SUPERAMOS LA CULTURA DE LA OBEDIENCIA

SUPERAMOS LA CULTURA DE LA OBEDIENCIA

Mediante un aviso limitado, publicado en La Nación, diario de José María Samper, un joven de 27 años, Nicolás Pinzón invitaba a estudiantes mayores de 16 años a inscribirse en un Externado Moderno, regido a semejanza de los mejores establecimientos europeos. En ese momento, febrero de 1886, era toda una aventura. Porque se ofrecía libertad de cátedra, de expresión, de creencias, respeto mutuo, tolerancia, mucho de lo cual estaba proscrito y castigado por el gobierno de Rafael Núñez. En un localito de las galerías, donde es hoy la alcaldía de Bogotá, comenzó tareas el Externado, única universidad privada, no confesional, que se fundó en Colombia el siglo pasado. Sin expresarlo abiertamente, aquello fue como un reto de los radicales luego su derrota en La Humareda. La hostilidad del gobierno se hizo sentir. Echando mano de la Ley 61 del 88, conocida como la ley de los caballos, que facultaba al gobierno a vigilar instituciones científicas y docentes y a suspender las que considerase f

21 de noviembre 1993 , 12:00 a.m.

En 1918, un movimiento de ex alumnos y profesores lo revivió. Con muebles prestados y el trabajo gratuito del nuevo rector Diego Mendoza y de los profesores, se inició una segunda etapa que nunca se volvió a interrumpir. Desde siempre esa ha sido la casa de la libertad, del libre examen, del respeto a la dignidad del ser humano, de la tolerancia. Grandes figuras de la administración pública, particularmente del Poder Judicial, han salido de las bancas del Externado. En el holocausto de noviembre del 1985 murieron nueve profesores y seis ex alumnos.

Fernando Hinestrosa es el cuarto rector del Externado. Asumió el cargo hace treinta años, a la muerte de su padre Ricardo Hinestrosa Daza, quien también ejerció treinta años como rector. Ha habido entonces una línea de pensamiento, de comportamiento y de objetivos que le han dado una gran fuerza y respetabilidad a la universidad en toda su historia. Estos treinta años de rectoría del doctor Hinestrosa se han celebrado con platillos y tambores; y el gobierno le otorgó la Cruz de Boyacá. El doctor Hinestrosa se ufana, con discreta modestia, de esa obra que se confunde con su propia vida, donde ha seguido la línea que trazaron los fundadores, agregando de su propia cosecha todo el dinamismo, la modernidad, la internacionalidad que caracterizan hoy al Externado. A Hinestrosa le correspondió saltar de una modesta propiedad en el barrio Santa Fe a la cumbre, en las faldas de Monserrate, donde en una extensión de cinco hectáreas hay 30 mil metros de construcción para alojar a más de siete mil alumnos provenientes de toda Colombia. Es un patrimonio hecho, paso a paso con un enorme esfuerzo, sin el vulgar afán de lucro hoy tan de moda. La única donación que ha recibido el Externado fue del maestro Baldonero Sanín Cano, que se invierte en becas para que los profesores se especialicen en el exterior , explica Hinestrosa.

Moderno en todo el sentido de la palabra, porque por afición y por compromiso se ha propuesto estar al día, no solo en lo suyo, Fernando Hinestrosa comprende y disfruta este nuevo mundo, con todas sus maravillas, sus desarrollos culturales y tecnológicos. Y, sobre todo, comprende esa juventud que se forma en los claustros donde podría ser amo y señor, pero es apenas uno más de una gran familia universitaria donde lo más importante es el respeto por los otros.

Como buen ejecutivo moderno, juega tenis tres veces por semana, trepa montaña los domingos, es un apasionado y un experto de la música culta y, cuando viaja, dice que se da sus grandes hartazgos de museos y conciertos. Reconoce que tiene menos tiempo para la literatura porque la lectura de mamotretos y ladrillos que tienen que ver con su profesión de jurista le copan mucho tiempo. En la biblioteca de su moderno apartamento, repasando el libro publicado en 1986 para conmemorar el centenario de la fundación de la Universidad, Hinestrosa me complementa esa historia. Impecable con su traje gris de corte inglés, acelerado al hablar, enfático y afirmativo a la vez, sonríe detrás de sus gafas de miope y se emociona recordando a su padre que fue también su maestro.

