SEGURIDAD ANTE TODO

SEGURIDAD ANTE TODO

La seguridad sigue siendo el problema principal que tiene nuestro país, con una franca tendencia a empeorar. Salir a la calle en cualquier ciudad colombiana es una aventura llena de atracos, asaltos, robo de carros y viviendas y asesinatos indiscriminados.

06 de diciembre 1994 , 12:00 a. m.

Mientras tanto, en el campo la cosa no es mejor. El secuestro, la vacuna, el abigeato, el robo y el homicidio están a la orden del día.

Sin embargo, existe una diferencia fundamental entre campo y ciudad, pues en esta última hay celadores, escoltas y carros blindados (claro, para los más pudientes) mientras en el primero sólo hay administradores de fincas que con escopetas de fisto se enfrentan a ejércitos bien armados y entrenados.

El resultado es obvio: en el campo colombiano se libra una guerra desigual como la de Bosnia-Herzegovina, donde la guerrilla son los serbios y los campesinos, agricultores y ganaderos los bosnios.

Ante este panorama surge la propuesta de las cooperativas de seguridad, que es criticada desde los cómodos escritorios de las capitales por personas protegidas por escoltas y celadores que no viven en carne propia la zozobra de los que todos los días cogen un campero o una bestia para lanzarse, por los polvorientos caminos de la provincia colombiana, a las fauces de un lobo hambriento de dinero.

Claro, no hay que olvidar el espanto de los paramilitares que, financiados por los narcotraficantes, se convirtieron en otro factor de violencia. Lo importante es aprender de estos hechos para impedir que se repitan y dejar de esgrimir el argumento facilista de que toda autodefensa acaba en el paramilitarismo desbordado.

Además, donde los narcotraficantes tienen tierras, que es en una tercera parte del país, la guerrilla no se acerca. Pero las otras dos terceras partes donde la gente cumple con la ley y desea defenderse respetándola y aceptando todo tipo de controles por parte del Estado, ahí sí está prohibido que lo hagan. Me suena al mundo de Subuso, donde todo está al revés.

Es apenas lógico esperar que las cooperativas no se desmadren y tengan unos controles estrictos, lo que es imposible hoy en día, pues la Superintendencia de Seguridad Privada es un chiste. Pero no por ello podemos seguir permitiendo que campesinos, agricultores y ganaderos de toda extracción social pierdan toda una vida de trabajo por cuenta de un secuestro.

El debate sobre las cooperativas se debe centrar en hechos, en realidades, y no exclusivamente en suposiciones basadas en el pasado o en el futuro, sin olvidarse de estos. Y las principales realidades hoy existentes son: 1. Las Fuerzas Armadas no pueden garantizar la seguridad en el campo. Es más, cada día la garantizan menos.

2. La gente del campo alejada de las tierras de los narcotraficantes, vive bajo un manto de secuestro, abigeato, robo y asesinato.

3. La guerrilla obtiene gran parte de sus finanzas de los crímenes antes mencionados.

4. El paramilitarismo existe y en la medida en que el Estado no presente alternativas a la seguridad de la gente, este fenómeno va a crecer como de hecho sucede.

5. La posibilidad de control por parte del Ministerio de Defensa es mínima y hay que reforzarla.

6. Hoy la guerrilla no tiene necesidad de negociar pero unas cooperativas fuertes, que le impidan acercarse a los centros de poder, pueden obligarla a sentarse a la mesa de negociación.

7. La autodefensa y el paramilitarismo son dos cosas distintas. Una es de protección, la otra es de ataque, financiada con grandes recursos especialmente de narcotraficantes.

8. Donde hay tierras de narcos cualquier autodefensa se corrompe.

9. Las cooperativas de seguridad urbana, empresas de celaduría, tienen más un efecto sicológico que real. Es poco su control, pero son relativamente efectivas.

El debate apenas se inicia y ya el Gobierno está dividido sobre la propuesta. Ojalá la lleve a buen término para menguar el drama del campo colombiano y no sea conforme con lo que hoy vive el 30 por ciento de nuestra población. Y si le da entierro a esta propuesta, pues debería ser coherente y hacer lo mismo con las empresas de celaduría para que, por lo menos, todos estemos en igual situación frente a una delincuencia cada día más agresiva y a una autoridad más débil.

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