SE TEJIÓ UNA GRAN HISTORIA

SE TEJIÓ UNA GRAN HISTORIA

Esta columna no podía dejar pasar la ocasión para comentar lo que fue la segunda parte del certamen Primavera-verano 95 que se realizó en Bogotá esta semana. Si de la primera se hicieron algunas críticas de esta segunda entrega se puede decir que estuvo muy bien encaminada, corrigieron algunos errores y realizaron una pasarela informativa con todas las de la ley.

30 de octubre 1994 , 12:00 a. m.

Las diseñadoras escogidas (curiosamente todas eran mujeres) presentaron unas propuestas originales, limpias, en la categoría que se pedía y con propuestas concretas de colores, texturas y siluetas de la próxima temporada como se anunció.

El escenario, aunque sigue siendo pequeño para la pasarela, se justifica en la medida en que moda y arte van de la mano y en esta oportunidad hubo mucha más coreografía y una perfecta selección de la música con todo lo que se mostraba sobre el escenario.

De las diseñadoras se destacó sin lugar a dudas la más experimentada de todas, la paisa Olga Piedrahíta, quien ahora independiente por completo de su hermana, revela un estilo muy propio, muy fiel a la línea que siempre ha planteado pero manejando los tonos y texturas de la temporada que viene.

Otra que se fue por el manejo de colores fue la barranquillera Silvia Tcherassi quien tiñó sus linos con los tonos que harán furor el próximo año. Colores muy claros pero con mucha personalidad, casi indescriptibles, vienen para el verano Sandra Cabrales fue tal vez la más incomprendidas de las diseñadoras pero esto no quiere decir que no haya presentado propuestas muy interesantes. Las combinaciones de colores y su estilo romántico pero urbano delinearon una tendencia citadina con un manejo impecable de texturas.

Bettina Spitz y Elena Urrutia fueron las más conservadoras pero pensando siempre en la primavera y el verano del 95. Estas dos creadoras manejaron muy bien el concepto de pret a porter y una confección de exportación.

Mónica de Joyce, por su parte, se apegó más al clima de Bogotá, con lanas en algunos casos y no miró mucho al futuro. Sin embargo, presentó una propuesta muy inspirada en la ciudad y en la vida de la calle.

También es importante destacar el esfuerzo hecho por los organizadores, en cabeza de Marta Elena Londoño, quien fue la gestora de una idea que ojalá no muera en el intento por exportar la moda nacional. Está visto que hay gente con quien trabajar y ganas de hacerlo y solo falta terminar una historia que ya se empezó a tejer y que cada vez tiene más tela de donde cortar para sacar adelante un sector que se proyecta muy bien.

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