RINCÓN REPUBLICANO EN CHAPINERO

RINCÓN REPUBLICANO EN CHAPINERO

En la esquina de la calle 62 con carrera novena sobrevive la casa que habitó el prócer de la independencia general Francisco de Paula Vélez, hijo de Antonio Vélez y Rufina Carbonell. En la primera década del siglo XIX fueron colocados los cimientos de tapia pisada y ladrillos en adobe para levantar esta hermosa casa de tipo republicano, con corredores de piedra y barandas de madera que bordeaban sus jardines, las habitaciones y el solar para comunicarlos entre sí.

06 de noviembre 1993 , 12:00 a.m.

La construcción original se parecía a una herradura, cuya boca miraba hacia occidente y estaba cerca de las orillas de la quebrada Las Delicias, que bajaba de los cerros orientales y cortaba en dos la parte sur y la parte oriental del solar. La casa se comunicaba entonces con los alrededores por medio de dos puentes.

El primero estaba situado en donde hoy se unen la calla 63 y la carrera 8a., que se denominó puente tapao porque tenía un techo y trazaba el sendero hacia el Camino Real. El segundo daba acceso a los bosques de pinos de la parte sur. Se lo conoció con el nombre de puente destapao . Ambos sobrevivieron hasta 1930, cuando se canalizó la quebrada y con ella su encanto y su vida.

Los primeros moradores de la casa fueron los padres dominicos, que la utilizaron como lugar de descanso y meditación.

El rastro histórico de la vivienda se pierde entre los ecos del grito de libertad americana y los acontecimientos de las guerras civiles del siglo pasado.

En 1854, el héroe de Puerto Cabello, general de brigada Francisco de Paula Vélez, que recibiera de manos de Simón Bolívar el título de buen ciudadano, habitó en este hogar, descrito por los historiadores como de anticuada apariencia y cercana a la capilla de Chapinero , antecesora de la actual iglesia de Lourdes.

En 1861, tropas del general Tomás Cipriano de Mosquera la utilizan como cuartel antes de la toma de Santa Fe. Queda la duda de si el supremo director de la guerra, el ilustre Mascachochas , también estuvó allí.

En 1892, la casa es adquirida por la familia Laverde, que por más de cien años le ha prodigado sus cuidados para mantenerla en pie contra los designios del tiempo y el olvido.

A principios del nuevo siglo, en su interior funcionó el consultorio del médico Coriolano Laverde, funcionario del Ferrocarril del Pacífico, que atendió en varias ocasiones los desmayos de la señora Sofía Angulo, esposa del general Rafael Reyes.

Pero no bastaron el celo y el respeto de los Laverde por este monumento de la arquitectura santafereña para mantenerlo intacto. En 1917, los temblores echaron por tierra la mitad de su estructura. El ala norte de la casa se derrumbó para siempre.

De la casa se salvó una parte que hoy tiene forma de ele, cuya base mira hacia los cerros.

En 1970, sirvió como restaurante con el nombre de Los Años Veinte. Este centro de gastronomía quebró y sus dueños fueron demandados por sus acreedores. Lo inverosímil estuvo en que los secuestres, apoyados en trámites de carácter legalista, no tuvieron inconveniente en arrancar las puertas de la sala, el comedor, las cerraduras y las ventanas para convertirlas en leña para la estufa. Los utensilios de cobre de la cocina también sufrieron del vandalismo legal.

Una vez restaurada, pasó a manos de doña Ligia Hauzeur Laverde, hermana del general retirado Alberto Hauzeur, que vivió sus primeros años en la casa, a la sombra del recuerdo del prócer granadino para conservar en su memoria lo que los libros no consignaron.

El general Hauzeur fue enlace del Batallón Colombia en Tokio, durante la guerra de Corea, y jefe militar de Palacio en la presidencia de Alberto Lleras Camargo.

En 1993, el señorial recinto retiene en su vientre los corredores, por sobre los cuales pasó la independencia con su carga de historia. El resto hay que comenzar a hilvanarlo en el telar de la recuperación urbana, para que el patrimonio nacional no pase por el terremoto de la indiferencia y tenga que preguntarse quién fue Francisco de Paula Vélez.

Encuentro en la casa de hoy En la actualidad, la antigua morada del general Vélez sirve como centro de recepciones, conferencias y matrimonios. De esta forma, su dueña, doña Ligia Hauzeur Laverde, puede solventar los gastos de su mantenimiento, porque no tiene ayuda de ninguna entidad del Estado.

Las habitaciones fueron convertidas en siete amplios salones y un bar adornados con litografías sobre la Expedición Botánica y muebles rústicos, que le dan un ambiente especial para atender todo tipo de compromisos sociales.

El jardín interior ha sido adaptado para albergar especies de árboles frutales, como peros, cerezos y duraznos, que recuperan un poco el aroma de las haciendas sabaneras.

En la parte oriental, donde antiguamente existió un solar con su huerta, se construyeron dos casas, donde actualmente habitan los hermanos Hauzeur Laverde.

El mayor problema que tiene la casa son los tejados, que son víctimas de las goteras producidas por las rondas nocturnas de los gatos que corren las tejas, en su mayoría originales.

En la fachada principal existe una placa de la Academia de Historia, en reconocimiento a su valor histórico como patrimonio de Bogotá.

La conservación de la construcción se debe a los esfuerzos de doña Ligia, que la ha sostenido en pie con sus propios recursos, evitando así los embates de un desarrollo urbano demoledor.

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