PRESOS POR LOCURA Y SOLEDAD

PRESOS POR LOCURA Y SOLEDAD

Al verlos con el cabello desordenado, la barba sudorosa y de unos pocos días, los rostros nerviosos y las manos escondidas entre los sacos y bolsillos, nadie imaginaría que son el violador y asesino de 16 adolescentes, el que enterró varias veces el puñal en el cuerpo del padre, el que decidió un día, cansado de tantos gritos, acabar con la vida de la madre, o el que asesinó en Cali a varios homosexuales para vengar la muerte del hermano.

11 de diciembre 1994 , 12:00 a. m.

Están en el patio frío y largo del Anexo Siquiátrico de la cárcel La Modelo porque la mayoría -el 80 por ciento- son patricidas que cometieron el delito en estado de enajenación mental, cuando no sabían lo que hacían ni por qué.

Son los enfermos más solos. Quienes antes los amaban, hoy los odian y les temen. A eso se debe que de los 76 enfermos que hay en La Modelo, sólo 10, los que están en mejores condiciones de salud, reciban a sus familiares todos los domingos. El resto no tiene a nadie.

Por eso, los hombres que caminan ansiosos, que miran desconfiados a los visitantes y tienen las yemas de los dedos cafés de tanto fumar, siguen esperando, sin cansancio, que algún día alguien los visite.

El primero que se acerca es un hombre moreno, de baja estatura y arrugado. Yo soy Jesús, claro que eso casi nadie lo sabe. Solo se lo cuento a usted . Luego llega otro con un papel arrugado en la mano. Quiere que los desconocidos que acaban de entrar al Anexo le lleven carta a sus familiares para que sepan que él ya está bien.

Después se acerca un hombre alto, trigueño y sin dentadura. También esta la mano en busca de un saludo formal. Yo estaba bien en Ecuador y me trajeron aquí de manera injusta . Unos minutos más tarde, otro enfermo cuenta que venía del Valle, que su familia no lo sabía y seguramente estaba preocupada.

Es extraño asociar sus rostros a sus historias. No tienen cara de locos. El hombre de la carta mató a su padre y por eso sus familiares no querían saber de él; el de Ecuador es el monstruo de los Andes que seducía a las niñas pobres con caramelos antes de violarlas y matarlas; el del Valle vive engañado creyendo que sus familiares quieren buscarlo; y Jesús es un enfermo que destruyó el pesebre en el anexo siquiátrico de Cali porque no lo habían dejado tomar el lugar que le correspondía: arriba, en el establo del niño Dios.

Más allá del grupo de enfermos que confiados se acercan a los visitantes, está Elena, porque nosotros tenemos nuestra mujer , dice un enfermo. Se trata de un travesti que mató a su madre, a la única persona que lo cuidaba y estaba atenta a sus necesidades. Y en la celda de castigo, de solo tres metros por uno, con cuatro conejos, desperdicios del animal y sobrados de comida, aguarda tranquilo otro enfermo. Trató de ahorcar al guardia y a un sicólogo , explica una guardiana.

Mientras los enfermos más estables trabajan en carpintería y los demás siguen de cerca a los visitantes repitiendo lo mismo - yo maté a mi papá, pero ya puedo salir , no entiendo porqué sigo acá si ya estoy bien , estoy por vicio y mi familia ya me quiere -, un preso sano asea las habitaciones ubicadas en el segundo y tercer piso del anexo.

Por buena conducta, cinco presos sindicados de algún crimen, que estaban en otros pabellones de La Modelo, fueron empleados por el Servicio Integrales en Salud, SIS, con todas las disposiciones laborales, para que prepararan la alimentación del día, limpiaran las habitaciones y corredores y ayudaran en el aseo de la ropa de los enfermos , dice Marta Patricia Saavedra, coordinadora científica de SIS, empresa contratada por el Ministerio de Justicia para prestar sus servicios en el anexo.

A eso se debe que José, sindicado de secuestro junto con su padre, quien murió en su alcoba cuando supo que lo podrían condenar a 60 años de cárcel, esté en medio de los enfermos esperando que se defina su situación jurídica. Llevo 17 meses en la cárcel, aunque sí es mucho mejor estar aquí , dice.

En las celdas múltiples, cada preso guarda su vida debajo de la cama y una pequeña mesa de noche. Allí, un enfermo que era pintor tiene una docena de revistas, diez pares de zapatos, un cuadro y fotos de algunos familiares. Otro hizo un collage para decorar su espacio, mientras que uno más, excesivamente ordenado, tiene fotos de su hija y varias obras, entre ellas, Mientras llueve, de Fernando Soto Aparicio, El padre, de Eugenio Prevost y tres de Irving Wallace.

