LA SABIDURÍA DE VÁSQUEZ,Y LA ENTREGA DE MORA

LA SABIDURÍA DE VÁSQUEZ,Y LA ENTREGA DE MORA

Ayer en la plaza de Santamaría de Bogotá se celebró la corrida homenaje a los cronistas taurinos, para la cual los aficionados llenaron tres cuartos de plaza.

12 de diciembre 1994 , 12:00 a. m.

Quienes llegaron a los tendidos sobre las 3:15 de la tarde, fueron recibidos con banda, pues el Batallón Guardia Presidencial dio un sonoro cuanto hermoso concierto.

Es de usanza cuando hay fiesta grande pintar la casa. Por ello la plaza estaba reluciente. Aún olía a barniz. Hasta los mulilleros estrenaron traje blanco y boina roja.

Se lidió un encierro de Ernesto Gutiérrez Arango, bien presentado, al que en su gran mayoría le faltó cinco para el peso. Tuvieron nobleza pero no la raza suficiente. Algunos se rajaron muy pronto.

Tomó la alternativa el novillero caleño Diego González con el toro Bienservido , un astado negro cornidelantero de 510 kilos, al que saludó con tres verónicas para llevarlo con suavidad al caballo, con el capote por delante. Luego hizo un quite rematado con media, artística. Vino el acto. Curro Vásquez le entregó los trastos y le dijo un breve discurso. Muchas gracias maestro , respondió el novel matador, para retirarse a ejecutar un toreo sobre la diestra, con clase, donde logró buenos muletazos e hizo sonar la música. El animal se paró y Diego tuvo que matarlo de pinchazo y una estocada delantera, además del descabello; más como el tiempo no respeta grados, sonó un aviso. Ovación para el torero, pitos para el toro.

En el segundo, último de la tarde, Diego González lanceó a gusto con el capote y remató con revolera. Gran susto pasó El Pollo cuando, al colocar un par de banderillas, aguantó mucho y el toro lo empitonó. González realizó una faena que resultó fría porque no hubo hilación y el astado no transmitía. Ahí quedó en evidencia que si en verdad Diego tiene clase, está comenzando, y el oficio se adquiere toreando más. Pinchó repetidas veces.

Curro Vásquez Los maestros no requieren tanto para demostrar su sabiduría. Curro Vásquez ayer en su primer enemigo dejó ver porqué lo quieren en Madrid. En su tercio de capa tuvo un destello, al rematarlo. El toro produjo luego un tumbo al picador Salvador Díaz, a quien le cayó el caballo encima y milagrosamente salió ileso, porque el toro los embistió con codicia. Tuvo que soportar este castoreño como mil kilos.

Gracias a Dios Curro Vásquez toreó con el ayudado. Porque alcanzó a decir a su mozo de espadas dáme de una vez la de matar . Pero, quién sabe qué le vio al cornúpeta, y se llevó la liviana. En el centro del ruedo, colocándose en el sitio preciso, le fue arrancando de uno en uno los pases, con verdad, temple y belleza. Eso con la derecha, pero por naturales ejecutó dos de los suyos, esos que difícilmente se olvidan. Lástima que pinchó, porque ya estaba listo el cuchillo con que cortan las orejas. Qué bien estuvo este madrileño.

En el otro astado, la capa pasó inédita. Con la muleta logró algunos derechazos de calidad, pero no pudo someter bien a su enemigo. Pinchó en tres oportunidades antes de una estocada desprendida.

Juan Mora Este torero es garantía para la empresa bogotana. El se entrega y el público le corresponde rápidamente. Ayer lanceó con garbo y con decisión a pies juntos a su primero, un toro que acudía largo y el diestro lo supo aprovechar. Llevó hacia el caballo en un hermoso ballet en el que el animal seguía la capa como perro de presa; pero lo mejor, un quite en el que ejecutó tres verónicas suavísimas. Con la muleta estuvo artístico tanto por derecha como al natural. Especialmente en las series sobre la mano izquierda, relajado, metiendo riñones. Realmente logró templar la embestida. Mató de una estocada desprendida y cortó una oreja.

Al segundo de los suyos lo lanceó por verónicas para rematar con revolera. Picado el animal, Mora ejecutó un quite por orticinas que llevó gran emoción a los tendidos. Wilson Chaparro El Piña , colocó el mejor par de la tarde. El matador toreó inicialmente sobre la diestra, en series de tres y cuatro pases, bien rematados con el de pecho, para luego instrumentar otra al natural, acompañada por los olés. Había conquistado otra oreja, pero a la hora de la verdad, que es cuando se definen los trofeos, pinchó en dos oportunidades. Sin embargo, el público le exigió una vuelta al ruedo.

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