AREA HEMISFÉRICA DE LIBRE COMERCIO

AREA HEMISFÉRICA DE LIBRE COMERCIO

La Cumbre de las Américas parece haber cumplido el objetivo de crear una nueva esperanza de prosperidad y desarrollo, con medios específicos y cronología para realizarla dentro de un marco de principios democráticos, libertad, seguridad y derechos humanos.

13 de diciembre 1994 , 12:00 a. m.

El propósito de ir formando una zona de libre comercio hemisférico (cimentada en la reciprocidad asimétrica que contempla las diferencias de progreso de cada país), prevé una evolución gradual y realista, destinada a culminar el año 2OO5. Más que sueño lejano, plan concreto de acción. Pues no pretende la quimera de alcanzarlo todo en el acto, sino el establecimiento de un proceso a través del cual se vayan articulando los acuerdos subregionales y aproximándose las naciones hasta desembocar en la integración continental.

La experiencia de la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio enseña que poco se logra cuando se quiere avanzar mucho de una vez. La dificultad en equiparar situaciones muy diversas llevó a la conclusión de que era preferible buscarla por zonas geográficamente afines. Así, con pactos restringidos y convergentes, como el Andino, el de Mercosur y el Centroamericano, se consiguió desbloquear el comercio intra-regional y constituir circuitos mercantiles de novedoso dinamismo, precisamente cuando la recesión debilitaba al mundo industrial. Aprendimos que los pueblos en desarrollo están en condiciones de complementarse y de ensanchar el horizonte limitado de sus estructuras de producción y consumo.

La meta era la integración latinoamericana. Ahora viene a serlo la del Hemisferio con sus 8OO millones de habitantes. La Casa América, frente a la Casa Europa, abiertos los ojos a los gigantes asiáticos. Ante la posibilidad de ver su economía detrás de la de China en un porvenir no distante o traspasado su predominio a la Unión Europea, Estados Unidos da trazas de pensar en función del Nuevo Mundo, a medida que disminuyen sus compromisos de defensa de las potencias occidentales.

El temor de que el triunfo republicano en las elecciones intermedias impidiera al presidente Clinton comprometerse en una gran política de solidaridad continental comenzó a disiparse con el éxito de la aprobación legislativa del tratado del Gatt. Franqueada la puerta a un comercio más libre e instituidos los procedimientos para dirimir litigios entre naciones o bloques comerciales, quedaba despejado el campo para avanzar más en zonas recíprocamente complementarias.

En las del propio Hemisferio, con la ventaja de que no existen en él discrepancias sobre los valores y principios fundamentales, como sí sucede en los casos de China e Indonesia. El hecho de que un gobierno republicano se hubiera movido en el mismo sentido garantizaba de antemano similitud si no uniformidad de criterios en los poderes públicos del promotor de la iniciativa.

Estados Unidos reconoce el potencial importador de la otra América, que supera el de sus clientes tradicionales. En la presente ocasión va sin embargo más allá. A señalar la capacidad y la voluntad del Hemisferio para crear en conjunto más empleo, para impulsar el crecimiento económico, elevar los niveles de vida y proteger el medio ambiente. El empeño no se circunscribe a multiplicar los puestos de trabajo en Estados Unidos. Se extiende a todo el Hemisferio, en el entendimiento de que el comercio debe serlo de doble vía y no implicar sacrificios unilaterales.

Despuntar del plan de acción Del mercado norteamericano se han valido los pueblos extracontinentales en su designio de resurgir o de superar el subdesarrollo. Principalmente los del Asia en la última época. Paradójico y casi inexplicable resultaba que los vecinos, los del llamado patio de atrás, aparecieran al margen de esta activa corriente, siendo Estados Unidos su primer mercado de abastecimiento. Todavía peor: que se pusieran trabas a las exportaciones legítimas de América Latina. A la luz del espíritu de la declaración de Miami, semejantes prácticas debieran cesar.

Como prueba de que el plan de acción de la cumbre presidencial entrará en inmediata ejecución, los tres socios originales del Tratado de Libre Comercio de América del Norte invitan a Chile, nación austral, a iniciar formalmente las negociaciones para su ingreso. De esta suerte empieza la tarea de integración con el sur del Hemisferio.

Al parecer la lista de espera la encabezan Colombia y Argentina, con muy probables expectativas, tras el precedente sentado con Chile. En la antesala del nuevo siglo van anticipándose sus instituciones con la formación de bloques comerciales que no pretenden desconocer la globalización de las economías sino ordenarla y racionalizarla. Nadie puede aislarse sin correr los riesgos consiguientes. La Unión Europea ha logrado consolidarse. Las Américas, por su parte, procuran organizarse.

El concepto de la reciprocidad asimétrica parte de la base de la desigualdad en el grado de civilización y desarrollo de los países. De donde se deduce la necesidad de convenir tratamientos selectivos que no congelen las actuales circunstancias de retraso ni las escasas ventajas comparativas. Porque no se aspira a preservar la fuerza de los unos con la pobreza de los otros, prevalece la idea de asociarse para la promoción y la difusión equitativa de la prosperidad.

Con este convencimiento pone Chile el pie en el estribo del Area Hemisférica de Libre Comercio. Con análoga mentalidad aguardan los demás su turno, ansiosos de corregir y no de acentuar los desequilibrios.

Sensibilidad por lo social Por las noticias de las agencias de prensa, se sabe de la buena acogida a la propuesta de Colombia sobre el lavado de los beneficios del narcotráfico y sobre la acción concertada de productores y consumidores. A buen seguro, después de la cumbre es más lúcido el juicio de los gobiernos en cuanto a la responsabilidad que a cada cual incumbe y a las estrategias para combatir concertadamente este flagelo de la humanidad.

También toma nota el observador desprevenido de la preocupación generalizada por lo social. A la cumbre presidencial no podían pasar inadvertidas las explosiones de México y otros países de la zona, la de aquel acaecida el mismo día de su adhesión al Tratado de Libre Comercio. Que, por sí solo, no hace la felicidad de los pueblos, si el modelo de desarrollo se traduce en pobreza de los más.

Aparte del estricto calendario para poner en marcha los varios aspectos del Plan Acción, alienta la referencia al fomento de medianas y pequeñas empresas, de tanta importancia para canalizar y movilizar la mano de obra tanto como para aumentar la producción. Quizá, igualmente, para promover cultivos sustitutivos de los de coca y heroína, empezando por facilitar el acceso de los respectivos frutos a los mercados externos. Lo más sonoro y trascendental es el Area de Libre Comercio. Pero no cabe subestimar cuánto refleja una actitud de más clara y reflexiva sensibilidad social.

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