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DESDE LA BARRERA

DESDE LA BARRERA

Cuando no se corre ningún riesgo todos sentamos cátedra, sobre lo humano y lo divino. Y así aconteció la semana pasada con el desplante del rector Antanas Mockus; y ocurrió con la censurable conducta del director de Coldepores, acusado por varias mujeres de acoso sexual. Esos temas, semiverdes, desplazaron de los medios masivos el análisis de asuntos de vital importancia para Colombia, como el nuevo Código de Procedimiento Penal, cuya aprobación culminó con la vil agresión de que fue víctima el senador Darío Londoño, gran defensor de esa ley y de la ley de orden público. Frente al caso del rector de la Nacional, quien irrespetado por estudiantes que con un lenguaje procaz le impedían hablar, él reaccionó a tono con el ambiente y les mostró el trasero a los jóvenes. Obvio, la reacción en contra suya fue instantánea. El país no podía aceptar que el rector de la universidad más importante del país cometiera semejante desplante. Su lenguaje simbólico, que al parecer no entendieron los d

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
08 de noviembre 1993 , 12:00 a. m.

Yo, escandalizada como todos, luego de oír argumentos en defensa del rector, me conmoví al escuchar la entrevista que concedió a Darío Arizmendi. Y aunque no me gustó el tono de la misma, ni el enfoque irónico y jocoso que le dio el entrevistador a sus preguntas, Mockus se mostró como un ser sencillo, de una gran calidad humana, quien al abrir su alma a los televidentes dejó ver que tras su imagen fría de matemático superdotado, de genio extravagante, que goza burlándose de sí mismo y de los otros, hay una persona sencilla, emotiva, sentimental y vulnerable.

Más censurables me parecen los escándalos protagonizados por el director de Coldeportes, contra quien pesan otros cargos fuera del acoso sexual. Total que, cotejando una cosa con la otra, creo que aquí hay cosas más graves, censurables e inmorales que bajarse los pantalones frente a unos estudiantes irrespetuosos y vulgares.

Como es de enorme gravedad, a mi juicio, darle pantalla gratuita a un delincuente de la talla del cura Pérez. Como colombiana encuentro indignante constatar que un cura extranjero tiene montada en nuestro territorio una organización de terroristas que atenta contra la vida de los colombianos y sistemáticamente destruye nuestro patrimonio. Tiene razón el ministro de Gobierno al pedirles a los comunicadores un mínimo de sensatez. En aras de la chiva no pueden hacer el peligroso papel de idiotas útiles. Y, en este caso, de cómplices de los terroristas. Por qué, cómo obtuvieron las cintas que transmitieron en los noticieros? Cuánto pagaron? A cambio de qué las transmitieron? Pues no hay que olvidar que a esos enemigos de la sociedad los persiguen las fuerzas del orden. Y hacerles el juego a organizaciones delictivas es más que censurable: es punible.

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