La turbulencia financiera internacional

La turbulencia financiera internacional

En la década del 80 del siglo pasado se gestó un segmento de mercado de alto riesgo y elevada rentabilidad, con la emisión de los denominados ‘bonos basura’ en los E.U. Estos bonos permitían que inversionistas de alto perfil de riesgo seleccionaran un segmento basado en altos descuentos de cartera y activos de baja calidad, ante la expectativa de rentabilidad.

03 de septiembre 2007 , 12:00 a.m.

En la crisis financiera internacional de finales de la década del 90, con mayores avances en las técnicas de evaluación de riesgo, un fondo de inversión de capital liderado por premios Nobel de Economía (Long Term Capital Fond) se quebró y fue rescatado por las autoridades.

La liquidez generada en la presente década por el boom de precios de productos básicos liderados por el petróleo, acompañado de la reducción de tasas de intervención de los bancos centrales, hizo posible, nuevamente, que los bancos colocaran cartera en segmentos de alto riesgo, tal como ocurrió con el mercado hipotecario de E.U. denominado ‘subprime’, lo que impulsó masivamente la construcción y se tradujo con el tiempo en financiaciones a deudores que no pudieron pagar. Nuevamente, como en los 80, los bancos comerciales vendieron esta cartera a los fondos de cobertura, cuyo propósito teórico consiste en permitir a los inversionistas del mercado de capitales diversificar su riesgo.

El resultado conocido hasta ahora es el de que dos fondos de la firma Bear Sterns y uno de Goldman Sachs, entre otros, resultaron enormemente golpeados. Adicionalmente, la amenaza de contagio tuvo que ser enfrentada por los Bancos Centrales del Japón, el Banco Central Europeo y la Reserva Federal de los E.U., inyectando liquidez a los mercados.

Como la línea sutil que separa los segmentos de inversión de mayor riesgo y el de portafolios moderados y conservadores se basa en la confianza sobre el sistema financiero en su conjunto, todo esto está indicando que la teoría de que el inversionista de alto riesgo no debería ser rescatado por las autoridades, se pone en cuestión. En efecto, la disciplina del mercado no opera cuando el riesgo de contagio emerge.

El recuento de estos hechos es relevante para el caso colombiano en el siguiente contexto.

Con respecto al sector hipotecario colombiano, es importante recordar que la crisis de la década pasada tuvo un impacto tan profundo entre inversionistas y compradores de vivienda, que el crédito hipotecario empezó a crecer a tasas reales positivas tan solo recientemente: se empezó a acelerar a partir del primer trimestre del año 2006. Pese al actual auge de la construcción y al inusitado crecimiento de los precios, no puede afirmarse que estemos en una situación similar o cercana a la de los E.U.

Oportunamente, el Banco de la República introdujo medidas de política que han buscado acercar la brecha de demanda que se presenta en la economía colombiana con respecto al PIB potencial, reduciendo el crecimiento del crédito de consumo, a través del encaje marginal y medidas complementarias.

Los resultados de los últimos meses parecen indicar que estas medidas están produciendo el efecto esperado en esta dirección.

La alarma presentada por la Comisión del Gasto Público al Gobierno Central sobre la necesidad urgente de aumentar el ahorro público, ha sido recibida muy tímidamente hasta el momento.

La evolución de la turbulencia financiera internacional hasta el presente no hace prever que necesariamente se traduzca en una crisis de las dimensiones de la ocurrida a finales de la década pasada (contagio desde Asia hasta Brasil pasando por Rusia). La perspectiva de una fuerte recesión en E.U. no es aún clara, ni tampoco un aterrizaje forzoso del crecimiento de la economía china.

No obstante, los episodios de crisis de las últimas dos décadas muestra con evidencia contundente una relación estrecha entre el ciclo económico y el ciclo financiero. Lo anterior indica que el país debería prepararse para momentos en los que la obtención de recursos internacionales sea cada vez más difícil, particularmente cuando empezamos a registrar un déficit creciente en nuestra cuenta corriente que debe ser financiado.

Luis Alberto Zuleta Jaramillo Consultor empresarial .

La disciplina del mercado no opera cuando el riesgo de contagio emerge”.

mayores avances en las técnicas de evaluación de riesgo, un fondo de inversión de capital liderado por premios Nobel de Economía (Long Term Capital Fond) se quebró y fue rescatado por las autoridades.

La liquidez generada en la presente década por el boom de precios de productos básicos liderados por el petróleo, acompañado de la reducción de tasas de intervención de los bancos centrales, hizo posible, nuevamente, que los bancos colocaran cartera en segmentos de alto riesgo, tal como ocurrió con el mercado hipotecario de E.U. denominado ‘subprime’, lo que impulsó masivamente la construcción y se tradujo con el tiempo en financiaciones a deudores que no pudieron pagar. Nuevamente, como en los 80, los bancos comerciales vendieron esta cartera a los fondos de cobertura, cuyo propósito teórico consiste en permitir a los inversionistas del mercado de capitales diversificar su riesgo.

El resultado conocido hasta ahora es el de que dos fondos de la firma Bear Sterns y uno de Goldman Sachs, entre otros, resultaron enormemente golpeados. Adicionalmente, la amenaza de contagio tuvo que ser enfrentada por los Bancos Centrales del Japón, el Banco Central Europeo y la Reserva Federal de los E.U., inyectando liquidez a los mercados.

Como la línea sutil que separa los segmentos de inversión de mayor riesgo y el de portafolios moderados y conservadores se basa en la confianza sobre el sistema financiero en su conjunto, todo esto está indicando que la teoría de que el inversionista de alto riesgo no debería ser rescatado por las autoridades, se pone en cuestión. En efecto, la disciplina del mercado no opera cuando el riesgo de contagio emerge.

El recuento de estos hechos es relevante para el caso colombiano en el siguiente contexto.

Con respecto al sector hipotecario colombiano, es importante recordar que la crisis de la década pasada tuvo un impacto tan profundo entre inversionistas y compradores de vivienda, que el crédito hipotecario empezó a crecer a tasas reales positivas tan solo recientemente: se empezó a acelerar a partir del primer trimestre del año 2006. Pese al actual auge de la construcción y al inusitado crecimiento de los precios, no puede afirmarse que estemos en una situación similar o cercana a la de los E.U.

Oportunamente, el Banco de la República introdujo medidas de política que han buscado acercar la brecha de demanda que se presenta en la economía colombiana con respecto al PIB potencial, reduciendo el crecimiento del crédito de consumo, a través del encaje marginal y medidas complementarias.

Los resultados de los últimos meses parecen indicar que estas medidas están produciendo el efecto esperado en esta dirección.

La alarma presentada por la Comisión del Gasto Público al Gobierno Central sobre la necesidad urgente de aumentar el ahorro público, ha sido recibida muy tímidamente hasta el momento.

La evolución de la turbulencia financiera internacional hasta el presente no hace prever que necesariamente se traduzca en una crisis de las dimensiones de la ocurrida a finales de la década pasada (contagio desde Asia hasta Brasil pasando por Rusia). La perspectiva de una fuerte recesión en E.U. no es aún clara, ni tampoco un aterrizaje forzoso del crecimiento de la economía china.

No obstante, los episodios de crisis de las últimas dos décadas muestra con evidencia contundente una relación estrecha entre el ciclo económico y el ciclo financiero. Lo anterior indica que el país debería prepararse para momentos en los que la obtención de recursos internacionales sea cada vez más difícil, particularmente cuando empezamos a registrar un déficit creciente en nuestra cuenta corriente que debe ser financiado.

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