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TOLIMA SE FUE AL DESCENSO EN LA MÁS COMPLETA INDIGENCIA

TOLIMA SE FUE AL DESCENSO EN LA MÁS COMPLETA INDIGENCIA

Hace más de un año, se detectaron fallas en la estructura del Estadio Manuel Murillo Toro... Y por eso, es caricaturesco observar como la gente empuja y aprieta en las graderías, mientras a su alrededor hay tribunas que se encuentran vacías. Apenas un ejemplo que capta la vista, en medio de la displicencia que reina en las entidades tolimenses, gubernamentales y privadas, al tratarse el tema del conjunto profesional. Aparte de la hinchada, que acompañó y llenó lo que podía llenar del estadio, son muy pocos los que colocan un peso.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
09 de noviembre 1993 , 12:00 a. m.

Ni la Alcaldía ni la Gobernación le tendieron la mano al Deportes Tolima. Lo dejaron morir en la más absoluta indigencia, como pobre que fue a través de toda su historia, contadas algunas excepciones. A nadie conmovió, ni siquiera cuando entró en estado comatoso en los últimos meses.

Fuimos un pueblo guerrero que aguantó largos años de violencia. Quizás por ello nos hemos vuelto pasivos. Ya nadie quiere pelear , decía un taxista para tratar de encontrar las raíces de esta desgracia deportiva. Y recalcaba los grandes esfuerzos que se hicieron para sacar adelante los Juegos Nacionales de 1970. Pero, años después, todo está abandonado.

El problema, entonces, se ha cultivado con el pasar del tiempo. Pasa por la falta de liderazgo, a todos los niveles, y termina en ese perfil resignado que mostró la hinchada al final del partido. Porque cualquiera se imagina una protesta aireada, el cordón policial rodeando a directivos, los carros antimotines y cosas por el estilo cuando a una ciudad le arrebatan parte de su corazón.

Lo del domingo no tuvo ese epílogo angustioso y dramático. Media hora después de finalizado el encuentro, la ciudad entraba de nuevo en un marasmo. Indiferencia porque algún día tenía que pasar. El año pasado nos salvamos de milagro, pero las equivocaciones tienen que pagarse .

Un reflejo de estos errores se vivió recientemente: se armó un grupo cívico con personajes de la vida ibaguereña con el fin de encontrar soluciones a la cantidad de problemas que inundan el ambiente. Uno de ellos, la reinstalación de Telepacho. Otro, por supuesto, Deportes Tolima. Y esto último no se pudo porque los orientadores del movimiento no pudieron saber quién o quiénes eran los dueños de la institución.

Un día cuenta Alfonso Trujillo, el presidente arreglé por equis suma de dinero el contrato de un jugador, tras la pelea normal. Mi sorpresa vino cuando me enteré de que ese mismo futbolista tenía el doble de lo pactado porque el mayor accionista así lo quiso .

Con la administración en Ibagué, con los dueños en otras ciudades del país, con los rumores y chismes que van y vienen, pues el equipo perdió el rumbo. Apenas obvio. Inició Jaime Rodríguez como técnico, tuvo diferencias con los mayores accionistas y quedó Arturo Boyacá. Luego, apareció un bloque de viejos amigos del Tolima que encargó a Luis Oviedo. Por último, fue convocado Jorge Luis Bernal porque es de la tierra, quiere al club y hará lo imposible para salvarlo .

Sobre el final de la carrera, hasta tintes políticos flotaron. Gabriel Camargo, presidente del Tolima en la mejor época del club (subcampeón 1980-1981), quiso aportar su granito de arena y logró el préstamo de dos paraguayos como refuerzo (López y Doldán). Entonces, se plantó la idea de los camarguistas y los anticamarguistas por la campaña del dirigente para llegar al Senado.

Una suma de razones que, de una u otra forma, han ido aparejadas con la historia del club vino tinto y oro. Que ahora se notan mucho más sobre unas calmadas aguas, simplemente por el descenso de categoría.

Todo es valedero y corregible. Pero, lo más preocupante y triste es la indiferencia frente a una calamidad. Ahora, en los malos momentos, es cuando se debe sentir más la solidaridad de un pueblo que ha perdido parte de su orgullo...

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