‘Batalla’ por una orden de desalojo

‘Batalla’ por una orden de desalojo

Durante casi ocho horas, los miembros de tres familias del noroccidente de Bogotá se atrincheraron en su casa y se enfrentaron con la Policía, que utilizó una grúa y dos tanquetas antimotines para cumplir con una orden judicial de desalojo.

04 de septiembre 2007 , 12:00 a.m.

Ayer, antes de las 7 de la mañana, los habitantes de esta vivienda del barrio El Encanto amarraron las rejas metálicas con cadenas y se alistaron para la llegada de las autoridades.

La diligencia de desalojo, ordenada por el juez 43 civil, José Domingo Roncancio Patiño, comenzó hacia las 8 de la mañana.

Mientras algunos vecinos salían hacia sus trabajos o a comprar lo del desayuno, la Policía acordonó la calle.

‘Dispuestos a dar la vida’ Desde la terraza de la vivienda de dos pisos, un habitante gritó por un megáfono que no iban a salir y que estaban dispuestos a dar la vida antes de entregar su casa al banco, contó un habitante.

Dentro de la vivienda, según narró horas más tarde uno de sus ocupantes, se encontraban a esa hora 30 adultos y 10 niños entre los 7 meses y los 15 años.

Todos ellos son miembros de tres familias que viven de una microempresa de autopartes que funciona en el primer piso de la misma construcción.

El dueño de la empresa y de la casa es José Modesto Salcedo Sanabria, un boyacense nacido en Guateque y quien adquirió hace siete años un crédito de 65 millones de una corporación de ahorro y vivienda para comprar el inmueble.

Pero hace unos seis meses Salcedo Sanabria comenzó a atrasarse en las cuotas mensuales y su caso pasó a los tribunales.

Salcedo Sanabria argumenta que ya pagó 115 millones de pesos y que, debido a una mala liquidación por parte del banco, su deuda aun asciende a 80 millones de pesos.

Por eso, según dijo luego, tomó la decisión de atrincherarse dentro de la vivienda y resistir hasta las últimas consecuencias pues, aseguró, si los sacan de su casa tendrían que irse a vivir a la calle.

Sus familiares y empleados lo acompañaron en su decisión. Y lo hicieron con tanto ahínco que se aferraron a las rejas con desesperación y allí aguantaron la primera arremetida de la Policía.

Luego se atrincheraron en la terraza mientras gritaban consignas contra los bancos, el juez que ordenó el desalojo y las demás autoridades.

Hacia el mediodía llegaron las tanquetas blindadas y más de treinta miembros del Escuadrón Móvil Antidisturbios (Esmad), con sus escudos y armaduras negras que utilizan en los motines callejeros.

Cuando la policía intentó arrancar la reja de casa con el cable de acero de la grúa, se desató una batalla campal.

Desde la parte alta de la vivienda, hombres y mujeres les lanzaron ladrillos y varillas a los hombres del Esmad y a las unidades de la Fuerza Disponible.

Los habitantes rechazaron a los uniformados en las cuatro oportunidades en que intentaron tomarse la vivienda protegidos por chorros de agua a presión lanzada por las tanquetas.

Periodistas, de intermediarios El inusual despliegue de fuerza, más de 60 efectivos policiales en total, desató la solidaridad de los vecinos que comenzaron a insultar a la policía y al juez.

Una mujer, Sandra Patricia Herrera, que se identificó como familiar de Salcedo Sanabria, fue detenida por la Policía en la tanqueta número 546.

Cuando la liberaron, les enseño a los periodistas los brazos con rayones y contusiones leves.

Después de los choques, los ocupantes, visiblemente alterados y sollozando, se asomaron al antejardín y dieron entrevistas a una docena de periodistas.

Algunos de los reporteros sirvieron de intermediarios para la búsqueda de un acuerdo.

Los contactos terminaron con un pacto para realizar una audiencia de conciliación, citada para el 25 de septiembre a las 9 de la mañana.

Finalmente, a las 3:53 de la tarde, José Modesto Salcedo Sanabria sacó su brazo derecho por entre la reja de su casa y estampó su firma en el acuerdo.

La calle frente a la vivienda quedó salpicada de ladrillos, sus habitantes alterados y la reja averiada.

La Policía Metropolitana reportó daños en seis escudos y siete cascos antimotines.

‘‘Si nos sacan de la casa nos tendremos que ir a a la calle. Aquí están todos nuestros ahorros... ya he pagado dos veces la deuda y el banco hizo mal la liquidación”.

José Modesto Salcedo Sanabria, propietario de la vivienda.

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