LA ALIANZA HEMISFÉRICA ESTÁ CRUDA

LA ALIANZA HEMISFÉRICA ESTÁ CRUDA

La poca información periodística en Estados Unidos sobre los preparativos para la próxima Cumbre de las Américas en Miami se ha centrado casi exclusivamente en la incierta marcha hacia un mercado libre continental. en parte eso se debe a que es el tema que más han destacado los portavoces del presidente Clinton.

04 de diciembre 1994 , 12:00 a. m.

Así el New York Times presenta el reportaje de la primera rueda de prensa sobre la conferencia con el escéptico titular, Conversaciones Comerciales en Miami con Poco Impetu . El reportaje del Wall Street Journal es menos pesimista: Clinton piensa extender el TLC a Chile; ayudando a crear un Tratado de Libre Comercio Continental . Típicamente, el Washington Post, no publicó ni una palabra.

Por su parte, la prensa latinoamericana y las agencias internacionales también enfatizan el aspecto económico, aunque destacan otros puntos de la agenda, como será la lucha contra el narcotráfico y la corrupción y el polémico tema de Cuba.

Pero existen otros problemas que merecen por lo menos igual atención pública: desempleo, índices crecientes de analfabetismo y pobreza, índices disminuidos de consumo e higiene. En otras palabras, como proveer a los pueblos de lo que el presidente John F. Kennedy esperaba lograr con la Alianza para el Progreso: techo, tierra y trabajo.

Si hay tantas cosas por enderezar en ésta que Kennedy llamó el área más importante para Washington en el mundo, cuál es la razón poderosa por la que el gobierno del presidente Bill Clinton no haya podido dilucidar el papel de la alianza hemisférica en esta nueva etapa de la política mundial que está surgiendo en las postrimerías de la Guerra Fría? Falta de visión Hasta ahora la ausencia de un planeamiento geopolítico que demuestre cabalmente el futuro papel de la alianza interamericana es una asombrosa omisión, tratándose de la primera cumbre hemisférica en casi tres décadas. El encuentro, por supuesto, debiera tener un significado más amplio, hasta de trascendencia histórica.

Por eso el aspecto de la cumbre que más preocupaciones está causando es la ausencia todavía de un esquema de política global que indique hacia adonde el gobierno de Clinton pretende llevar su política exterior y el lugar preciso que ella ocuparía en el concierto de naciones americanas.

Con la reciente victoria de los Republicanos, que tradicionalmente anteponen las relaciones bilaterales al multilateralismo regional, quedan en duda las promesas de Clinton y del secretario de Estado, Warren Christopher, de fortalecer a los organismos internacionales y regionales, más allá del plano económico.

Con la mira en el Este Podríamos pensar que con la inoperancia de Washington y la OTAN en la guerra civil de la antigua Yugoslavia y otros conflictos étnicos que empañan el panorama europeo, los Estados Unidos se concentrarían en estrechar los lazos hemisféricos que quedaron tan lamentablemente desatendidos durante las décadas de la Guerra Fría.

El problema de fondo está en que la plana mayor de los planificadores de la política exterior de Estados Unidos continúa como hipnotizada por el remoto conflicto Este-Oeste. Eso explica por qué estos planificadores no se han dedicado a encarar los grandes rasgos de una nueva política continental.

Aunque Rusia y sus antiguos satélites ya no representan una constante amenaza para la seguridad de Europa y los Estados Unidos, para el gobierno de Clinton, igual que el del George Bush, el conjunto de países de Europa Oriental sigue como objeto de prioridad para el gobierno de Washington. Más específicamente, su primera prioridad parece ser salvar al gobierno de Moscú del caos dejado por la desintegración del antiguo bloque soviético.

Todo lo cual socava a aquellas opiniones optimistas que vaticinaron que, con el fin de la Guerra Fría, la elite que formula la política exterior de Estados Unidos prestaría mayor atención a la política hemisférica, con el convencimiento de que el próximo centenio sería, de una vez por todas, el siglo de Latinoamérica .

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