REÍRSE O ENLOQUECERSE

REÍRSE O ENLOQUECERSE

Tanto para extranjeros como para colombianos, manejar carro en Bogotá en cualquier fase del año es un desafío.

11 de diciembre 1994 , 12:00 a. m.

Pero en la Navidad, semejante duelo colectivo es como una lucha libre entre micos embravecidos, sin importar la nacionalidad, alega Mark Litwicki, el jefe de cursos del Centro Colombo-Americano.

Si uno no cae en un hueco, seguramente se traba en el trancón de hierro o se le abalanzan los peatones en actitud agresiva como si fueran encapuchados revoltosos en permanente protesta. Otros choferes de ojos saltones lo cierran, lo raspan o le desean feliz Navidad a su madre en un frenesí motorizado que se parece algo a la excitación de pirañas frente a carne fresca.

Espíritu navideño? Vuélvase con su cacharro a la provincia, turista de madera! (Excusen, es que siempre confundo las palabras madera y mierda , mi dislexia coprológica.) Solidaridad colombiana? Mire, mamita, que vamos a darle un sustico a la monja en silla de ruedas, sí, esta que trata de cruzar en el semáforo .

Sin embargo, como señala el pionero de noticieros televisados Pedro Meléndez, si existe una especie extraña de solidaridad entre motoristas, como por ejemplo cuando la puerta está desajustada o la llanta pinchada. Nunca falla, los otros conductores arriesgan hasta la muerte para avisarle a uno que su ventana trasera está más abierta que braga de borracho.

Pero es una solidaridad formalista, según Armando Vegalara, gerente de la fundación Coinvertir. No es altruista ni de sustancia, dice Vegalara. Es como la solidaridad entre mujeres cuando una se da cuenta que a otra se le salió la teta del brassiere.

Este fenómeno debe llamarse, dentro del mundo automovilístico bogotano, La Ley de Solidaridad Formalista.

Las leyes costumbristas Hay un gringo residente aquí quien ha estudiado este caos y como resultado ha formulado una serie de reglas o leyes sobre su comportamiento. Se trata de David Benson, corresponsal de la revista prestigiosa U.S News & World Report y hasta hace pocos años corredor de carros prototipos deportivos en Estados Unidos en las competencias de la International Motor Sports Association (antes de dejarlo todo para casarse con la bogotana Liliana).

Lo que sigue, pues, es el Código Benson de Leyes Naturales del Tráfago Antropófago en Bogotá: * La Ley del Más Grande. Pocas intersecciones tienen señales o letreros de tráfico. En su lugar se utiliza un sistema de puntos para determinar quien tiene la vía. El puntaje se concede con base en el peso de vehículo: 500 para un bus, 400 un Ford 56, 200 un Mazda 323, etc. Una excepción son los jeep que reciben 700 puntos porque a menudo los conductores son mafiosos armados o peor, sus hijos.

* La Ley de Coincidencia. Es cuanto todos los carros de los cuatro puntos cardinales coinciden en pasar la intersección a la misma vez, no importa el color del semáforo. Las cuatro filas se enfrentan en el cruce, faro delantero frente a faro delantero, y comienza la cacofonía de la pitadera. Tengo entendido que un estudio del Banco Mundial toma esta coincidencia perversa como una metáfora sobre porqué Colombia avanza tan lentamente en el camino del desarrollo.

* La Ley de La Ramita. La reparación de caminos es tan costosa que no queda dinero para las señales de lujo a las cuales estamos acostumbrados los gringos. En consecuencia, no es raro que una alcantarilla recién arreglada deje una zanja de 60 centímetros de ancho por un metro de largo a través de cualquier vía arteria. Pero, no se preocupe: este obstáculo se indica con una ramita de un árbol cercano. Si lo hay.

* La Ley Lectura de las Muñecas. Léame las muñecas. Es una de las reglas mas decisivas. Aquí las señales con la mano no indican intención sino el inicio de hecho de la acción. Si un conductor a su derecha saca el antebrazo y mueve rápidamente la muñeca hacia atrás (digamos en un arco de cuatro grados) eso quiere decir: Hermano, ya me paso a su carril. Desacelerase o es hombre muerto. Este gesto libera de toda responsabilidad por incidentes posteriores. Si usted no frena, tiene que aceptar las consecuencias. Especialmente si el choque es con un jeep.

* La Ley 500 Millas de Indianapolis. Los repuestos no siempre se compran en almacenes del ramo o en los concesionarios, De hecho, a menudo ni siquiera se compran. Algunas veces se los quitan al vehículo cuando uno está dentro de el. Exactamente lo mismo que en la carrera las 500 Millas de Indianapolis.

* La Ley La Naturaleza Aborrece un Vacío . Disciplina de carril? Viendo una fotografía de la demarcación en tres carriles de una autopista de Los Angeles, un amigo colombiano comentaba: si esto fuera Colombia, allí cabrían seis hileras de automóviles. Y dos más en las áreas sin pavimentar a los lados. Está pintado, o no? Las leyes de tránsito en Bogotá, concluye Benson, no son de tránsito sino de la naturaleza. La naturaleza salvaje .

Por consiguiente, la próxima vez que vea a un gringo alto y rubio manejando con los ojos cerrados de miedo, tenga la bondad de saludarlo. Será sin duda Benson lidiando y estudiando las congestiones motoristas de Navidad.

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