EL CIERRE DE INSCRIPCIONES EN BOGOTÁ PARA LA CONSTITUYENTE LA CALLE 17, DONDE TODO ERA POSIBLE

EL CIERRE DE INSCRIPCIONES EN BOGOTÁ PARA LA CONSTITUYENTE LA CALLE 17, DONDE TODO ERA POSIBLE

Ayer al mediodía, cuando Santiago Ibarra --un viejo albañil desocupado que no tiene ni idea de qué es la Constituyente-- llegó a la calle 17 con carrera 12, pensó que los vecinos de esa cuadra se habían enloquecido y les había dado por hacer un bazar en pleno martes. Y parecía tener razón: la calle estaba repleta de pancartas, de banderas, había música, el tráfico estaba trancado, se escuchaban vivas y consigas, y no se podía ver al otro lado de la calle porque todo el horizonte estaba lleno de montones de niños con sus padres, que jugaban con globos verdes.

31 de octubre 1990 , 12:00 a. m.

Por eso, lo primero que hizo fue meterse en el tumulto de la esquina, donde estaban tres hombres con un inmensa bala de hidrógeno inflando las bombas y regalándolas.

Cuando por fin le dieron una, preguntó: El bazar para qué es? . Todos lo miraron como si acabara de llegar de Neptuno y le contestaron en coro: Qué bazar ni que diablos! Se están inscribiendo los de la Asamblea Constituyente .

Entonces, él, haciendo de tripas corazón, soltó una pregunta terrible: Y qué es la Constituyente? . Nadie le quiso responder.

Solitario, como si de verdad fuera un hombre de otro planeta que no supiera que en esta cuadra se estaba viviendo la jornada de cierre de las incripciones para la Constituyente, deambuló por ahí, mudo, pensativo y agarrado a su globo verde.

Entonces, como nadie le explicó, decidió averiguar qué era lo que pasaba. Fue y se metió a otro tumulto. Ahí, con flautas, tambores y una guitarra, un grupo de indígenas emberá, del Chocó, estaba de fiesta en pleno andén.

Estaban vestidos de colores y repletos de collares. Tenían un montón de carpetas con más de veinte mil firmas por la lista del Movimiento Nacional Indígena de Colombia, que encabeza Francisco Rojas, un indígena que se graduó de abogado en la Universidad de Antioquia.

Yo tengo todos mis papeles, pero estamos esperando más firmas que nos deben llegar en flota , explicó antes de subir al sexto piso del edificio marcado con el número 12-90 de la calle 17, donde ayer sucedió de todo.

Allí, arriba, al final de una escalera retorcida y estrecha, funciona la Registraduría Departamental. Y allí ayer hubo de todo: nervios, afanes, sudores, alegrías, rabietas, sustos, montoneras y risas. No hubo ni un instante de sosiego desde antes de las 8 de la mañana hasta un poco después de las 6 de la tarde. El Taita madrugó A las 12 del día, cuando los indígenas emberá por fin llegaron al sexto piso, contándole a todo el mundo que tenían el permiso de todas las autoridades indígenas del país, ni siquiera sospechaban que otro indígena, Lorenzo Muelas, un Taita, es decir un cacique de verdad, también les había resultado cacique político... y ya se había inscrito.

Muelas llegó como a las 7:30 de la mañana y una hora después ya había entregado todos sus papeles. A los periodistas les contó su programa, les respondió preguntas, y al final les entregó un pedacito de papel con una leyenda: Bono de apoyo por la lista indígena nacional . Cada bono costaba 200 pesos. Mejor dicho, él sí hizo el cuento completo: madrugó.. y se financió.

Como a las 9:30 de la mañana llegó el ex candidato presidencial Alvaro Gómez Hurtado con una romería de seguidores, entre ellos Carlos Lleras de La Fuente, el hijo del ex presidente Carlos Lleras Restrepo, que es segundo en la lista del Movimiento de Salvación Nacional.

Ahí sí el tumulto fue total. Gómez estaba enojado porque tuvo que subir a pie, el recinto estaba repleto y por algunos minutos reinó el caos para entregar los documentos. Al final, se fue sin saber muy bien cuántos quedaron inscritos.

A esa hora, ya el M-19 había mandado una avanzada de guardaespaldas, que revisaban todos los rincones, para evitar cualquier sorpresa cuando llegara a inscribirse Antonio Navarro Wolf, que, apenas llegó a las 4 de la tarde.

Afuera, en la calle, seguía la rumba con un nuevo ingrediente: no solo había fiesta entre los seguidores de los aspirantes a constituyentes...sino que llegaron los anticonstituyentes a protestar.

Los muchachitos de un colegio del frente estaban fascinados mirando por las ventanas, pero hubiera sido mejor que en vez de ese tropel de candidatos, hubieran venido Samantha Fox. Ella es chévere , le dijo uno de ellos a sus compañeros. El enorme diploma Adentro, todo era agitación. A cada momento llegaban las comitivas. Se aparecían a veces con un cartapacio enorme amarrado con cabuyas: las famosas diez mil firmas. En realidad, nadie llevó diez mil. Todos llevaron muchas más. Lo de las firmas es fácil. Lo complicado son los votos , susurró alguien.

Mientras tanto, los delegados de la Registraduría no daban abasto. Los propios registradores tenían que abrirse paso entre el tropel para poder tomarles el juramento a quienes se iban inscribiendo. Siempre terminaban con la misma frase: Les deseo mucha suerte .

Ahí, al pie, ocho empleados contaban el número de hojas en que iban las firmas. Hasta aquí llegamos nosotros. El resto, mejor dicho contar las firmas, les toca a los de la Registraduría Nacional , explicó uno de ellos con alivio.

De pronto, hubo un murmullo: elegante, con corbata y pañuelo en el bolsillo, se apareció Jorge Ramírez Salazar, mejor dicho Emeterio, el de Los Tolimenses.

Todos pensaron que se iba a inscribir, pero iba apenas de testigo de Fermín Ospina Torres, un ex congresista tolimense. El es un gran abogado, lo que pasa es que se quedó chiquito porque no le llovió a tiempo .

Yo no me inscribo, porque para participar en la Constituyente hay que hablar con soltura.. y yo no tengo problemas estomacales. No. En serio, yo no soy candidato...porque tiene más corriente un aljibe , dijo Emeterio.

Mientras tanto, Gloria Gaitán, la hija de Jorge Eliécer Gaitán, llegó con su montón de firmas. Estuvo a punto de fracasar, porque el sábado por la noche le habían robado 6.500 firmas.

Cerca a ella, los candidatos de la lista de Unidad Médica se acababan de inscribir.

Ellos también tuvieron tropiezos. Al final, el afán fue tanto, que el médico Francisco Socarrás apenas tuvo tiempo de descolgar el diploma y se apareció con él allí.... con marco y todo. Era enorme. Menos mal que le pudimos sacar fotocopia .

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