William Vélez, un ‘cacao’ en la sombra

William Vélez, un ‘cacao’ en la sombra

Desencajado. Así se veía hace un mes al apoderado de un importante consorcio vial, cuando el Gobierno anunció que el ganador del contrato de construcción de la malla vial de Cúcuta –tasada en 180 mil millones de pesos– era el grupo San Simón.

02 de septiembre 2007 , 12:00 a.m.

Mientras el abogado amenazaba incluso con demandar, William Vélez Sierra, un paisa, de 65 años, dueño de un 20 por ciento del consorcio ganador, se anotaba esa noche otro punto en su récord de participación en megacontratos públicos y privados.

Una escena casi calcada se había registrado 8 días atrás cuando él y sus socios se quedaron con el contrato de construcción del corredor vial Bogotá-Girardot-Cajamarca, tasado en 350 mil millones.

Y el triunfo fue mayor cuando, a finales del 2006, uno de los consorcios de los que hace parte se quedó con el apetecido contrato de ampliación y remodelación del aeropuerto Eldorado de Bogotá, por el que ofertaron pesos pesados de la ingeniería y en el que están en juego más de 650 millones de dólares.

Su figuración en este tipo de proyectos, según él mismo admite, ha empezado a causar molestia entre algunos constructores de vías o “carreteros”, como él los llama.

Ellos, al igual que más de medio país, nunca habían oído hablar de este empresario, de San Pedro (Antioquia) a quien sus amigos ubican –tras un cálculo arbitrario de su fortuna– entre el banquero Luis Carlos Sarmiento y el industrial Carlos Ardila (ver ‘Las empresas del grupo Ethus’).

“Sí. Estoy en medio de ellos (…) pero por orden de estatura”, dice Vélez Sierra en tono jocoso y tras advertir que no entiende por qué el interés en su vida: “Soy tan solo un paisa emprendedor. Sueno mucho porque tengo muchos frentes de trabajo pero es más la variedad que la facturación. Ojalá fuera un cacao”.

En pleno círculo de poder A pesar de estar en ese selecto grupo, su caso es atípico. Estudió un par de años en escuela pública, se mueve en taxi por Bogotá, toma aguardiente y, aunque trabaja oyendo música clásica, le encantan las rancheras de Vicente Fernández y los viejos vallenatos de los hermanos Zuleta.

Su seguridad la coordina él, con un par de empleados de confianza, lo que le ha traído beneficios, pero también molestias. Por ejemplo, para entrar a su casa usa un santo y seña que un día, tras un largo viaje, olvidó. El resultado: no lo dejaron entrar.

Dice que la habilidad para los negocios la heredó de su padre, Hernando, y la afinó en la Universidad Bolivariana de Medellín, donde se graduó de ingeniero eléctrico y en donde tuvo como profesor al ex senador Juan Gómez.

De esa época conoce a Álvaro Uribe, a José Obdulio Gaviria, al ya fallecido Pedro Juan Moreno –con quien hablaba casi a diario– y a Ramiro Valencia Cossio, uno de sus mejores amigos. El otro es el penalista Jaime Lombana.

La relación con Uribe, que ya completa casi 20 años, ha trascendido lo personal: Vélez Sierra ha hecho varios aportes a sus diferentes campañas. En la más reciente, unos 25 millones de pesos.

A esa cercanía con Uribe también se le atribuyen el hecho de que Miguel Peñalosa, uno de los hombres de confianza del empresario durante 18 años, terminara trabajando en Palacio: “Por el contrario, debería estar bravo por que me lo quitaron”.

Peñalosa se encarga ahora de los consejos comunales y de las relaciones con gobernaciones y municipios.

La pasión por las fincas, los caballos y la ganadería, también ha acercado al empresario con el Presidente. Aunque no colinda con el Ubérrimo (hacienda de los Uribe), tiene una propiedad en Córdoba de la que se tuvo que alejar un tiempo cuando los ilegales cobraban 10 mil pesos por cada res que se movilizaba.

“Hablamos de vacas y de caballos. Usted sabe, el Presidente monta bien y yo me tengo”, dice, tras advertir que se siente más finquero que ‘cacao’, así compre corbatas Armani y relojes Cartier.

Y aunque puede certificar que es contratista privado y público desde hace años, su cercanía a Palacio y la seguidilla de adjudicaciones que él y sus socios han venido obteniendo en el sector vial, lo han puesto bajo la lupa de algunos de sus competidores que andan preguntando por sus negocios.

Bajo la lupa Él cree que es obvio, pues su incursión en el sector es reciente, pero recuerda que, desde hace 30 años se ha ganado –por licitación– decenas de obras; que genera 7.500 empleos y que nunca ha sido multado por incumplimiento.

Y cuenta que incluso fue él quien le pidió a uno de sus yernos que se retirara del Instituto de Concesiones (INCO).

El único trago amargo que ha pasado fue hace 11 años cuando salió a relucir en el Plan de Inversiones Prioritarias de la Costa Atlántica (Planiep) del que varios gestores terminaron en líos por sobrecostos. Él, sin embargo, salió bien librado.

Y mientras sus competidores siguen indagando, Vélez Sierra espera quedarse con la operación del nuevo relleno sanitario en Cali y anda echando números para licitar una obra grande en Panamá.

u.investigativa@eltiempo.com.co.

LAS EMPRESAS DEL GRUPO ETHUS.

En los 70, William Vélez vendía repuestos eléctricos de pueblo en pueblo, en un camión azul, modelo 55. Hoy –a través de su conglomerado Ethus– licita obras en 6 países; maneja (en sociedad con los municipios) las basuras de 16 ciudades; opera rellenos sanitarios, incluido el de Quito (Ecuador) y los alumbrados de 9 ciudades intermedias. Su firma Edetec S.A.. tiene proyectos de obra en México y genera 1.500 empleos. Allí se hizo famoso por ‘importar’ arrieros para que guiaran las mulas que sacaban material de zonas rocosas.

Instaló un 70% de la red eléctrica del país y hace el mantenimiento del gasoducto central y del oleoducto Caño Limón–Coveñas. También es dueño del 14% de Odinsa, una de las firmas de ingeniería más grandes; y tiene un 14 % en la remodelación de Eldorado. Contando acciones familiares, es el principal accionista de Electricas de Medellín, Termotécnica Coindustrial, H.B. Estructuras Metálicas, Cosméticos Orly, ropa interior Ameliza y Lácteos El Cesar y El Encanto.

Sueno mucho porque tengo varios frentes de trabajo pero es más la variedad que la facturación. Ojalá fuera un cacao”.

Dice el empresario William Vélez.

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