Presos no, enfermos sí Aunque cerca de 60 enfermos de los 76 que hay en La Modelo son patricidas, el resto permanece preso por hurto calificado, homicidio y lesiones personales. Estos delitos, según el médico siquiatra del anexo de la cárcel, Germán Casas, lo cometieron seres enfermos de psicosis esquizofrénica y maníaco depresiva, neurosis de ansiedad, epilepsia y farmacodependencia, especialmente .

Ni siquiera son presos. Los 149 enfermos mentales de los anexos de Medellín, Cali y Bogotá, donde funcionan dos, son personas que no reciben una condena por un tiempo específico, sino una medida de seguridad preventiva, que implica un tratamiento por término indefinido. Si los controles médicos indican que ha mejorado la salud mental del enfermo, se entrega en custodia a la familia. Y, si por el contrario, está cada día peor, se remite a una institución del Estado.

La Ley 65 de agosto 19 de 1993 o Código Penitenciario y Carcelario fija un plazo de cinco años para que desaparezcan los anexos y el Sistema Nacional de Salud se encargue del tratamiento de estos enfermos. Sin embargo, para Luis Hernando Samudio Riaño, subdirector de tratamiento y desarrollo del Inpec, el sector salud debe asumir cuanto antes la atención de estos enfermos, pero el problema es que Salud se asusta porque son presos. Debe entender que se trata de enfermos mentales .

Para María Inés Bohórquez Luque, sicóloga del programa de comportamiento humano del Ministerio de Salud, no es susto asumir estos casos, lo que ocurre es que el Ministerio está en un proceso de reestructuración de la atención de salud mental para que los manicomios sean centros de atención y rehabilitación. No negamos los servicios de salud a este tipo de personas, pero el problema es que por ser enfermos crónicos con un alto deterioro y, además, sin familia, es difícil brindarles atención en hospitales mentales .

Recuerda el caso de un paciente que mató a sus padres y que el Inpec le entregó al Ministerio de Salud para su atención. Fue trasladado a un hospital mental de Barranquilla, de donde es oriundo, pero se ha convertido en un elemento perturbador. Primero, porque no ha logrado adaptarse a la rutina hospitalaria. Segundo, porque su hermano lo quiere lejos de la ciudad.

Se han buscado a los familiares de los enfermos, pero no los quieren, dicen no conocerlos o no tener ningún parentesco, aunque a simple vista sea más que evidente. En esos casos, el juez los da a guardar al anexo. En este momento tenemos 12 en La Modelo , cuenta María Mercedes Muñoz, coordinadora de los cuatro anexos siquiátricos que funcionan en el país.

Este es el caso de Elena, quien lleva dos años en el Anexo lista para salir siempre y cuando alguien esté atento al medicamento que ella debe tomar. Nadie la reclama. Igual ocurre con Rubén Darío, un hombre de 55 años, esquizofrénico crónico que mató al padre, o con un enfermo que asesinaba a sus compañeros propinándoles un golpe en la cabeza luego de enrollar un ladrillo en una toalla. Murió después de 26 años de espera.

Cada año, menos Hace cuatro años, había un promedio de 400 enfermos mentales en los cuatro anexos siquiátricos que funcionan en el país. La mayoría, con una edad promedio entre los 25 y 45 años de edad. El presupuesto, entonces, era de 18 millones de pesos.

Hoy, sólo hay 149. La población de enfermos masculinos está ubicada en La Modelo, donde hay 76; en la reclusión de mujeres de Medellín, 43 y en la cárcel distrito judicial de Cali, 16. El único anexo siquiátrico de mujeres funciona en la reclusión de mujeres de Bogotá, donde hay 14. Para su atención el presupuesto de 1994 fue de 507 millones de pesos.

El bajo número de pacientes se debe, no a que haya disminuido la delincuencia por parte de enfermos mentales, sino a que ahora no cualquier preso es loco . Según María Mercedes Muñoz, coordinadora de anexos siquiátricos del Inpec, antes de que una persona entra a un anexo el Instituto de Medicina Legal le hace un estricto control para establecer si realmente sufre de alguna patología siquiátrica y, por lo tanto, si el delito lo cometió en estado de enajenación mental. Es decir, se acabó la posibilidad de simulación.

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