‘La guaca era un sueño que se volvió la mas terrible pesadilla’: soldado

‘La guaca era un sueño que se volvió la mas terrible pesadilla’: soldado

El lunes Santo del año 2003, un grupo de soldados participaba en una operación de búsqueda de los tres militares norteamericanos secuestrados por las Farc. En la zona, en La Macarena, se habían realizado ya varios combates con la guerrilla.

24 de junio 2007 , 12:00 a.m.

Hallaron lo que parecía haber sido un gran campamento de las Farc y comenzó en sus alrededores la búsqueda de armas que habrían podido ser enterradas.

De pronto, un grupo de 5 soldados descubrió una caleta sepultada. La extrajeron, la abrieron y brotó el dinero.

La historia es bien conocida. Todos los soldados que descubrieron las guacas están hoy libres. El Tribunal superior Militar anuló el juicio, reconociendo que fue violado el debido proceso por desconocer derechos fundamentales de los soldados y ordenó reiniciarlo.

El siguiente es el primer reportaje que se realiza con uno de los llamados “soldados de la guaca”. Se omite su identidad, por razones de seguridad. Su relato es el primer testimonio auténtico y directo de lo que realmente ocurrió.

¿Cómo hallaron las caletas? Estabamos en la vereda Las Morras, llegando a La Macarena, entre Meta y Caquetá, cuando descubrimos un gran campamento. Pero no había nadie ni nada.

Comenzamos a buscar armas enterradas, escarbando con machetes.

Un par de días después del hallazgo del campamento, uno de mis compañeros me dijo que me daba un regalo: ¡Era un pequeño fajo de billetes! Quedé asombrado y pregunté qué significaba. Me contó que él y otros 4 muchachos habían descubierto una caleta llena de dinero.

¿Ustedes eran cuántos en total? Éramos 147, en dos compañías separadas como a kilómetro y medio. Al día siguiente del hallazgo de la caleta, fui a recibir mi turno de guardia cuando escuché por allá a alguien escarbando; fui a mirar con curiosidad y encontré a mi compañero sacando de la tierra una caneca forrada en un plástico negro; lo ayudé.

Creímos que era munición y no: era la segunda caleta con dinero. La escondimos pero comenzó a regarse la bola y todos empezaron a buscar. Fueron apareciendo más y más caletas. Los que iban encontrando les iban dando a los otros.

¿Y cuántas caletas aparecieron? Unas 18. Solo billetes de 20 mil pesos. Estaban bien selladas con cinta y con químicos para que la hormiga no se metiera. Todos los billetes estaban intactos.

¿Estaban muy en la superficie? No. A unos 40 o 50 centímetros de profundidad. Usted miraba en el monte y no veía nada. Qué iba uno a imaginar que por ahí iba a encontrar semejantes caletas.

¿Las canecas tenían algún letrero, algún número, algo? Sí, cada caleta tenía el nombre de una mujer.

¿La que usted encontró cómo se llamaba? No me acuerdo, de la felicidad, no me acuerdo. Vi una que se llamaba Kelly.

¿Ninguna otra señal? Sí, la cantidad que contenía estaba marcada. La que encontré tenía 350 millones.

¿Y qué hizo con la caneca? La volví a enterrar… pero vacía.

¿Cada caneca se repartía entre los que la hallaban? Sí y entre los que se dieran cuenta; entre su ‘combo’.

¿La segunda caleta estaba ubicada a cuánta distancia de la primera? No le sé decir, porque no vi el punto de donde sacaron la primera. Pero, alrededor de la que yo encontré había otras, a unos 5 metros de distancia.

¿Y las 18 estaban en esa área? No. En ese sector yo conté unos 12 huecos. Las otras fueron halladas lejos.

¿Y había alguna señal que indicara en dónde estaban los ‘entierros’? Sí, parecía como un juego de niños. Había unas señas en los árboles; uno distingue entre una seña natural y una hecha por el hombre; un machetazo en un palo, uno lo conoce; había rasguños hechos por hombres; cada señal lo botaba a uno a otro punto y a otro punto; yo seguí el juego hasta que hallé una caneca enterrada; estaba vacía, ya se habían llevado la platica.