Estaba claro que usted sería sucesor de su padre en la rectoría de la universidad? Las cosas se fueron presentando. La muerte de mi padre me produjo un impacto muy grande, pero la universidad era mi casa, era mi mundo. En general, para cualquier joven el encuentro con la U. es muy importante, pero para mí, fue algo especial. Era como soltarse, abrirse al mundo. Tenía vocación de estudio y me inicié pronto en la docencia; y ejercí una especie de mediación entre los estudiantes y la rectoría, que me fue llevando a enterarme de las cosas y a asumir de hecho algunas funciones. Fui decano de Derecho y luego vicerrector, en 1959. Le prestaba así una especie de ayuda a papá, que por su edad y por su salud la requería.

Aunque uno sabe que el Externado tiene una reconocida trayectoria de rectitud, de independencia, de libertad, qué otras cosas lo distinguen? El Externado tiene rasgos muy característicos y muy claros. Es una universidad liberal, de liberalismo genuino, sin dogmatismos, sin ortodoxia. Es una universidad abierta y muy nacional. Aun contando la Nacional, es de las universidades bogotanas donde hay más gente de todas partes del país. Allí no hay gallina en corral ajeno. Tengo condiscípulos de todas partes y eso es muy importante. Es una U. de trato muy directo, muy inmediato. Con una permanente búsqueda de calidad a base de estímulo. Hay independencia, autonomía mental, espíritu crítico, probidad.

De lo que fue su vida como universitario a lo que ve hoy como rector, cuáles son las grandes diferencias? Hablando siempre de lo positivo, que es lo que me gusta, veo que hoy los jóvenes son jóvenes. Nosotros fuimos jóvenes envejecidos, porque vivimos la ola de violencia, el enfrentamiento partidista, la animosidad; uno no sabía en quién confiar. A mí eso me hizo envejecer. Hoy el joven es más espontáneo, más natural. Lee menos, puede que no tenga la preocupación que nosotros tuvimos por desentrañar la historia de la patria, por la vida del Estado. Hoy no hay eso, pero hay mayor naturalidad. La gente se preocupa menos por quién es quién, o de dónde viene. Le interesa más saber cómo es el otro, no su ambiente. El muchacho de hoy tiene menos prejuicios sociales, raciales, religiosos, políticos, económicos. Es más elemental, lo cual no quiere decir que sea menos romántico o menos idealista. En esto influye que hoy la competencia es mucho más fuerte. Ser profesional ahora era como ser antes bachiller. Entonces, la preocupación más grande es cómo surgir, cómo ganarse la vida, cómo insertarse. Sin duda, el despertar es más temprano.

Cómo ve el problema de la droga? Uno no se da mucha cuenta del calado. Y sin poder decir nuestra casa es inmune, no veo entre nosotros un problema agudo de drogadicción.

