A la baja

A la baja

Dos noticias alentadoras recibieron las autoridades económicas al cierre de la semana pasada, cuando el Dane informó que tanto el desempleo como la inflación tuvieron reducciones importantes durante los meses de julio y agosto, respectivamente. En el primero de los casos, la Gran Encuesta Integrada de Hogares mostró que la desocupación cayó a 11,2 por ciento, 1,3 puntos porcentuales por debajo de la cifra de julio del 2006. Por su parte, el índice de precios al consumidor tuvo una disminución de 0,13 por ciento, la tasa más baja en 19 años, con lo cual el acumulado del año hasta agosto llegó a 4,58 por ciento, y el de los últimos 12 meses a 5,22 por ciento. En términos generales, las cifras mencionadas fueron mejores que las esperadas por los analistas y confirman el buen momento que atraviesa la economía, dentro de un marco de relativa estabilidad.

04 de septiembre 2007 , 12:00 a.m.

Dicho lo anterior, en materia de empleo existen razones para que más de un economista tenga con qué devanarse los sesos debido a los saltos en los resultados. Como es conocido, desde hace unos meses existe un debate público a causa de los cambios de metodología hechos por el Dane para medir la desocupación. Aunque la entidad ha dicho que sus datos son consistentes con el sistema anterior, otros sostienen que no eran comparables, motivo por el cual la medición de julio era particularmente importante. De tal manera, y parafraseando a un técnico gubernamental, a partir de ahora será posible equiparar peras con peras y manzanas con manzanas.

No obstante, resulta curioso que si bien el número de desocupados bajó en 317.000 personas entre julio del 2006 y julio del 2007, la cantidad de ocupados también disminuyó en 204.000 individuos en el mismo período. Esa dinámica no parecería consistente con la de la economía, cuyo crecimiento estimado fue superior a 7,5 por ciento en el primer semestre. Todo lo anterior sugiere que el Dane necesita ser un poco más abierto en la discusión en torno a sus mediciones, con el fin de garantizar la credibilidad de sus resultados en este tema en particular. En las últimas semanas, la entidad recibió los comentarios de un trío de expertos que hicieron anotaciones en forma constructiva, pero ha guardado al respecto un silencio que no está justificado, ni tampoco le conviene.

En contraste, en materia de precios, son pocos los que cuestionan las cifras. Tal como lo han experimentado miles de agricultores, después de la fuerte sequía de comienzos de año llegó una época de abundantes cosechas que ha llevado a la baja las cotizaciones de diferentes productos. En consecuencia, la inflación para el subgrupo de alimentos ha caído de manera rápida, pues, si en los 12 meses terminados en julio el crecimiento era de 8,93 por ciento, en agosto esa cifra fue de 7,23 por ciento. Esa es la razón por la cual el alza en el índice de precios, que en abril había alcanzado una tasa anual de 6,26 por ciento, ha disminuido más de un punto porcentual desde ese entonces, tranquilizando de paso a las autoridades, que estuvieron en alerta.

Irónicamente, el éxito en ese frente le crea un problema al Banco de la República. Este consiste en que, a pesar de los avances en materia de inflación, la mayoría de los miembros de la Junta del Emisor consideran que la política de alza en las tasas de interés debería continuar, con el fin de moderar un poco más la expansión del crédito y el ritmo de la demanda interna. En los meses pasados, el Gobierno aceptó a regañadientes las decisiones en ese sentido, en aras de la ortodoxia y la cordialidad. Ahora, sin embargo, lo más seguro es que el Ministro de Hacienda manifieste su oposición, cuando el tema vuelva a la agenda a finales del mes. La pregunta es si en las próximas semanas hace valer sus argumentos y logra conseguir los votos que necesita para bloquear más aumentos en los meses que vienen.

La reducción en los índices de desempleo e inflación fueron dos buenas noticias que, sin embargo, le generan otros retos a las autoridades económicas”.

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