¿Quiénes? Otros. Nos dimos cuenta de que otra gente las había desocupado; no sé quien.

Después de que apareció la primera caleta, ¿cuánto tiempo duraron buscando? Unos 15 días. Pero el rumor llegó a los muchachos de la otra compañía.

¿Y con las dos compañías, participaron todos? ¿También los oficiales? No, no, no. Ellos no se metieron con nosotros para nada, en ese sentido.

Solo los soldados. Los oficiales no se ensucian las manos.

¿No recibieron dinero? Cuando digo que no se ensucian las manos es que no van a escarbar. Pero los ‘manes’ también recibieron plata.

¿Los mandaron a buscar? No, no. Eso era iniciativa personal; uno cogía su fusil y arrancaba solo...

¿Quién era su jefe? Un cabo. Me descubrió cuando yo iba con un bolsito, del cambuche hacia donde tenía la plata escondida. Los nervios me delataron. Me tocó decirle que “había encontrado su pensión”, que se callara y arrancara conmigo.

Cuando vio la caleta el hombre quedó pálido; me preguntó que eso de quién era; le dije que la había encontrado y que tomara lo que quisiera. Lo hizo y se fue con nosotros.

Los de la otra compañía se enteraron y dijeron que ellos también querían participar; comenzaron a buscar en otra zona y hallaron tres canecas con dólares.

Esa ‘otra zona’, ¿estaba muy lejos? A unos 300 metros. Es que las otras estaban a 5 metros, una de la otra.

¿Y por que escarbaron tan lejos? La curiosidad del soldado.

¿Pero por qué ahí y no en otro lugar? Porque alrededor de nosotros ya habíamos escarbado todo.

¿Cuánto tiempo transcurre desde el descubrimiento de la primera hasta el de la caneca 18? Póngale 8 días; a toda hora buscando por todas partes, desde que amanecía.

¿Todos los hombres de las dos compañías? No. A algunos les daba miedo pisar por ahí un campo minado.

¿Y cómo sacaron el dinero? En el equipo normal. Por eso es exagerado cuando hablan de cientos de millones y millones para cada uno.

Vea: coja un equipo con quince días de víveres, cobija y todo el material de intendencia, mire a ver cuántos billetes le caben.

¿Pero las provisiones no las botaron? No; no se botó nada. Cuando nos trasladaron entregamos el equipo completo.

De hecho, en una indagatoria, el que era comandante mostró las actas.

¿Cuándo y por qué los trasladan? Nos informaron que ya se había hecho el helipuerto y llegó la orden de salir. Nos sacaron de esa selva y nos botaron en la carretera Neiva-San Vicente.

Nos trasladamos un tiempo a pie; imagínese nuestro estado con el peso que llevábamos de los víveres y la plata.

Caminamos dos días, algo más de 35 kilómetros hasta llegar a un caserío que se llama Puerto Amor. Allí compramos comida, gaseosas, porque durante el tiempo que estuvimos en la selva solo comíamos arroz y micos.

Dormimos y al día siguiente madrugamos al aeropuerto de San Vicente. Cada uno con lo suyo. Comenzó el traslado por avión a Popayán y ocurrió el incidente del soldado que amenazó con una granada porque le habían robado el bolso.

¿Usted estaba en el avión? Sí , claro.

¿Y al soldado ciertamente le robaron el bolso con la plata? En broma, alguien le escondió el bolso. Cuando amenazó, se lo devolvieron.

Y llegamos sin problemas a Popayán. Más de uno comenzó a pedir la baja.

Días después circuló el rumor de que habían cerrado las casas de prostitución para el público; que solamente admitían militares ahí... que solamente querían ver soldados adentro... no más soldados.

