futuro estaba en la música clásica. Recién salida del bachillerato comenzó a trabajar como Directora Asistente del Coro Polifónico de Cali, que en aquel entonces era parte de la Compañía Nacional de Opera.

Movimientos con personalidad Ser director de orquesta no es fácil, dice. Hay que tener la habilidad particular para leer las partituras de varios instrumentos al mismo tiempo. Lo más difícil, sin embargo, es la capacidad para impartirle a una obra musical una personalidad propia, hacerla sonar como la siente el director. Esto requiere un nivel de concepción musical que es muy difícil de adquirir y en el que entran numerosos elementos que rara vez se dan juntos en una misma persona.

Para ser director hay que estudiar como para ser compositor. En mi caso se empezaron a dar todos los elementos que hacen a un director: conocimiento de los instrumentos, historia de la música, visión, profundidad, repertorio, idiomas. El haber terminado de primera en su clase en la Universidad del Valle y el haber hecho un curso intensivo con León J. Simer, ganador del prestigioso Premio de Roma le permitió hacerse acreedora a una Beca Fulbright en la Universidad de Cincinnatti, de donde se graduó con un máster en conducción de orquesta.

La elección de Cincinnatti, una universidad y una ciudad con una larga tradición de música clásica, fue afortunada. Enseñar dirección es algo muy sui géneris porque el instrumento del alumno es la orquesta, dice. Afortunadamente allá había una orquesta exclusivamente para la enseñanza de los compositores y ensayos constantes y teníamos mucha práctica. En 1987, María Elena regresó a Colombia donde enseñó música y conducción en el Conservatorio de Cali, entre otras partes. También participó en numerosas presentaciones, entre ellas, con la Orquesta de Cámara de Popayán y la Orquesta Sinfónica Juvenil de Cali.

Regreso con gloria De regreso a Nueva York, fue aceptada como directora asistente de la Sinfónica Júpiter desde 1989 así como la Directora Principal de la Touring Opera de Nueva York. Mientras tanto ha sido directora invitada de la Orquesta de Cámara del Garden State de Nueva Jersey, de la Sociedad Orquestal de Philadelphia y la Filarmónica Bohuslav Martinu y la Orquesta de Cámara Kromenicz, estas dos últimas en la República Checa donde participó en un taller de conducción en 1992.

María Elena confiesa que nunca pensó en el aspecto práctico de su carrera, en el hecho de que se trataba de una trabajo del que tenía que vivir y pagar la renta. Hoy en día, hay muchas más orquestas que directores , dice.

Tampoco se le ocurrió pensar que sería un inconveniente tratar de hacerse valer en una profesión dominada por hombres (cuántas personas han visto a una mujer dirigiendo una orquesta) y que la situación actual para ella es la misma que se vivía hace 30 años, cuando la gente se sorprendía de ver a mujeres interpretando instrumentos.

Hoy en día tampoco piensa que sea un problema. Lo que uno es y cómo ha vivido influye en la forma de ver la música , dice con firmeza. Cuando uno está interpretando una obra está plasmándose ahí. Cuando estoy dirigiendo no pienso en que soy mujer o lo que sea, simplemente estoy sintiendo la música .

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