CENSO, DEL AFÁN SOLO QUEDA EL...

CENSO, DEL AFÁN SOLO QUEDA EL...

Colombia tiene realmente 35,8 millones de colombianos?. Hoy por hoy muchos se están haciendo esa pregunta porque el Censo de población y vivienda, que se realizó el año pasado, está en entredicho. Desde que el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane) reveló las primeras cifras sobre sus resultados, comenzaron a llover críticas por los múltiples errores.

27 de noviembre 1994 , 12:00 a.m.

El Censo de población y vivienda, que se realizó el año pasado, está más enredado que un bulto de anzuelos .

Desde que el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane) reveló las primeras cifras sobre sus resultados, comenzaron a llover críticas por los múltiples errores que se cometieron, lo cual ya ha dado para varios debates en el Congreso.

El balance que presentó la nueva directora del Dane, María Luisa Chiappe, fue contundente y dejó a todo el mundo atónito. Su informe dejó claro que el Censo está lleno de inconsistencias y que los resultados no son los más confiables.

Cuando se comenzó a destapar la verdad de lo que había pasado, el país se preguntó si se había perdido el esfuerzo de todos los colombianos y los 26.000 millones de pesos que se gastaron para saber cuántos somos y cómo vivimos.

Aunque son muchas las fallas y faltó contabilizar a por lo menos el 12,5 por ciento de la población, hay consenso en que el censo se puede salvar.

Para Chiappe, el censo no se perdió. El empadronamiento estuvo razonablemente bien hecho . Los problemas radican en la fase posterior a la recolección de datos. Lo mismo plantean el exdirector del Dane, Rodolfo Uribe, investigadores de la Universidad de los Andes y los demógrafos consultados por EL TIEMPO.

Fue apresurado En el debate que ha generado el Censo, para la mayoría es claro que todo estuvo muy bien planeado y lo que se hizo durante los tres años de preparación permitía pensar que el conteo de la población sería casi perfecto.

Se miraron modelos mundiales, especialmente el de Estados Unidos, se montó toda una infraestructura para una base estadística nacional y se modificó a fondo el manejo del Dane.

Todo funcionó como un reloj, hasta el día del empadronamiento. Pero a partir de ese momento, no sólo se bajó la guardia, sino que se apresuraron las cosas por cumplir con una fecha y se empezaron a cometer errores.

El primer problema se presentó a la hora de digitar toda la información. Después de que la empresa Thomas de la Rue recogió los formularios en todo el país y los llevó a las regionales del Dane, vino la discusión sobre quién iría a meter los datos en computador.

Se abrió una licitación, que al final se declaró desierta, porque la compañía que se presentó cobraba un ojo de la cara por el trabajo. Pidió 73 centavos por meter cada caracter al computador y eso disparaba los costos. Se estimaba en ese momento que serían 8.600 millones de caracteres y que el trabajito costaría cerca de 6.300 millones de pesos.

El entonces director del Dane, Rodolfo Uribe, encontró una alternativa muy barata. Contrató al experto en sistemas Jaime Enrique Varela, quien se encargó de coordinar un negocio con nueve compañías procesadoras de datos en todo el país. Para asombro de todos, el costo del mismo trabajo se redujo a menos de 1.400 millones de pesos.

Las compañías ya no cobraban por cada caracter que metían al computador, sino por cada vez que se almacenaban datos y de 8.600 millones de caracteres se pasó a 2.600 millones de operaciones de almacenamiento, a 53 centavos cada una.

A la postre, como reza el dicho popular lo barato salió caro . En efecto, la falla más grave del censo se produjo en el momento de grabar los datos.

Los digitadores metieron al computador dos y tres veces algunos formularios. Revolvieron datos de varios municipios, como sucedió por ejemplo con un guardaespaldas de Luis Carlos Sarmiento Angulo, de Bogotá, y varios trabajadores de la Caja de Compensación Familiar Cafam, que aparecían censados en Mompox.

En un documento elaborado hace pocos días por el Comité Técnico del Censo, que se había mantenido en secreto y que conoció EL TIEMPO, quedaron claras las debilidades del censo. Y son muchas.

Puntos críticos El informe confidencial revela que hasta en Barranco de Loba (departamento de Bolívar), aparecieron informes de personas censadas en Bogotá, que nunca se encontró en el sistema la información del municipio de Cáqueza, no obstante que hay reporte escrito de que se entregaron los formularios para ser grabados.