¿Y usted fue a eso? No, yo no alcance a estar porque me fui para Bogotá, con mi bolsito. Me fui porque estaba bastante enfermo, andaba con desnutrición y diarrea severa.

¿Y a quién le dio la plata en Bogotá? A nadie. La escondí. Regresé a Popayán y empecé a enterarme de que muchos andaban encerrados en los prostíbulos. Todo el mundo estaba como loco y se regó el cuento a nivel nacional.

¿Y cómo contaron, finalmente, que habían hallado las caletas? Lo dijo un oficial, que no sé porque razones está dizque activo, si él también participó. Los medios de comunicación publican la noticia y quedamos detenidos; nos trataron como perros.

Pero hubo algunos que se alcanzaron a fugar...

Sí, claro; pero el coronel dijo que el que se quisiera ir que se fuera.

Muchos pidieron la baja y él las autorizó. Eramos 140; unos 50 se fueron. Mi coronel autorizó a otros 50. Inteligencia del Ejército comenzó a investigar y nos encerraron. El trato fue terrible, peor que a delincuentes.

Una unidad militar detiene a un guerrillero y le da trato excelente. A nosotros, sin agua ni comida, nos tuvieron una noche y un día. Luego, nos llevaron a diferentes cárceles militares.

¿Acusados de qué? No nos habían dicho de qué. A mí me mandaron al centro de reclusión de la PM-13. Ahí estuvimos detenidos seis meses.

Y cuando todo se supo, ¿lo obligaron a entregar el dinero? Sí, claro. Solo faltaba lo que me alcancé a comer.

¿Es cierto que les dijeron que había que volver a buscar más guacas? Sí. A mí, por medio de otros compañeros, me llamaron y me dijeron que habría una segunda operación para buscar más dinero. Yo dije que no estaba aburrido con mis pies buenos. Algunos fueron y no encontraron nada, nada. A un capitán lo destrozó un campo minado.

¿Y hoy qué piensa de todo esto que pasó? Fue un sueño que se volvió la más terrible pesadilla. En lugar de ser algo bueno, como soñamos, se volvió una tragedia. Nos metieron a la cárcel; nos condenaron a 7 años de prisión; a algunos les secuestraron familiares, a otros les asesinaron la familia y a otros nos intentaron secuestrar.

¿A usted intentaron secuestrarlo? Dos veces. Me imagino yo que delincuencia común, pensando que tenía millones.

Esto ha sido espantoso. Hay rumores de que dos o tres más de mis compañeros han sido asesinados. A un compañero le secuestraron la sobrina, a otro le secuestraron al hermano, a otro los padres, y así sucesivamente. Uno por uno...

¿Y usted cómo se salvó? En el primer intento me les volé y en el segundo me tocó enfrentarme a ellos a bala. Gracias a Dios no salió nadie lastimado, pero por lo menos no ‘jodieron’ más.

¿Y qué va a pasar ahora? Es triste porque ya pagué condena y otra vez vuelve el juicio. Esto ha sido una experiencia amarga; desprendido de los hijos, de los padres, de la esposa y la familia. Es triste llegar a casa y que sus hijos no lo reconozcan por el tiempo que estuvo encerrado. Eso es muy duro.

¿Ustedes nunca pensaron en entregar al Ejército la plata que hallaron? No, porque nosotros no estábamos cometiendo ningún delito.

Si usted pudiera regresar el tiempo, ¿volvería a hacer exactamente lo que hizo? Sí.

¿Y volvería a esconder la plata? Sí, pero esta vez no la entregaría.

¿Por qué se arrepiente hoy de haberla entregado? Porque lo único que tengo son deudas y mala fama.

¿Y por qué la entregó? Por güevón.

‘‘ En lugar de ser algo bueno, se volvió una tragedia. Nos metieron a la cárcel; nos condenaron a 7 años de prisión. A algunos les secuestraron familiares, a otros les asesinaron la familia y a otros nos intentaron secuestrar”.

Soldado libre tras la anulación del juicio contra los de la guaca.

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