UN RECORRIDO POR LAS IGLESIAS TRADICIONALES DE BOGOTÁ DE SITIOS DE PAZ A CENTROS DE GUERRA

UN RECORRIDO POR LAS IGLESIAS TRADICIONALES DE BOGOTÁ DE SITIOS DE PAZ A CENTROS DE GUERRA

Las iglesias de Bogotá albergan preciosas piezas de arte colonial, pero también algunos recuerdos violentos del siglo pasado. Todo empezó en 1861, cuando el general Tomás Cipriano de Mosquera dictó el decreto 9 del mismo año y confiscó los bienes de la Iglesia.

30 de noviembre 1990 , 12:00 a.m.

Entre esas propiedades estaban los principales conventos de la capital: Santo Domingo, San Francisco, San Agustín, Santa Clara, Santa Inés, La Concepción, La Candelaria, El Carmen, La Enseñanza y los Recoletos de San Diego, situados entre las calles 7a. y 26 y las carreras 4a. y 10a.

Desde ese día todo cambió para los religiosos. Los conventos se convirtieron el fortín de los militares y desaparecieron uno a uno. Hoy solo se conservan los conventos de El Carmen y La Concepción.

Según Alfredo Iriarte, en su libro Breve Historia de Bogotá, el fin de la medida de Mosquera era agilizar el progreso urbanístico de la capital, el cual se estancó con los bienes de manos muertas que pertenecían a la Iglesia, la mayor propietaria de finca raíz en la capital.

Los conventos de Las Aguas y San Juan de Dios, localizados también en el centro de la ciudad, ya pertenecían al Estado por la disolución de sus comunidades.

Así, el Gobierno tomó las propiedades para rematarlas y las comunidades abandonaron el país. Hubo sectas que impusieron severas sanciones religiosas a las personas que las adquirieran.

Algunos claustros se convirtieron en los campamentos militares, en donde se vivieron las batallas más sangrientas de los últimos cuarenta años del siglo pasado.

Por ejemplo, el convento de San Agustín, que se construyó entre 1637 y 1668, en la carrera 7a. con calle 7a., fue escenario de enfrentamientos entre el notablato liberal y las tropas del general Mosquera. El hecho fue conocido como la Batalla de San Agustín, en 1862.

Cinco años más tarde, la comunidad agustina recuperó el templo, pero el convento quedó en poder de los militares. En 1938, el claustro fue demolido para eregir el Palacio de los Ministerios, en donde hoy funciona el Ministerio de Hacienda.

Afortunadamente, la iglesia quedó intacta, pero en 1948 volvió a sufrir algunos daños en los disturbios del 8 y 9 de abril. La iglesia aún conserva la silletería y las obras de arte. La fachada de los santuarios se restauró en 1980.

Los conventos de San Juan de Dios, en la carrera 10a. con calle 10a., y San Francisco, en la Avenida Jiménez de Quesada con carrera 7a., también desaparecieron y fue construido el edificio de la Gobernación de Cundinamarca, uno de los mejores ejemplares de la arquitectura republicana en la ciudad.

Hoy, los templos de esos conventos se conservan. Los Hermanos Franciscanos poseen su claustro a un costado del antiguo, frente al parque Francisco de Paula Santander.

De otro lado, el convento de Santa Clara, en la carrera 8a. con calle 8a., que fue el primer claustro para mujeres en Bogotá, se convirtió en otro refugio de los militares durante los continuos ataques de las tropas opositoras de Mosquera. El edificio quedó arruinado.

El templo lo recibió la comunidad del Sagrado Corazón de Jesús, en 1861. El Gobierno lo compró en 1968, con el fin de crear un museo y una sala de conciertos.

Allí, a un costado de la Casa de Nariño, el Instituto Colombiano de Cultura (Colcultura) posee 103 pinturas y 24 tallas en madera de Don Gregorio Vásquez de Arce y Ceballos y Gaspar y Baltazar de Figueroa.

Hoy, cientos de turistas del extranjero se acercan a observar el arte colonial, en donde es de resaltar el mural con figuras de la fauna y la flora de América.

De otro lado, el convento de Santa Inés, en la carrera 10a. con calle 9a., desapareció totalmente cuando se amplió la Avenida 10a.

El convento de Santo Domingo, en la calle 12 con carrera 7a., uno de los más ricos y antiguos de la Nueva Granada, desapareció a mediados del siglo XX.

El claustro sufrió muchos deterioros. Primero, los incendios. Luego, el terremoto de 1785 lo dejó arruinado.

En enero de 1947, una firma urbanizadora lo demolió y levantó el Palacio de las Comunicaciones, que luego se llamó edificio Manuel Murillo Toro. Allí funciona el Ministerio de Comunicaciones.

Los demás conventos vivieron situaciones similares, pero sus templos se conservan como muestra de la arquitectura colonial.

Los conventos de La Candelaria, el más colonial de Bogotá, en la calle 11 con carrera 4a., y de los Recoletos de San Diego, dedicado a Nuestra Señora del Campo, en la calle 26 con carrera 7a., fueron otros conventos famosos de la antigua Santa Fe de Bogotá que desaparecieron, pero conservaron sus iglesias.

Esos tesoros de la arquitectura colonial desaparecieron, pero algunas comunidades religiosas ahora se preocupan por su recuperación.

Es el caso del convento de La Concepción, un claustro que ocupaba dos manzanas en el corazón de la ciudad, en la calle 10a. entre carreras 9a. y 10a., en donde una firma constructora realiza varios trabajos para devolverle su aspecto colonial.

Asimismo, el convento de El Carmen, de los Padres Salesianos, en la calle 5a. con 6a., es otro de los pocos que aún funciona. El santuario lo construyó el arquitecto italiano Juan Bucaglione, con una fachada majestuosa: vitrales traídos de Francia e Italia. Hoy es el primero y único claustro gótico florentino del país

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