AL TUCHO LO SACARON POR LA PUERTA DE ATRÁS

AL TUCHO LO SACARON POR LA PUERTA DE ATRÁS

Muy posiblemente el técnico Humberto Ortiz Echavarría ya lo tenía decidido: se iba con su música a otra parte. Pero lo que no sabía ni imaginaba, era que antes de presentar oficialmente su renuncia, o de manifestarla verbalmente, porque él es un hombre de palabra, los directivos se le adelantarían en el camino y le nombrarían sucesor... Y entonces aquella frase del refranero popular que dice así paga el diablo a quien bien le sirve le cobró a su caso un inusitado valor. Su piel tostada por el sol de Antioquia, Valle y Santander, esta vez, o mejor el lunes 30 de noviembre por la noche, se encogió cuando los directivos primero le cantaron la tabla, y luego lo elogiaron por su brillante trabajo a lo largo de tres inolvidables años.

02 de diciembre 1992 , 12:00 a.m.

Su siempre imperturbable físico, precedido de una mirada serena e indescifrable estaba en esta ocasión frente a los directivos Eduardo Valdivieso Mantilla, Hernando Quijano Flórez, Jaime Ordóñez, Jaime Arenas Pérez, Alonso Lizarazo y el mayor accionista Tiberio Villarreal. Y eso le mortificaba. O le mortifica. Inclusive en más de una ocasión los dejó de saludar cuando ingresaron al camerino.

La primera piedra fue lanzada: Es que usted profesor Ortiz ya ni nos dejaba entrar al camerino... , le dijo el médico Valdivieso. Y Tucho admitió: Lo volvería hacer cuantas veces fuera necesario porque ustedes no tienen nada que ver con la parte deportiva... Ahí es mi criterio y no el de ustedes .

Alonso Lizarazo Forero, gerente, y quien narra lo que aconteció el lunes por la noche, prosigue; El asunto era bien serio, y nuestra única alternativa ante tanta franqueza del señor Ortiz era aceptarle su comentario pero no compartirlo. Es más, nos dio la oportunidad para preguntarle entonces porqué se entrometió en nuestra parte administrativa... .

Ortiz, que siempre habló claro, que siempre dijo lo que sentía, menos cuando de su grupo se trataba porque los defendió siempre a muerte, no quiso enfrentar más preguntas. No estaba allí para confrontar. Por el hablan tres años de alegrías profundas y por ahí una que otra frustración de menor importancia.

Dirigió al equipo en 150 partidos de campeonato desde el 1o. de abril del 90 hasta el 25 de noviembre del 92. Como local jugó 75 partidos de los cuales sólo perdió 6 (3 ante América, 2 ante Nacional y uno frente a Júnior).

Forjó una marca histórica para la institución; 26 partidos invicto como local, en el 92. Y su defensa apenas admitió 9 goles en el Alfonso López . Y como si fuera poco, lanzó al profesionalismo a dos juveniles santandereanos, Robert Villamizar, cedido en 100 millones de pesos al Junior, y a Javier Cervantes, quien estuvo a punto de ser vendido por una suma similar, cuando aún no ha cumplido edad para abandonar la casa.

Lizarazo, vocero oficial del Bucaramanga, fue más allá en sus apreciaciones. Al profesor Ortiz no lo sacamos, simplemente no le renovamos el contrato por cuatro razones fundamentales: 1. Costos: Nos hizo contratar once jugadores con una inversión cercana a los 50 millones de pesos, y sólo los utilizó esporádicamente, a saber; Mauricio Silvera (uruguayo), Roque Pascual Córdoba (argentino), Jairo Ampudia, Pepe Romeiro Hurtado, Hugo Caycedo, Bernardo Rodríguez, Darío Castillo, Norberto Cadavid, Henry Murillo, Tomás Marriaga y Adolfo Holguín.

2. Patrominio: Tenemos que recobrar nuestro patrimonio santandereano. Siempre buscó jugadores de otras plazas.

El sucesor: Con Peluffo garantizamos el cambio de sistema. Del pelotazo que siempre utilizó Humberto Ortiz vamos a pasar a un fútbol mucho mas moderno y dinámico.

Inconvenientes: Terminó desconociendo al médico oficial Alvaro Chaparro, y envió siempre los casos delicados al doctor Germán Melo, de Coldeportes .

Humberto Ortiz, estamos seguros, debe estar abatido. Amó la tierra santandereana como si fuera la suya, la antioqueña. Soñó con colocarle la primera estrella al escudo búcaro. Cada amanecer era una esperanza. Y siempre se sobrepuso a los golpes bajos.

No quiere hablar por ahora. Prefiere sus cuarteles de invierno antes que calificar en caliente lo que le acaba de ocurrir. Pero tal vez no haga falta. Quienes vivimos de cerca su campaña, y este corresponsal se cuenta entre los privilegiados, interpretamos sus tres años.

Con sus influencias logró en favor del equipo la contratación en el 90 de Enrique Simón Esterilla (comprado en tres millones de pesos y vendido luego en 40; Víctor Espinosa, Héctor Fabio Polo, Humberto Sierra, Héctor Gerardo Méndez, Francisco Castell, Diego Caycedo, Jesús Kiko Barrios, William Rico y el argentino Pedro Manuel Olalla (botín de plata con 20 goles). Y si no lo recuerdan, fue tercero detrás del campeón América y el subcampeón Nacional.

Para el 91 llegaron el argentino Alejandro Méndez, Carlos Mario Hoyos, Armando Osma, Carlos Araújo, Jorge Villar y José Romeiro Hurtado. Salió sólo Olalla. Y tambien clasificó a los cuadrangulares finales.

Y en el 92, no hablemos de los que llegaron, sino de los que salieron: Esterilla, Polo, Hoyos, Méndez, Correa, Araujo y Osma.

No promocionó mas jugadores santandereanos porque el club no tiene unas verdaderas divisiones inferiores y porque quien las orientaba, Norberto Peluffo, fué enviado a dirigir al Alianza Petrolera, de la Copa Concasa.

Históricamente la mejor campaña del Bucaramanga en todo sentido fue en la era del Tucho Ortiz. Casi mil millones de pesos recaudados así: 40 por Esterilla, 70 por Correa y 100 ahora por Villamizar. Además, 280 millones por taquilla en el 90, 250 en el 91 y 260 en el 92.

Muchos partidos los afrontó con seis santandereanos: Ricardo García, Eugenio Uribe, Oscar Upegui, Elías Correa, Robert Villamizar y Armando Osma, sin contar a Cervantes y a Van Stralem, barranquillero y bogotano, respectivamente, pero hechos bajo cielo santandereano.

Y ni para qué recordar aquel 21 de noviembre del 90 cuando con goles de Olalla clasificó al cuadrangular final derrotando 2-1 al Quindío, y dejando por fuera al Deportivo Cali de Jorge Luis Pinto. Esa noche la celebración fue inenarrable. Mas de cincuenta mil personas por las calles de la ciudad hasta las cuatro de la mañana y al día siguiente, el verdadero maremagnum.

El 16 de diciembre del mismo año, le ganó 1-0 al Nacional que peleaba título en el Atanasio Girardot , repitiendo una campaña que sólo se había dado treinta años atrás.

Y con semejante palmarés, Humberto Ortiz no continuará para el 93, en una absurda, inexplicable e infame actitud directiva. Por eso, así paga el diablo a quien bien le sirve .

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