El común de la gente no acaba de entender la confusión que se nota dentro de los diferentes poderes de la Rama Judicial. Hoy no se sabe quién tiene razón o quién manda más. Qué está pasando? En el país están pasando muchas cosas. Tenemos una memoria circunstancial, coyuntural, pero no hay una memoria de conjunto, ni se entrelazan los acontecimientos. La gente se acuerda de que al ministro de Justicia Rodrigo Lara lo asesinaron; se acuerda del holocausto de la Corte, del asesinato del Procurador, de las bombas del DAS, del avión que estalló cuando iba para Cali. Recuerda que había sentencia de muerte, efectiva, contra cualquier juez que se atreviera a iniciar una investigación o dictar una orden de detención contra los capi . Ve las cosas aisladamente, no conectadas. Entonces dice: la justicia está corrompida, está intimidada. Y esas dos expresiones, que son como acusaciones, no tienen en cuenta el ambiente. Debemos recordar que el país ha sido atacado, a lo largo de cuántas generaciones, por la violencia política, la violencia como medio y organización para llegar al poder antes fue para mantenerse en el poder por el ambiente guerrillero en América Latina y el estímulo interior y exterior de esas actividades, a lo cual se suman el narcotráfico y el narcoterrorismo, actividades productivas hasta la exageración, en condiciones de sobornar, halagar, exhibir su poder económico y, al mismo tiempo, intimidar. Ha habido reformas impulsivas y transitorias de la organización judicial, y ha habido una desconceptuación sostenida e indiscriminada del juez, lo mismo del Congreso. Se ha creado la conseja de que la corrupción está en la justicia, y en el Congreso, y se ha llegado al punto de que al juez, como al parlamentario, se le mira mal porque sí, de entrada. Ha habido abandono por parte del Estado en cuanto a dotación, remuneración y demás del poder judicial, y eso hizo crisis en la toma del Palacio de Justicia. Entonces, recuperar el país de todo esto toma tiempo. Un gran logro de la reforma constitucional del 91 ha sido el renacer de la confianza en la justicia. Pero las cosas no se dan de un día para otro. La mentalidad colombiana es mágica porque es tropical; está acostumbrada a que se siembra y a los tres meses se cosecha. Hay una impaciencia porque, cómo así que hay nueva Constitución y no ha rendido todos los frutos. Entonces dice: si las reformas no producen resultados en tanto tiempo, pues cambiémoslas. No. Estamos en un proceso de recuperación, de restauración; por distintas razones la gente está volviendo a confiar en los jueces y en los mecanismos judiciales. Y también los juristas quieren volver a ser jueces. Ha renacido el deseo de servicio y la consideración de que la magistratura es la realización de un jurista. Ha habido episodios, como la guerra de las investiduras. Eso también se presentó en Italia con la Constitución del 47. Cuando se estrenan instituciones es natural que haya celos de figuración, celos de poder, celos de competencia. Eso, a mi modo de ver, son crisis de adolescencia.

Entonces, es natural lo que está ocurriendo? Sí. Estamos entrando en una democracia participativa, donde la gente ejercita sus derechos, abusa. Todo es parte del desempeño de la democracia. Hay el gusto de opinar, discutir, discrepar, si es el caso. Estamos entrando en una cultura de la racionalidad y dejando atrás la cultura de la obediencia.

Cómo ve la política de sometimiento, de rebaja de penas, y todas esas medidas que se inventó este gobierno para capturar narcos y demás? En todo el mundo se está practicando. Pongo mucho el ejemplo de Italia porque es el país, en el mundo, con mayores experiencias en todo sentido: en la política, en el vicio, en el crimen, en la grandeza. Y, en el derecho su experiencia es enorme. Mucho de esto se ha tomado de la experiencia italiana, donde después de muchas discusiones se llegó a una especie de síntesis entre los sistemas norteamericanos, acusatorio y de negociación, con la tradición latina de derecho continental. Pero los resultados no se pueden ver antes de comenzar a ensayarlos.

Usted ha ocupado altos cargos públicos: magistrado, ministro de Justicia y de Educación. Qué experiencias le dejaron esos oficios? El gusto y el orgullo de haber sido funcionario público. Siempre he tenido gran respeto y devoción por el servicio público. Y me quedó la enseñanza de haber pertenecido al gobierno del presidente Carlos Lleras. Fue un ejemplo como ritmo de trabajo, como patriotismo, como entrega, avidez de acertar, diligencia, responsabilidad, pulcritud. Y me quedó el conocimiento del Congreso y mi admiración y mi respeto por el mismo. Mi comprensión de la actividad legislativa y parlamentaria, de sus debilidades y desviaciones, lo cual no implica contemporización.

Entonces cree que el Congreso no merece las críticas que recibe? Si uno lee prensa italiana, americana, alemana, inglesa, española, para no hablar de América Latina, en todas partes hay una coincidencia: el descrédito de la actividad política, en especial del Congreso o del Parlamento. Es una coincidencia que no creo que sea casual. Pero al mismo tiempo me hago esta reflexión: la corrupción no es exclusiva de ellos, ni son ellos los más corruptos. La corrupción está en los auxilios, en los viajes, en los gajes, en las intrigas, en las comunicaciones. Todo es visible y mesurable. Pero el Congreso no practica licitaciones, no celebra contratos. Y una de las mayores fuentes de corrupción son los contratos. Y estos son de la administración central.

