VUELVEN LOS RADARES

VUELVEN LOS RADARES

Ciertamente es alentadora la información relativa a la reanudación de la cooperación estadounidense en la lucha antidrogas para con nuestro país y con Perú mediante la reactivación de las operaciones de los radares, que se había suspendido como consecuencia de una disputa interna en los Estados Unidos y que enfrentó a los departamentos de Defensa y Estado.

05 de diciembre 1994 , 12:00 a. m.

Intuitivamente resulta fácil coincidir con el sentido de la información preparada por la Oficina de la Contraloría General del Congreso de los Estados Unidos, según la cual la suspensión de las operaciones de los radares ha beneficiado en alto grado a los narcotraficantes andinos.

Cuántos centenares de vuelos del narcotráfico no habrán franqueado esas rutas durante el período en el que permanecieron suspendidas las actividades de estos radares? Las estadísticas han sido elocuentes. La operación de los radares se inició en septiembre de 1993 en Araracuara y Leticia, por donde se estima, cruzan el 70% de los vuelos ilícitos que ingresan al país. Uno solo de esos radares, entre su fecha de instalación y mayo de 1994, es decir ocho meses después reportó cerca de 300 vuelos ilícitos.

El ministro de Defensa, Fernando Botero, ha dicho que el acuerdo definitivo para restablecer los radares estará completamente listo en pocas semanas.

Celebramos que en este frente, en el que han sido tan conflictivas las recientes relaciones con los Estados Unidos, se alcance un entendimiento satisfactorio. Debería servir, así, como ejemplo del tipo de cooperación respetuosa y efectiva que demandan las dos naciones para proteger sus intereses conjuntos y para librar a sus pueblos del flagelo de la droga.

Simultáneamente hacemos nuestros votos para que este clima de diálogo colombo-estadinense se mantenga mediante la identificación constructiva de acciones de apoyo conjunto, sin que su implantación pase por complejas deliberaciones que en muchos casos hacen parte, estrictamente, de las agendas internas de los países y de los fueros de su propia soberanía. De esta manera, identificados con precisión los ámbitos de la cooperación, los acuerdos se alcanzan sin traumatismos de ninguna clase.

En efecto, son este tipo de acciones las que convalidan con el vigor del ejemplo y avalan con el resultado de su propio ejercicio, la vieja insistencia de Colombia para que la lucha contra el narcotráfico y las organizaciones que lo controlan sea multilateral.

No queda duda, pues, de que al reactivarse la operación de los radares, se dinamizarán igualmente los flujos de información entre Colombia, Bolivia, Perú y los Estados Unidos.

Sólo resta, entonces, elevar nuestra voz para sumarla a tantas otras que llaman a la mayor prudencia y al cuidadosísimo uso de estos importantes instrumentos, de manera que se eviten en cielo colombiano episodios como aquellos que originaron la controversia interna en los Estados Unidos cuando se derribaron dos helicópteros de este país por aviones propios en Irak, por causa de una falla de los operadores norteamericanos de los radares.

Su operación debe estar sometida a las más estrictas condiciones de vigilancia y a cargo del personal mejor calificado y más idóneo que sea posible conseguir, y la determinación de las condiciones que regirán su actividad debe conducir a la certeza de que no se pondrán en peligro las vidas de quienes inocentemente vuelen por los cielos colombianos.

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