Pero hay más. Las firmas contratadas no solo metieron a la brava los datos en los computadores, sino que desordenaron todos los formularios. Al final, entregaron los discos con la información computarizada y muchas cajas con formularios revueltos. Por eso fue necesario revisar caja por caja y confrontar los datos con los que traían los discos.

Al parecer, estos problemas se generaron porque no se adoptó un sistema de control de la grabación de los resultados y procesamiento de datos. Para otros, se trata simplemente de un error que cometió el ex director del Dane, Rodolfo Uribe, al despedir a cerca de 1.000 personas de la institución, mientras se realizaban las primeras fases del Censo. Por eso hubo que hacer tantos subcontratos con el sector privado y se perdió calidad en el proceso.

Aunque la cifra no es oficial, se cree que sólo el 30 por ciento de los datos está correctamente grabado. Esto significaría que habría que volver a meter a los computadores el 70 por ciento de la información. Actualmente, el Dane está digitando de nuevo toda la información de los departamentos del Valle, Cauca y Nariño. Otras regiones esperan turno.

Como el Dane no ha terminado de revisar toda la información, podría suceder que la situación no sea tan crítica. No obstante, se sabe que por baja que sea, la regrabación de datos y consolidación de resultados le implicará al Gobierno desembolsar entre 3.000 millones y 6.000 millones de pesos adicionales para salvar el Censo.

Rodolfo Uribe dijo que le extraña que quedaron 2.300 millones de pesos del presupuesto del Censo para firmar contratos con las universidades y que la nueva administración los frenó. Dichos convenios se harían para que el sector académico analizara cada una de las variables investigadas en el Censo, para ver qué tan confiables son los resultados.

La directora del Dane, por su parte, dijo que es apenas obvio que se frenaran esos contratos, porque primero hay que revisar los datos, y esperar que sean confiables, para que las universidades comiencen a analizarlos.

Y cuántos somos? La polémica sobre el censo y la precisión de sus cifras, parece que va a dar para mucho rato. La directora del Dane aseguró a EL TIEMPO que definitivamente no podrá dar a conocer datos exactos antes de octubre del año próximo. Esa fecha concuerda con los modelos internacionales, que indican que para un buen procesamiento de los resultados se requieren por lo menos 12 meses después de la recolección de datos.

Para la mayoría de los analistas consultados, fue un error haber salido a dar unos resultados parciales, sin tener plena seguridad sobre su confiabilidad.

Según ex funcionarios que participaron en el Censo (pidieron mantener sus nombres en reserva), en varias ocasiones le dijeron a Rodolfo Uribe que le comunicara al presidente de la república, César Gaviria, que no era posible dar a conocer los datos en la fecha prevista.

Sin embargo, Uribe se molestó y dijo que como fuera había que cumplir con el compromiso de informarle al país los resultados del censo el jueves 30 de junio de 1994. Y así lo hizo.

Mucha tela para cortar En los debates que se comenzaron a realizar en el Congreso surgió una gran duda: realmente somos 35 860.680 colombianos? Aparte de que para muchos esa cifra es más alta de lo estimado, se ha cuestionado la tasa de crecimiento de la población, que todos creían que era una de las más bajas del mundo en desarrollo.

Según los resultados del Censo, la población de Bogotá creció entre 1985 y 1993 a una tasa cercana al 5,0 por ciento anual y el país en total presentó una tasa del 2,2 por ciento. Para muchos estas variaciones son desproporcionadas, porque ya muchos hablaban de aumentos de 1,7 y 1,8 por ciento.

La respuesta a estas inquietudes solo se tendrá cuando se revisen los resultados y se decida si el 24 de octubre de 1993 Colombia tenía más o menos habitantes.

Lo que sí parece difícil de resolver son las múltiples quejas que han surgido de alcaldes y gobernadores, porque consideran que sus regiones tenían más gente de la que se dijo en los datos preliminares.

Hasta el momento, se han recibido quejas de 160 municipios, de los 1.047 censados. Rodolfo Uribe dijo que hasta su retiro de la dirección del Dane alcanzó a revisar 25 casos y que los demás le corresponden a la nueva administración.

