SUPERAREMOS LA CRISIS DE LA FAMILIA

SUPERAREMOS LA CRISIS DE LA FAMILIA

Ha terminado el año internacional de la familia, pero nuestro interés por la familia no puede limitarse a un año sino a toda la vida.

11 de diciembre 1994 , 12:00 a. m.

Por ser la familia la célula vital que constituye el organismo social, la crisis que hoy vive la familia es efecto de la crisis profunda que atraviesa la sociedad. Pero brilla una esperanza de salir adelante.

Una sociedad industrializada y tecnificada, que centró la atención del hombre en lo aparente, lo inmediato y sensible, lo útil y lo práctico, no puede menos de haber sustraído los elementos de valor y trascendencia que constituyen el núcleo y la esencia de la familia.

Las reflexiones que haré a continuación, fruto de algunas lecturas, van dirigidas a usted, estimado lector, adulto, ojalá joven -o que se las hagan llegar a los jóvenes- para que se sienta con la inmensa responsabilidad y la dicha inigualable de formar una verdadera familia.

Casi siempre que se habla de la familia se pondera su influjo social, No lo niego, qué tal! pero quiero referirme hoy al influjo de la familia en el individuo, no sólo en el niño, sino en el ser humano como tal, usted o yo.

Leí esta observación que me pareció sensata y por eso se la doy a conocer: En la vida de todo ser humano no existe relación que tenga un influjo tan amplio y duradero como la relación que media entre padres e hijos. Jamás se podrá borrar. Somos siempre hijos de nuestros padres .

Es significativa y digna de conservarse la costumbre colombiana de presentarnos e identificarnos por el nombre y los dos apellidos de nuestros padres. Entre otros méritos, despeja una duda peligrosa. Cuando usted da su nombre completo, no sólo da su nombre de pila, sino que indica la familia que le dio la vida. Maravilloso! Curioso pero verdadero: ser hombre es ser hijo de hombre, es proceder, en forma indefinida de padres y abuelos, remontándonos, por el árbol genealógico, si fuere necesario, hasta nuestros míticos padres Adán y Eva.

Aquí sí que se necesita ser muy hijo del siglo XX, vale decir, agnóstico o ateo, para no reconocer la acción del Padre-Dios en la creación de cada ser humano. Cada ser humano es un prodigio que rebasa con mucho las capacidades de los padres. Cuando usted nació sus padres querían un hijo pero no a usted concretamente. En el seno de su madre, su organismo, su psiquismo y su yo personal se fueron tejiendo sin darse cuenta sus padres. Y esa infinita novedad y maravilla, que es usted, no sólo en su organismo sino en toda su personalidad, es obra no de sus padres, que colaboraron sin darse cuenta del misterio, sino de Dios. Usted es, quiéralo o no, hijo de Dios, que lo colocó en el seno de una madre y de una familia.

Lo admirable en una concepción evolutiva de la creación de la vida, es que usted se encuentra en proceso y lo más importante está por llegar. Usted debe colaborar con Dios en la obra de su creación.

Pero volvamos al punto de partida: la familia.

La familia es inseparable de la sexualidad. El educador sexual corre el riesgo de quedarse en las ramas o mejor, en las piezas, sin poder entenderlas ni hacerlas entender por sus alumnos, por no tratar de descubrir el sentido que las arma en una unidad, y tal sentido y unidad es la familia. El hogar, a saber, padre, madre e hijos, es la razón de ser completa, el sentido pleno, perfecto y divino de la sexualidad, entendida en su totalidad.

Cuando se habla de educación, no se cometa el error de reducirla a procreación. Esta es tan sólo una función de la sexualidad y ni siquiera la principal, cuando se trata de seres humanos. Sexualidad humana, a diferencia de la animal, consiste en un ritmo inagotable y sublime de dar y recibir, de servir y ser servido, de inspirar y ser inspirado, de amar y ser amado. Si esto falta, la sexualidad queda desmembrada de su núcleo central que es la persona humana, para superficializarse en la piel. Con lo cual la sexualidad pierde toda su belleza y su encanto trascendental.

De aquí la importancia de un noviazgo bien entendido, que ofrezca a ambos novios la oportunidad de madurar en el amor, y de transformar un amor sentimental a primera vista , en un amor generoso, dispuesto al sacrificio y a la renuncia, a hacer prevalecer los valores espirituales sobre los físicos, los morales sobre los intelectuales y prácticos.

Unicamente cuando la sexualidad está integrada en la totalidad del hombre, muestra toda su belleza. Cuando el amor es verdadero, trasciende la piel y llega al corazón de la persona amada.

Si por amor se entiende más dar que recibir, hacer feliz al otro que a uno mismo, se lleva buen camino de formar un buen hogar y de que vamos a superar la crisis de la familia.

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