GOBIERNO CAUSÓ CRISIS EN IBERIA

GOBIERNO CAUSÓ CRISIS EN IBERIA

No nos engañemos. El autentico responsable de la catastrófica situación de Iberia es el Gobierno. Fue el Ejecutivo el que nombró en 1990 al anterior presidente, el señor Aguilo, de tan funesto recuerdo, y quien marcó las pautas que debían seguirse en la compañía bandera española.

09 de diciembre 1994 , 12:00 a. m.

Desde 1989, último ejercicio con resultados positivos, hasta hoy, todas las decisiones de mediana importancia tomadas en nuestra empresa han contado con el respaldo oficial.

Fue el área económica del Gobierno quien diseñó un modelo empresarial para las compañías estatales, y Aguilo se apresuró en ponerlo en marcha en Iberia, igual que Merce Sala lo aplicó en Renfe.

Se trata de la descentralización de las diferentes actividades de negocio, hasta convertirlas casi en empresas independientes. Y si los aviones dependen del Ministerio de Industria, los ferrocarriles lo hacen del Ministerio de Transportes.

En nuestra compañía tal política llevó a Iberia, Aviaco y Viva, partes de una misma estructura de empresa, en teoría, a competir entre sí por el mercado europeo.

Con esta estructura, la Administración Central propició y consintió la multiplicación de direcciones, subdirecciones con sus correspondientes multiplicaciones de cargos directivos que llegaron con los mismos hábitos de sus colegas en otras empresas estatales.

Esto es sueldos millonarios, aumento de los gastos de representación, impunidad en las decisiones que tomaban durante la gestión.

Y cuando los resultados imponían su relevo (la mayor parte de los directivos del equipo Aguilo eran ajenos al negocio aéreo) indemnizaciones millonarias.

La aventura La responsabilidad del Gobierno va más allá. No pudo comenzarse, y aún menos continuarse, la aventura americana sin que el Gobierno respaldara políticamente la adquisición de compañías de aviación como las argentinas Austral y Aerolíneas, la chilena Ladeco, o la venezolana Viasa.

Esta decisión de hacerse con mayor o menor propiedad de estas empresas suramericanas significó un esfuerzo financiero de tal volumen que impidió que se pudieran cumplir los planes de renovación de la flota que ya estaban en marcha.

Las millonarias cifras que se barajaban tuvieron que contar, en última instancia, con la aprobación del Ministerio de Industria.

Y fue también el Gobierno quien realizó en 1992 la ampliación de capital de 120.000 millones de pesetas cuando la Unión Europea autorizó esta ayuda estatal, ante el nivel de endeudamiento al que se había llegado.

Tanto crédito para tanta compra en América; tanto mantenimiento de aviones en el extranjero mientras que en España los hangares estaban vacíos; tanto alquiler de oficinas en Torre Picasso, las más caras de España.

Todo eso obligaba a pagar más de lo que ingresaba.

Y los bancos acreedores no perdonaban los intereses mensuales.

Más sacrificios Fue también el Ejecutivo quien exigió a los trabajadores de Iberia que hicieran esfuerzos y sacrificios para sacar a la empresa de los números rojos .

En 1992 y hasta septiembre de 1993 los sueldos quedaron congelados, y a partir de esa fecha se incrementarían con arreglo al Indice de Precios al Consumidor.

Perdimos dos días de vacaciones anuales en aras de lograr una mayor productividad.

Tuvimos, además, reducción de gastos de todo tipo. Por ejemplo, cuando el personal se vio obligado a trabajar por la tarde, la cuantía de la comida se redujo de 1.200 pesetas a 900 pesetas.

Hubo ahorros similares en gastos de representación, o en decoración de despachos? No existen evidencias al respecto.

Y cuando los trabajadores pensábamos que se entraría en una época de sosiego y de bonanza económica con la ampliación de capital, que nos libraría de los altísimos costos financieros de tanto crédito, resulta que el Gobierno da el visto bueno a nuevas organizaciones en la empresa que impiden la ejecución de planes y programas ya iniciados.

O acepta que, de los 120.000 millones de pesetas, se transfieran 78.000 millones a Argentina.

Sin embargo, en septiembre de 1993 la dirección de la compañía se niega a cumplir el Convenio Colectivo y no actualiza el salario según el IPC, tal como se había pactado.

En este punto hay que ampliar la afirmación con la que comenzábamos: la responsabilidad de la situación de Iberia es del Gobierno y de los delegados nombrados para llevar a cabo las consignas marcadas. Pero además se ha contado con cómplices para que los desafueros descritos, y muchos otros, se hayan podido cometer.

Impunidad Las cúpulas sindicales de CCOO y UGT, desde las atalayas privilegiadas de que disponen con sus sillones en el Consejo de Dirección de Iberia, no han denunciado, ni han movilizado a sus representados.

Muy al contrario, han preferido que la actividad sindical entre los trabajadores vaya agonizando para que sus burocracias pudieran tomar decisiones con total impunidad.

La legalidad sindical, con sus elecciones cada cuatro años, permite que los representantes elegidos terminen por olvidarse de los tajos de donde salieron, y terminan comprendiendo mejor los problemas de los directivos con los que se ven todos los días.

El XIII Convenio Colectivo, en el que se firmaron los sacrificios descritos lineas arriba, fue aplicado sin someterse al refrendo de los trabajadores.

Y por supuesto, el retraso de la actualización del IPC, y por tanto del incumplimiento de dicho Convenio, sólo ha sido posible por la actitud pasiva del CCOO y UGT, o tal vez dejándolo como margen de maniobra para compensar en sucesivas negociaciones tragalas mayores.

Ahora parece que estos sindicatos han aceptado que se abone el 80 por ciento de los atrasos en dos plazos, enero de 1995 y diciembre de 1996.

Por eso cuando estos sindicatos hablan de la necesidad de aceptar sacrificios , o desde el Gobierno afirman que si los sindicatos no aceptan el plan de viabilidad, habrá que cerrar la empresa , la mayor parte de los trabajadores creen escuchar la misma voz.

El único esfuerzo por sacar adelante a Iberia lo han hecho los trabajadores, y los que están provocando su ruina no lo van a pagar de ninguna forma.

No es extraño que en estas condiciones, y ante la falta de confianza en la burocracia sindical, los trabajadores quieran que se hagan oír otras voces.

Nace así la Coordinadora Sindical, que agrupa nominalmente a los sindicatos minoritarios, USO, SITA, CTA., CGT y CNT, aunque todavía representa más a una suma colectiva de voluntades que a una verdadera infraestructura organizativa.

(*)secretario de la Sección Sindical de CNT en Iberia.

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