'Lo grande que es perdonar’

'Lo grande que es perdonar’

En una sala de exposiciones de la capital de un país que todavía no sabe lo que significa la canción Lo grande que es perdonar suenan sin cesar las voces del reguetonero Vico C y del salsero Gilberto Santa Rosa, que cantan en reguetón suave: “No me mates más con ese rencor/ No me tires más con la soledad/ No hagas alianzas con el dolor/ No empeores mi realidad.”

08 de junio 2007 , 12:00 a. m.

Hay que hacer un esfuerzo para entender que se está en la exposición de Adriana Arenas Lo grande que es perdonar, en la galería Casas Riegner, del norte de Bogotá, y no en un barcito al frente de la Universidad Nacional.

Eso, aunque en una pared hay fotos de camisetas con el rostro del Che Guevara. Incluso tres cuadros con dibujos de un manual que escribió el guerrillero para enseñar a construir trampas antitanques, refugios contra morteros y un lugar para dormir en la selva, pero que tienen aves de un clásico de los ornitólogos: Pájaros de Colombia. Eso sí, todo en tiernos colores pastel.

Entonces, uno no se siente en el lugar equivocado sino en Colombia. “También está la silla Rimax de plástico –dice la artista de Pereira–. Siempre están en las negociaciones con la guerrilla, en los lugares donde se reúnen los paramilitares, también en las fiestas, por todas partes”.

La exposición no da respiro. Hay paredes repletas de círculos como miras: “Son marcas de los GPS (usados para hallar lugares por satélite) –explica Adriana–. Lo que están entregando los comités de reparación en Colombia son los sitios donde están los muertos y los marcan con estas señales en el GPS”. Un dato curioso: las miras son azul y rosado. “Cuando uno es pequeño, el color de los niños es el azul y el rosado, el de las niñas”, dice Adriana.

“Sé que te hice mil heridas /Casi imposibles de sanar/Y nadie gana la partida /Pues tú allí y yo acá...”, sigue el reguetón.

A todo se le agrega una lluvia de fusiles en un video. Son armas de juguete, que caen en cámara lenta. Para completar la alucinación, un holograma muestra una canoa en madera café, con fusiles erguidos y negros que parecen fantasmas, que flotan en un río que no existe. “La barquita la hizo un niño de Córdoba, de ocho años”, comenta Adriana.

Y en medio de ese ‘caos calmado’ Vico C y Santa Rosa siguen cantando: “Te doy hasta la luna con su esplendor/ Te doy hasta mi sangre por tu piedad/ Doy lo que sea para que tu corazón/Mire lo grande que es perdonar”, sigue sin parar la canción.

CASAS RIEGNER CALLE 70A NO 7-41, BOGOTÁ. TELÉFONO: 249 91 94

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