AUTONOMÍA A PRUEBA

AUTONOMÍA A PRUEBA

El ex ministro Rudolf Hommes, nostálgico de poder, desliza la temeraria sospecha de que detrás de la solicitud improcedente de la renuncia del gerente general del Emisor y de algunos de sus directores por la Cámara de Representantes, está la mano invisible del Gobierno en ejercicio o de varios de sus destacados miembros.

06 de diciembre 1994 , 12:00 a. m.

Hasta cierto punto es un acto de valor buscarle camorra a ese cuerpo legislativo hallándose pendiente el expreso o tácito fenecimiento de sus cuentas por el último año de su gestión. Sin embargo, prefiere correr los riesgos eventuales de represalia con tal de defender el alcázar por él levantado y con tanto celo habitado con sus cofrades de escuela económica. Como ejemplo de lealtad es digno de admirar, pero como acto de ofuscación e imputación atrevida es de deplorar.

El análisis imparcial de los hechos demuestra que fue del seno de la junta directiva del Emisor de donde salieron las hostilidades. No habían calentado sus sillas los nuevos funcionarios cuando llovieron sobre sus cabezas críticas acerbas por lo que supuestamente querían hacer. En el propio recinto del Senado y en las páginas de la prensa, aparecieron sus directores combatiendo los programas reales o presuntos del Gobierno recién posesionado.

A absolver posiciones lo sometieron en diversos aspectos. No sin hacer uno de ellos la defensa acalorada de la revaluación en marcha, cerrados los ojos a la pérdida de doscientos treinta mil empleos en el campo y al peligro de que nuestras exportaciones se redujeran a petróleo y estupefacientes. Fue un espectáculo doloroso que no dejó bien parada la imagen de lo que debe ser un banco central, obligado por ley a coordinar sus acciones con la política general, a no obrar como rueda suelta y a infundir confianza en la comunidad nacional e internacional.

El ex ministro Hommes se hace lenguas de la forma como bajo su mando se dio juego a esos directores, se les dejó ejercer sin cortapisas su autonomía y se les permitió expresar libremente sus opiniones. Cómo iba a ser de otra manera si le debían su nombramiento y coincidían en lo esencial de su estrategia neo-liberal, aunque de pronto le pidieran amigablemente moderar el desbordado gasto público.

Empero, descontada esta circunstancia, conspira contra la estabilidad económica de la República que hagan el papel de francotiradores sin ninguna disciplina ni solidaridad con las bases de la política en ejecución. Tanto más cuando haya un plan de desarrollo debidamente tramitado y expedido.

Discordia insostenible Si la proposición unánime de la Cámara Representantes fue descabellada, ello no autoriza a justificar los brotes de anarquía de la Junta ni su belicosidad inicial con el Gobierno. Al ex ministro Hommes puede halagarle que se convierta en trinchera de combate y oposición al cambio, pero semejante conducta no conviene al país. Lo decimos dentro del alto aprecio y consideración que por varios de los integrantes de ese organismo público tenemos.

La tesis de que tal cosa se desprende de las normas constitucionales no resulta válida. Si lo fuera, habría que reformarla, darle en ese aspecto un revolcón, como el de la Administración Gaviria a la Carta del 86. Atrás quedaron los tiempos en que el General Santander, ansioso de construir un régimen de leyes, acuñaba el famoso aforismo: Si en la Constitución está el mal, el mal será . Ahora la idea predominante es la contraria. Si sus disposiciones parecen erradas, abiertos se encuentran los caminos de la enmienda, que tampoco faltaban en la época anterior.

Hay quienes piensan que es preciso defender la independencia del Emisor a capa y espada. No obstante, como a toda institución nueva, es a ella a la cual corresponde aprestigiarse con el acierto y la virtud de sus actuaciones. Si fallare, se extraviare o perdiere credibilidad, nada ni nadie lograría apuntalarla. En una palabra, el fracaso implicaría consecuencias previsibles. Incluyendo en aquel la discordia insoluble con los poderes públicos a cuyo cargo se halla la elaboración, discusión y expedición del plan de desarrollo.

Responsabilidades compartidas El ex ministro Hommes atribuye a la independencia del Emisor el triunfo de mantener la inflación en el elevado veintidós por ciento, sin perjuicio del dinamismo económico que en la agricultura brilló por su ausencia y que en la manufactura no tomó el vuelo esperado.

Cabría observarle que los logros en el pasado, antes de la cacareada autonomía, fueron mucho más sustanciales en términos de costo de la vida y crecimiento del Producto Interno Bruto. Más aún. Por la precariedad de los resultados, ha sido menester optar por el pacto social, bajo la batuta gubernamental, con el objeto de combatir el elemento inercial del fenómeno. El Emisor, solo, no pudo quebrarle el espinazo, a pesar de su identificación con el Gobierno de entonces.

La inflación hay que ponerla más a tono con los niveles internacionales hoy predominantes. La competitividad y la equidad obligan a reducirla. Pero, según se ha observado , los pueblos quieren algo más, mucho más, que tenerla baja: la satisfacción de sus necesidades primordiales, el mejoramiento de sus ingresos reales, el acceso a la salud, a la vivienda, a la educación y a los bienes de la civilización. Oportunidades de trabajo por sobre todo. En fin, desarrollo justo y armónico, objetivo que ningún banco central puede ignorar con miope visión de los problemas nacionales.

Ni economía sin moneda ni moneda sin economía. Dentro de este criterio elemental, conviene situar el papel del Emisor, al cual corresponde velar por el mantenimiento del poder adquisitivo, pero también atender a otras necesidades fundamentales, como son las de colaborar a la expansión y la estabilidad de la economía colombiana. Su parálisis o su desempleo no pueden ser su norte. En cuanto el bien público ha de inspirar sus determinaciones, como a los demás poderes públicos, es de desear su recíproca cooperación y su coordinación, al margen de perturbadoras rencillas.

A ninguna autoridad, cualquiera sea su órbita de acción, le es lícito ignorar las repercusiones sociales de situaciones y decisiones económicas adversas. No es sino mirar a lo que ha ocurrido en el agro, semillero de inconformidad donde los cultivos prohibidos y la misma violencia han llegado a ser formas desesperadas de vida e incluso de muerte, para abrir los ojos a las responsabilidades compartidas de los distintos órganos del Estado.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.