FREDY RINCÓN DIBUJÓ LA ESTELLA...

FREDY RINCÓN DIBUJÓ LA ESTELLA...

Aún se siente ese tapozano frenético de Freddy Rincón. Con la fuerza que le salió del alma y que le abrió el camino de la victoria al América para arañar desde el primer tiempo la octava estrella en su historia... Allí, en el derechazo del hombre de Buenaventura quedaba reflejada esta lucha final en el clásico vallecaucano: el lance y el poder de un equipo lleno de jerarquía frente a un enemigo como el Cali, achicado en su esquema y en sus ambiciones. Y cuando Rincón alistó su mortero a los 38 minutos de la etapa inicial, ya nadie dudó... Ni de la celebración inicial ni del título. Por eso se destapó el aguardiente y se oyeron los timbales de cuatro orquestas en el parque Panamericano, en los alrededores del estadio Pascual Guerrero.

17 de diciembre 1992 , 12:00 a.m.

Es que el triunfo 3-1 no apresura ninguna sorpresa. Más bien, fue la ratificación de la capacidad de una escuadra que desde un comienzo por nómina, por cantidad, por cuerpo técnico, por organización estaba llamada a ocupar el sitial de honor. Tanto como para decir que un vicecampeonato hubiera estado arropado por un sentiminto de decepción.

Faltaba, eso sí, la puntada final. Y nada mejor que en el tradicional clásico frente a un Cali que lanzaba destellos hasta la penúltima fecha. Para cobrar el desquite de aquella derrota de hace quince días en el mismo escenario y para sellar con rúbrica de oro esta campaña.

El tranco explosivo de Rincón, la zancada de Lozano, el toque sutil de Alex Escobar, el desborde Anthony de Avila, la fuerza de Polilla Da Silva en el frente y una desviada espectacular de Julio Gómez en lo que se hubiera convertido en sensacional gol de Níver Arboleda enmarcaron esta noche roja por todos los rincones de Cali.

Y es que por derecha (Lozano) o izquierda (Rincón), por el centro (Da Silva y De Avila), América parecía en una tromba que enceguecía a un rayo que iba de un lado a otro sin poder ordenar a una defensa muy nerviosa desde el pitazo inicial.

Y qué pasaba?, era el interrogante en el Pascual. Porque el Cali era el obligado a ganar. Y de pronto salió con su característico esquema salvador. Sin siquiera mostrar la más simple salida de sus laterales, cuando se coloca dos a stopper. Eso es renunciar de entrada a la gloria y a un título. Apegarse un poco a la buena fortuna.

Tan cierto que en el complemento, cuando perdía 1-0, entró Andrés Estrada por Ambuila, le cerró espacios al América en la zona media y alcanzó a nivelar el compromiso. Sin orden, con mucho pelotazo, por con otra actitud. Pero provino la patada infantil de Marrero a Lozano y allí acabó buena parte de esa pretención. Porque además de la expulsión del lateral, América colocó a Usuriaga por ese costado para liquidar.

Y liquidó. Rincón metió un soberbio pase al callejón para Usuriaga (primera bola para el Usu ) y que Trejos simplemente ve cómo el delantero lo deja atrás en su sancada. La expresión de angustia que se consolida con el pase al centro y la llegada diáfana de De Avila para el 2-0 a los 29 del complemento.

Lo demás era el paseo de la victoria. Con el rasgo de amor propio exhibido por el Cali, que obtiene su premio con la pena máxima sobre Toninho, que ejecutó el mismo brasileño a los 36 minutos.

Y el broche con la jugada de Alex Escobar, que deja abierto el camino para el Pitufo y el 3-1 definitivo a los 42. La rúbrica genial para una octava estrella que realmente estaba anunciada.

Si es que desde las 9:10 de la noche con ese taponazo de Rincón que casi rompe la red, se despidió el decreto para la salsa y el baile.

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