El Hugo Chávez que no conocíamos

El Hugo Chávez que no conocíamos

Posiblemente, para los colombianos habrá un Hugo Chávez antes y otro después de la asombrosa y colorida rueda de prensa que protagonizó con su colega Álvaro Uribe, el viernes por la noche, en la hacienda presidencial de Hato Grande, cerca de Bogotá, en el marco de una visita a Colombia que fue, por donde se la mire, extraordinaria.

03 de septiembre 2007 , 12:00 a.m.

Todo lo fue ese día, empezando por las circunstancias y las anécdotas. Un viaje planeado para durar seis horas y acabar a media tarde, terminó a las 3 de la mañana. Los presidentes hablaron durante horas –en un escenario de significado histórico para el bolivariano visitante– y de tantas cosas, que el almuerzo se sirvió casi a las 5. Chávez se derramó en declaraciones –“amo a Colombia, amo a Colombia”, repetía–; se declaró “ayudante o aprendiz de ayudante” de la paz, dispuesto a ir “al quinto infierno, pasando por selvas y charcos infestados de pirañas y cocodrilos” para buscar el intercambio humanitario; pidió la receta de las empanadas y se dijo encantado por “ese, ¿cómo se llama?, el plato bogotano del almuerzo”.

Extraordinaria fue también la sustancia de un encuentro que puso la paz de Colombia a pasar por Caracas. Chávez, con acuerdo de Uribe, recibirá en Miraflores a un enviado de las Farc (las cuales le enviaron un mensaje privado) con el fin de buscar una fórmula para el intercambio humanitario, y hará una reunión con el Eln y el Alto Comisionado para facilitar este otro proceso. Por si eso fuera poco, dijo que Venezuela podría retornar a la Comunidad Andina, en una próxima reunión extraordinaria que convocará Colombia, y anunció la inauguración del oleoducto transguajiro, el 12 de octubre, y acuerdos agropecuarios. Y se pasó la mitad de la noche reunido en la residencia de su embajador con familiares de los secuestrados y de los guerrilleros presos, periodistas y otros, antes de volver a Catam, casi 12 horas después de lo previsto.

* * * * No cabe duda de que la personalidad carismática y espontánea del presidente Chávez impactó a los colombianos. Y la forma entusiasta y pública como se ha comprometido a colaborar en la búsqueda de la paz cambió la percepción negativa que muchos tenían de él. Pueda ser que tras este histórico encuentro se logre avanzar de verdad hacia el intercambio humanitario y, eventualmente, sentar las bases de una solución negociada del conflicto armado, y que alguna torpe provocación de las Farc no vaya a socavar el constructivo clima que se ha creado. Con el innegable protagonismo político que esta cumbre les ha dado a las Farc, es de esperar que estén a la altura de la importancia del momento y entiendan que no pueden seguir indefinidamente en su rentable empresa criminal de secuestrar y traficar. Un primer paso, además del mensaje enviado a Chávez, puede ser la entrega de los cuerpos de los 11 diputados del Valle y el comunicado del comando conjunto de occidente de las Farc, inusualmente concreto.

* * * * En la larga rueda de prensa televisada de los dos presidentes, no dejaba de ser emocionante verlos, tan disímiles en lo ideológico, tan similares en la personalidad y la franqueza, vibrar al unísono en torno de temas como la historia común, la solidaridad colombo-venezolana, los proyectos de desarrollo binacional. O identificarse en sus peculiares estilos de gobierno, en un contrapunteo como este: “El Aló, Presidente más largo fue aquel en que estuvo Piedad Córdoba, que duró ocho horas”, dijo Chávez. “Pero no les gana a los consejos comunitarios, que duran hasta diez”, ripostó Uribe. “Vamos a ver si el domingo lo empato”, respondió Chávez.

Para no hablar de la posibilidad de que con la mediación de Hugo Chávez se logre un acuerdo humanitario que permita la liberación de los secuestrados en poder de las Farc.

Qué importante sería para los dos países que el espíritu fraterno que primó a lo largo de esa cumbre de ocho horas se mantuviera por encima de las prevenciones políticas o fricciones personales que marcaron en el pasado la relación entre dos mandatarios cuyo anclaje popular es tan fuerte como sus personalidades. No significa que Álvaro Uribe vaya a avalar las políticas internas de Hugo Chávez, ni que este se identifique con las de Uribe. Pero si, más allá de las naturales distancias, ambos gobiernos unieran sus recursos humanos y potencialidades económicas, se daría un gran salto adelante en materia de desarrollo y estrategias comunes para enfrentar los desafíos del mundo globalizado de hoy.

* * * * Por el gran significado económico y político que encierra, el fortalecimiento de una alianza Uribe-Chávez suscita tantas expectativas como interrogantes. Es obvio que, con esta cumbre, la situación ha dado un viraje singular. Las perspectivas son alentadoras, pero no faltarán los obstáculos.

No hay que olvidar los ‘inamovibles’ de Uribe en materia de intercambio, que él mismo reiteró. Y que, detrás de la cálida y desabrochada simpatía tropical del caudillo venezolano, yace una personalidad autoritaria y algo mesiánica, con proyectos de perpetuación en el poder y visiones de grandeza continental. Mucho después de que Álvaro Uribe (quien ya dijo que no aspira a un tercer período) haya salido del poder, Hugo Chávez seguirá ahí.

Una extraordinaria cumbre de los dos presidentes –que lucieron como dos alegres compadres– puso la paz de Colombia a pasar por Caracas.

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