Pero el Congreso no tendría que denunciar y combatir esa corrupción? Eventualmente podría haber contemporización.

Y no hay acaso participación de los congresistas en los contratos, como por ejemplo el muy sonado de las barcazas? A mí me intranquiliza ese maniqueísmo, de que todo lo malo está en el Congreso, lo cual implica el riesgo enorme del fascismo. Que cierren el Congreso y se acabó. Y a cuánta gente que considera uno pensante se le oye decir: Todo se arreglaría si cerraran el Congreso . No estoy de acuerdo con ese maniqueísmo de que lo único corrupto está allá. Lamentando los abusos, la ceguera de cierta clase política, su impenitencia, su cinismo, veo que en la Constitución y en el ambiente nacional hay síntomas de progreso. Hay una preocupación ética, a veces con exceso, como es este abominable moralismo de los savonarolas. Pero hay el freno, el control de la opinión y muchas veces el voto-castigo. A medida que el país avanza, el voto es más consciente y más independiente. El voto cautivo va pesando menos. Es un punto de desarrollo y de madurez que toma tiempo.

Esa madurez, que dice vamos adquiriendo, se notará en las elecciones? Sin duda, especialmente en los centro más adelantados y donde la gente es más díscola. Ojalá se manifieste en voto y no en abstención.

Les ve despejado el camino a algunos de los precandidatos? Amanecerá y veremos, como dijo el ciego.

El panorama liberal, cómo lo ve? Soy liberal y lo soy ideológica y emocionalmente, con similar intensidad. Y cuando digo liberal eso quiere decir descentralización, participación, independencia del Estado, es decir laicismo, y preocupación y solidaridad social. Así nos vamos identificando.

Esa solidaridad social no está muy golpeada por la apertura? Hay tendencias universales que son movimientos pendulares. Para un país en desarrollo es similarmente adverso el Estado benefactor como el darwinismo. Personalmente, si hay que escoger prefiero el Estado benefactor, porque es solidaridad, protección, atención a los débiles. Creo que la competencia, la iniciativa, la rivalidad, pueden llevar a mayor calidad, con participación e intervención del Estado, porque el Estado no puede desentenderse de la prestación de todos los servicios, ni decir sálvese quien pueda . La sensibilidad social no la puede abandonar el liberalismo. Sin esa bandera, sin esa convicción y esa actitud, dejaría de ser liberal. Abrí los ojos a los tres vivas del partido liberal y a la Revolución en Marcha. Cuando evoco lo que grabé en mi memoria de niño, me conmuevo.

Lo que siente por el país, lo que sentía su padre y sentía mi padre, cree que lo sienten sus alumnos? Este es otro mundo. Los muchachos de hoy nacieron y se han desarrollado en un ambiente de libertad y de tolerancia políticas, de respeto. El secuestro, la guerrilla, la intimidación, la narcoguerrilla, el terrorismo, son otra cosa. Pero aquello del riesgo de la libertad individual, en esa otra forma, no les ha tocado. Y ellos dan por sentado que las libertades políticas se conquistaron para siempre. Recordando a Lenc, por lo que fue, por los escritos que pudo publicar, y los clandestinos, por su riesgo de vida, con la negativa a enterrarlo como socialmente se estila, qué les dice hoy a los menores de cincuenta años? Son cosas que pasaron no hace mucho tiempo, pero son riesgos que hoy no se entienden. Es como si alguien lee hoy La Celestina: se ríe de toda esa tragedia por una virginidad.

Y la educación en Colombia, cómo la ve? Soy realista y miro con optimismo y confianza los progresos que ha hecho el país. Comparo mis tiempos con lo de hoy y veo la gran aproximación de la gente a la educación; con tanta variedad de opciones y de posibilidades. Que falta mucho? Sí, desde luego. Que debe mejorarse la calidad? Clarísimo. Pero miremos hoy el nivel de educación de nuestra gente; cuánta gente nueva, cuántos trabajadores, obreros, gente de bajos recursos están ingresando a la educación superior. En la educación también hay apertura y búsqueda de mayor cubrimiento y de calidad. Está en el ánimo del país. Es el ánimo que imprimió la nueva Constitución y la nueva ley de educación. Y hay más exigencia del estudiante.

