A PROPÓSITO DE ‘CHUPETA’ El ‘cartel de cirujanos’

A PROPÓSITO DE ‘CHUPETA’ El ‘cartel de cirujanos’

La noticia de que el capo colombiano Juan Carlos Ramírez Abadía, alias ‘Chupeta’, hubiera sufrido en el Brasil una metamorfosis facial mediante intervenciones quirúrgicas, desencadenó un explicable revuelo entre los informadores periodísticos. Alguno puso en circulación el término “cartel de cirujanos”, refiriéndose peyorativamente a los médicos que venden sus servicios para complacer a quienes buscan engañar a las autoridades. Por prestarse a suspicacias, es de suponer que tan afrentosa referencia tenga muy molesto al gremio dedicado a la cirugía plástica, estética y reconstructiva, el cual, entre nosotros, está compuesto en su inmensa mayoría por profesionales de intachable conducta.

01 de septiembre 2007 , 12:00 a.m.

Hay ramas de la medicina cuyo ejercicio apareja una formación técnica y ética exigente, mucho más que otras. Una de ellas es la mencionada atrás.

Las posibilidades técnicas de la cirugía plástica son incontables, pero su cultor no puede hacer impunemente lo que su cliente le solicite que haga. El “yo quiero que...” no constituye un mandato para él, pese a que se invoque el principio de autonomía, de tanta preponderancia en la bioética médica actual. Debe tenerse en cuenta la existencia de otra norma de carácter moral, que ampara al médico de las pretensiones autonomistas: “No todo lo que se puede hacer se debe hacer”, considerada un imperativo categórico de validez permanente y universal, imposible de preterir en el actuar médico y, en general, en el desempeño de cualquier disciplina científica.

En el ejercicio de la cirugía plástica se dan con frecuencia circunstancias tentadoras, que ponen a prueba la idoneidad técnica y el temple moral del profesional. Casi todas las solicitudes de servicios tienen que ver con el diablillo de la vanidad, tan de moda en la sociedad actual, donde el culto a la apariencia física supera con creces al de las virtudes morales. La demanda de servicios estéticos se ha disparado y se ha constituido en un rico filón económico para quienes los prestan, más aún por no estar incluidos en los planes obligatorios de salud. Como la estética está emparentada con la belleza, propiciar lo que la naturaleza ha negado puede considerarse como una labor beneficentista, moral y legalmente lícita.

De vez en cuando, el propósito buscado al solicitar el concurso del cirujano plástico es obtener cambios somáticos que impidan la identificación del interesado. En otras palabras, es pedir ayuda para cometer un fraude o engaño. Modificar la fisonomía o los pulpejos es un procedimiento punible.

El cirujano plástico lo puede hacer, pero si su formación ética es correcta, no lo debe hacer. Quien se arriesga a contrariar este precepto, de seguro lo hace movido por el afán de lucro, olvidando que se expone a tener que rendir cuentas a la justicia, a su conciencia y a su mismo cliente. Bueno recordar lo que le ocurrió al colombiano que en México intervino –con malos resultados técnicos– al capo llamado ‘El señor de los cielos’: terminó sus días sepultado vivo en una caneca de cemento fresco.

* Presidente del Instituto de Estudios Bioéticos

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