Pero como la nueva directora prometió que escucharía todos los reclamos para revisar las cifras, es probable que en pocos meses la lista de solicitudes haya crecido desaforadamente.

El director del Centro de Estudios sobre Desarrollo Económico de la Universidad de los Andes (Cede), Alvaro Montenegro García, comentó que el debate por los resultados del censo puede crecer, porque de sus resultados dependerán en los próximos años la distribución de recursos del Estado y la participación de las regiones en la elección de representantes a la Cámara.

Como la distribución de los recursos se hará con base en el número de habitantes y sus niveles de Necesidades Básicas Insatisfechas, es probable que muchos representanres y autoridades regionales den una larga pelea para que se recuenten los habitantes de sus regiones.

Si el Censo no recibe la bendición del Congreso, el país tendría que seguir trabajando con las desactualizadas y cuestionadas cifras del Censo de 1985, que fue validado por la nueva Constitución.

Las perlas del censo -El XVI Censo de Población y V de Vivienda, se hizo para saber cuántos colombianos somos, cómo y dónde vivimos y cuál es el nivel de educación que ha alcanzado la población.

-No existe un informe evaluativo del operativo del censo para cada municipio, lo cual dificulta la estimación de posibles errores.

-No se hizo el conteo manual, que es un requerimiento básico de todo censo. Si se hubiera hecho, se habrían podido obtener rápidamente los resultados globales y detectar problemas de cobertura. El ex director del Dane, Rodolfo Uribe, sostiene que en un momento en que dominan los computadores, ese sistema es caduco y no tiene sentido.

-El proceso de acopio y ordenamiento del material físico (los cuestionarios) no se hizo en todos los municipios del país. Y lo peor, el desorden fue mayor cuando las empresas dedicadas a grabar los datos los revolvieron, lo cual ahora dificulta localizar buena parte del material.

-Cuando se decidió que la grabación de los resultados la hicieran empresas privadas, se establecieron estándares para garantizar la calidad del trabajo. Pero después se detectó que esas medidas no eran las indicadas y, para completar, que en algunos casos ni siquiera se cumplieron.

-Las firmas digitadoras tuvieron fallas en el control del material y la supervisión de los digitarores. Por eso hubo registros duplicados, es decir las mismas personas supuestamente censadas en diferentes partes.

-La muestra de cobertura, que permite saber cuál fue el cubrimiento real del Censo, se hizo en 72.000 hogares. Los resultados fueron, en términos generales, muy aceptables, según varios analistas. El 96 por ciento de los encuestados recordó que lo habían censado. Y al comparar esos resultados con los que realmente se encontraron del 24 de octubre, el 92 coincidía. En otras palabras el error promedio fue de 8,0 por ciento, que está entre los parámetros internacionales.

-De los 16 censos que se han hecho en Colombia, ninguno ha sido aprobado. Todos fueron cuestionados por incompletos o inconsistentes. Por ejemplo, el de 1973, se conoció siete años después. Actualmente se utilizan como cifras oficiales las del Censo de 1985, porque fueron avaladas a última hora en la Asamblea Nacional Constituyente.

-El costo del censo en Colombia fue de unos 800 pesos por persona, mientras que los promedios internacionales, según Naciones Unidas superan los 1.600 pesos (dos dólares).

-Mientras que la mayoría de los alcaldes y gobernadores que se han quejado lo hacen porque consideran que son más, el de la Guajira se quejó porque considera que son muchos.

-Aunque algunos han sostenido que el acelere para dar las cifras se presentó por presiones del presidente César Gaviria, el ex director del Dane, Rodolfo Uribe juró que nunca recibió una llamada en ese sentido de parte del jefe del Estado.

-El Concejo de Unión (Valle del Cauca) considera que la población es de 32.000 personas y no de 16.000. Las revisiones indicaron que fueron 24.555.

-En Pensilvania, Caldas, supuestamente había 21.176 personas, según los primeros resultados. El alcalde protestó y dijo que eran 29.000. Pero las revisiones preliminares demostraron que son unas 24.000 personas.

-En Santo Rosa del Sur (Bolívar), los datos publicados fueron 17.000 habitantes. Según el alcalde, se hizo un conteo manual, que arrojó 22.000. Los resultados del computador dieron dos cifras muy diferentes, 12.627 en junio y 22.627 en julio. El tabulado final fue de 22.627 habitantes.

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