TRIUNFOS DEL GOBIERNO

TRIUNFOS DEL GOBIERNO

Desde cuando el Presidente declaró la conmoción interior y la guerra integral sin que esa mentalidad esté aún generalizada en la ciudadanía, el Gobierno ha obtenido ciertos triunfos militares, y lo justo es reconocerlo. A pesar de que continúen las voladuras de oleoductos y estemos amenazados a un sintomático racionamiento de gasolina que, de imponerse, va a golpearnos muy de cerca. Las bajas registradas a la guardia personal de Pablo Escobar y, ahora, el primer golpe al ELN con la captura de Francisco Galán tercero en la cúpula de dicha organización no pueden atribuirse, apenas, a la buena suerte. Sino a que las medidas oficiales para afrontar el problema de la violencia y el orden público las recientes pero también las adoptadas muy inicialmente están dando, por fin, los resultados esperados. Me refiero concretamente al sistema de la delación.

09 de diciembre 1992 , 12:00 a.m.

Que se sepa, este método ha funcionado tanto en los casos de Taison y El Palomo como ahora en el de Galán. Todos, desde luego, nos preguntamos cómo opera; quién delata o, mejor, quién se atreve a hacerlo y, si es verdad que en la medida en que aumentan los millones por el se busca, como en las películas del viejo oeste americano, la delación resulta más eficiente.

Como se observa, se trata de un instrumento vital del sistema acusatorio, que se emplea con fines muy precisos y en círculos muy especiales. O sea, las atractivas ofertas que desde el punto de vista económico el Gobierno ha formulado tanto por Escobar como por los principales cabecillas de la Coordinadora Guerrillera, son aplicables o se trata de que lo sean entre los mismos que rodean a cuantos son buscados por la Justicia (podría decirse que la plata se coloca como una tentación para que caigan los compinches de aquéllos), según se comprueba por el escalofriante testimonio que publica Semana, de acuerdo con el cual la captura de Galán se logró en virtud de que lo delató un amigo íntimo . Ni más ni menos.

Tal es el primer paso de esta concepción de la Justicia. Una vez detectado el objetivo y cogido el sujeto vivo y no muerto viene la segunda parte. Consistente en que el reo informe sobre el posible paradero de sus demás compañeros, sus planes y operativos, a fin de que al culminar el proceso si es que éste culmina sin la fuga del aprehendido tales confesiones voluntarias le sirvan para atenuar la pena, como se presume que ocurrirá con Carlos Lehder cuando finalice el juicio contra Noriega.

El gran creador de todo esto, en nuestro medio, fue el doctor Jaime Giraldo Angel, el mejor ministro de Justicia que ha tenido el actual régimen y también los inmediatamente anteriores durante muchos años. Lástima que el Gobierno, por razones que se desconocen, no le haya reconocido tales méritos a Giraldo, y curiosamente lo mantenga en el ostracismo. El fue, asimismo, quien concibió exitosamente el régimen de sometimiento a la Justicia por parte de los narcos, que si no funcionó en el caso de Escobar fue, a la postre, debido a torpezas posteriores, en las que Giraldo no tuvo arte ni parte, y a complacencias y descuidos inauditos, que terminaron por desvirtuar la bondad de las medidas.

Ahora le corresponde al Fiscal General velar porque tanto los juicios de quienes se encuentran tras las rejas de la cárcel de Itagí se desarrollen ágilmente, y conforme al debido proceso, lo mismo que el de Francisco Galán. Qué responsabilidad tan macha la que se ha echado sobre sus hombros el doctor Gustavo de Greiff! Sin prepotencias ni alardes deliberados, De Greiff simplemente está cumpliendo con su deber como toca. Y eso es lo insólito, porque ha dejado de ser lo común. Yo no he escuchado, por parte del señor Fiscal, ni una declaratoria de guerra ni cosa por el estilo. Sencillamente lo que se ha propuesto y limitado es a aplicar la ley, que es algo que en Colombia se había vuelto excepcional. Con firmeza pero sin despliegues vanidosos de ninguna índole, sino como es y ha demostrado ser De Greiff: sobrio, austero y, posiblemente, el más valiente de todos nosotros.

Por supuesto que se trata del colombiano más amenazado y cuya vida corre sin duda mayor peligro. Y por ello debemos rodearlo, comenzando por el Gobierno, aunque no apenas con dos carros de policías destartalados y que no sirven para protegerlo. Porque Gustavo de Greiff es, de sobra, el personaje del año en Colombia, y es casi seguro que si él faltara, por alguna circunstancia, probablemente no habría otro Fiscal igual.

Le aguardan, además, nuevos desafíos, como si los retos afrontados fueran pocos. Pues además de que ya se ha metido, también, con el llamado cartel de Cali, al Fiscal le compete velar para que esta institución de veras funcione.

Me refiero a los fiscales delegados y descendientes en todo el país, a quienes les corresponde investigar y acusar, si hubiere lugar, y en todo caso no entrabar los procesos, como aún ocurre. Es el caso, por ejemplo, del que se lleva a cabo con el ex alcalde Juan Martín Caicedo Ferrer, que ha estado tan lleno de sobresaltos, por decir lo menos.

Lo importante, en esta lucha frente al crimen, no es sólo que el Gobierno no desfallezca, una vez declarada la guerra, sino que además el Estado encarnado en sus instituciones y en quienes llevan su vocería se obligue a investigar lo favorable como lo desfavorable al imputado, según manda la Constitución; y a respetar sus derechos fundamentales y las garantías procesales que le asisten, para evitar precisamente las posibles denuncias de los comités de derechos humanos, o para afrontarlas sin los complejos de conciencia que nos caracterizan.

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