Y se está orientando al muchacho, para que no se apunte a una carrera que mañana no le servirá para obtener un empleo? Uno quisiera cada oveja con su pareja, pero es muy difícil en un mundo tan variado y tan móvil. En los países que se llamaron socialistas, se planeaban las carreras de acuerdo con las solicitudes de las empresas. Universidades e institutos se encargaban de producir los profesional necesarios. Había la sensación de que no podía haber carencias, ni desempleo. La realidad, al cabo de una generación universitaria, no fue la programada. Cada persona debe estudiar lo que quiera, no lo que le digan que debe estudiar; seguir su vocación. Pero debe haber una orientación profesional, más información. Que le digan cuáles son las distintas profesiones, cómo se trabaja, qué habilidades exige, pero también qué posibilidades hay de desarrollo, de realización personal y económica. Los deben orientar desde el colegio, y debe ser preocupación de las familias. En esto de la educación hay crónicas tremendistas, pero a mí me gusta ver la otra cara de la medalla, ver lo que significa para el país haber pasado en cuarenta años de cuatro mil universitarios a más de 400.000. Y hay que ver cómo han mejorado las universidades en sus instalaciones, en sus dotaciones y servicios.

Siempre le busca a todo la parte buena? Sí, quiero que se vea lo bueno y que se note la capacidad de superación de Colombia. Porque dentro de todas las dificultades que se le han presentado, sigue adelante. Y está capacitando su gente. Es cierto que otros países han hecho más, pero eso nos debe servir de aliciente. Puede uno mirar hoy lo que es el impulso de la educación por parte de la comunidad, y mucho del Estado, en los países asiáticos. Admiro mucho el esfuerzo de las familias colombianas por educar a sus hijos. Los sacrificios en todo sentido, no solo económico. Desde los niños que estudian en las escuelas rurales. Muchos padres se quitan el pan de la boca para mandar a sus hijos a estudiar. El concurso del Estado es igualmente vigoroso, pero hay la necesidad de concientizar al Congreso, al gobierno, de la importancia de la educación y de lo que significa hoy en la competencia internacional la investigación, el desarrollo, la capacitación. He podido representar a Colombia en la Unión de Universidades de América Latina fui su presidente durante siete años, y desde hace ocho años en la Asociación Internacional de Universidades como miembro del Consejo de Administración. Son 800 universidades de todo el mundo. En tiempos de la guerra fría era el único foro donde había convivencia de los sistemas políticos del universo y estudiábamos el panorama universitario. Son ventanas que permiten ver el panorama mundial, y comparar. No sé cuántos serán los círculos del cielo o del infierno, pero lo cierto es que no estamos ni en el punto más alto del paraíso pero tampoco en el círculo más profundo de los infiernos.

Acelerado, aunque más bien se siente espontáneo y directo, el doctor Hinestrosa considera que para poder exigirles a los demás debe uno empezar por exigirse a sí mismo. El se exige, como cabeza de una universidad que fundaron los patricios radicales en medio de la pobreza, como un refugio a la libertad de pensamiento que entonces estaba amenazada; que abrió sus puertas a los estudiantes perseguidos por sus creencias y a los profesores que el gobierno expulsó de la Universidad Nacional; que a lo largo de más de cien años de vida ha graduado miles de profesionales, entre ellos la primera abogada colombiana, Rosita Rojas, y la primera mujer magistrada, Fabiola Aguirre.

Gracias, dice, al terminar la entrevista, por este recorrido, por esta evocación de los nuestros. Mi actitud no es nostálgica. Es mirar hacia allá y decir: Podemos jalar, podemos volver, podemos recuperar. Y podemos seguir adelante... -Hinestrosa con su padre Ricardo, también rector del Externado. -El rector en su despacho: espíritu liberal

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