CELEBRACIÓN DEL NUEVO MUNDO

CELEBRACIÓN DEL NUEVO MUNDO

El Congreso Internacional de Historia que acaba de reunirse en Lisboa con la asistencia de académicos de España, Portugal y toda la América Latina, acordó por aclamación señalar el año 2001 como el del Nuevo Mundo. Se da así el primer paso para completar lo que fueron los 500 años festejados en 1992 para recordar el viaje de Colón. Se cumple así la recordación completa de los dos hechos que cambiaron la historia de la humanidad. Colón abrió un océano que, desde que se está haciendo la historia del hombre de Occidente, tenía cerrada la navegación por una fábula que hizo de sus aguas el tenebroso mar que ningún marino se atrevía a cruzar.

12 de diciembre 1994 , 12:00 a. m.

La audacia sin precedentes del genovés se aventuró a hacer el viaje que, en 1492, vino a unir los dos hemisferios. Es difícil para la imaginación darse cuenta del cambio tan profundo que semejante atrevimiento estaba destinado a producir. Pero no sería aventurado decir que la primera consecuencia y la más decisiva estuvo en el viaje portugués que a los diez años hicieron las naves en que Amerigo Vespucci pudo precisar, y lo hizo saber al mundo, que lo que estaban descubriendo los españoles no era, como lo pensaba Colón, archipiélago del Asia, ni las costas de la China que él creía estar pisando, sino un nuevo continente que no entraba en la cuenta de los exploradores del momento.

Estaba desde hacía siglos en la conciencia de los infelices de Europa clavada la idea de un mundo mejor que en el que vivían entonces. Ya desde tiempos de Platón se hablaba de otro mundo en donde habría la justicia que no encontraban los pobres o los que tenían un espíritu independiente en Europa. La Atlántida donde él situaba una república ideal, comunitaria, en donde el oro no tenía valor distinto de servir de adorno a los hombres y las mujeres, y las leyes no oprimían a nadie, y los reyes no eran tiranos, estaría situada en la otra orilla del Atlántico, propiamente donde es hoy el Brasil para seguir las indicaciones de Platón. En esta forma, el Nuevo Mundo es una idea que va penetrando en la mente de quienes no se resignan a las injusticias del viejo continente, y que Amerigo Vespucci recoge en su carta del descubrimiento del Nuevo Continente con la naturalidad de quien sencillamente dice lo encontré .

Podría suponerse que, al proclamarlo así, no hiciera sino escribir bajo la influencia de las lecciones que había recibido de su tío Giorgio Antonio Vespucci, aplicándolas a la vida elemental de aborígenes que encontró al desembarcar en Brasil. Sólo que lo que él dice en su carta coincide con las descripciones que luego hace, por una parte, el Inca Garcilaso de la Vega de la vida comunitaria del imperio incaico y que luego aparece en los guaraníes de las misiones del Paraguay. En todo caso, la carta de Vespucci es un documento que corresponde a una realidad sobre la cual pudo elaborarse la teoría democrática del Nuevo Mundo.

Pero lo que es la esencia misma de la creación del Nuevo Mundo es su desarrollo en el Siglo XV con la llegada de los inmigrantes europeos que vienen a juntarse con los indígenas para crear una anti-Europa. De lo que se trata es de la más extraordinaria empresa acometida por el hombre a todo lo largo de los siglos. En oposición al fanatismo y a la división de clases de la monarquía europea en el Nuevo Mundo, se va a inventar la democracia. Como creación del hombre, no hay cosa más ambiciosa, y lo que vemos hoy de un continente de repúblicas con sus constituciones escritas y sus gobiernos representativos es algo que con mucha razón ha llamado el actual Pontífice El Continente de la Esperanza . Lo que es fundamental en la celebración de los 500 años del viaje de Colón, y de la independencia de los europeos que emigraron a hacer aquí una Nueva Europa distinta, y en cierto modo opuesta, a la que habían conocido, lo esencial, pues, es destacar esa liberación, precisar que el destino de América ha sido el de realizar la esperanza de los hombres que buscaban su independencia y su liberación. Toda la carga ideal de los 500 años está en esta parte final de la liberación del hombre como destino de la tierra americana.

Lo aprobado en Lisboa, que es la conclusión de la ponencia que presenté, llevada al Congreso generosamente por la delegada colombiana, Pilar Moreno de Angel, implicaría un trabajo solidario de las academias y entidades que se interesen en la celebración y la voluntad de hacer una afirmación americana en esta oportunidad única. No se trata de un movimiento desobligante para España, sino de mostrar lo que hicieron los españoles que buscaban en América una vida mejor y más libre. Es lo esencial en la independencia de cuantos se vinieron como peregrinos de todas las naciones del viejo mundo para hacer, en el nuevo, Nuevas Españas, Nuevas Francias, Nuevas Inglaterras.

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