EL ALCOHOL EN LOS TIEMPOS DEL CALI

EL ALCOHOL EN LOS TIEMPOS DEL CALI

Si algo se ve claro es que el Deportivo Cali es la única institución que se sostiene con el aporte de sus socios que llegan a tres mil. Mientras Efraín Pachón, accionista del Cúcuta Deportivo, proclama para que los demás integrantes del clan de los 16 adopten la política del onceno que preside Humberto Arias, sus jugadores, a través de la historia, han abusado de la generosidad de sus dirigentes desde 1948 hasta nuestros días. El caso de Julio Sarmiento, quien salió de las filas verdiblancas por sus continuas fallas a la disciplina, no ha sido ni será el único.

30 de octubre 1994 , 12:00 a.m.

Es un fenómeno que sólo se llega a advertir con sorpresiva clarividencia cuando se escucha a personajes que estuvieron muy ligados a la institución o se rebruja en la memoria de viejos diarios.

Los hinchas y directivos del onceno azucarero han gozado con triunfos espectaculares en el panorama nacional e internacional, pero también han afrontado situaciones que con el correr de los años se convirtieron en simples anécdotas reflexivas como el caso del peruano Valeriano López, quien llegó una noche de domingo, a la cantina de la 21, ubicada en el barrio San Nicolás de Cali, pidió una docena de cervezas y cada vez que pasaba alguna copera por su lado, le agarraba las nalgas inmensas embutidas en faldas apretadas, dejando escapar, a la vez, una carcajada.

No recuerdo la fecha exacta, pero sí lo que sucedió un día con Valeriano , dice Daniel Vargas, 75 años de edad, abuelo, seguidor del Cali y residente en el barrio Benjamín Herrera. Apareció de improviso. Vio a Nubia y la llamó. Ella se acercó y él, sin inmutarse, le agarró los teteros, grandotes, que parecían de vaca holstein antes del ordeño. La muchacha le metió una patada causandole una lesión en uno de sus tobillos. Eso salió publicado en el diario Correo del Cauca de la época .

Este tipo de historias de Valeriano se asemeja a la gran cantidad de goles que convirtió desde el día de su debut, 13 de agosto, hasta el 6 de noviembre de 1949 en que logró 23 dianas en 12 partidos.

Es increíble. López marcó cuatro goles ante Municipal, actuando de local, pero su irresponsabilidad ya llega al límite: es insaciable con el licor. Hizo abrir la cantina Bola Roja, ubicada al frente de la galería Central a puntapiés. Los directivos del Cali han prometido hacerle un fuerte llamado de atención por su proceder , escribió en el Correo del Cauca, el martes 30 de agosto de 1949, Humberto Ramirez Llanos, Leyman , quien a la vez trabajaba junto a Luis Alberto Ortiz como locutor en la desaparecida emisora RCO.

Es muy diciente que a finales de los años 40 se registre este tipo de situaciones en el escaso espacio que se le daba en los diarios al deporte.

Sin embargo, ligados a esta historia se encuentran los también peruanos Guillermo Barbadillo, Luis Tigrillo Salazar y Máximo Vides Mosquera.\ Barbadillo, confesó, según un cable internacional de United Press, procedente de Lima, publicado en el Correo del Cauca, y fechado el 15 de diciembre de 1949: Cali es una ciudad pequeña en donde nosotros nos sentimos como reyes porque podemos bailar, emborracharnos y jugar al fútbol .

Años después, el finado Oscar Severiano Ramos, quien actuó de volante en el Cali y en el fútbol del Perú, en su época de técnico, se atrevió a contar una de tantas pilatunas que vivió en las filas azucareras, en una nota para el semanario Balón, edición 382: El futbolista por naturaleza le gusta la vida fácil. Debido a su popularidad, las mujeres lo persiguen. En mi época de jugador, lo confieso, estuve en contravía de la disciplina del Cali. Nunca participé de un escándalo, pero acompañaba a José Eduardo Castro o al chileno Souri a lo que llamábamos la zona de tolerancia. De esto puede dar fe Edgar Mallarino .

Uno a uno van apareciendo situaciones vinculadas con el licor. Mallarino, quien jugó también con América, lo reconoce sin pudor: Nosotros, en ese entonces, nos íbamos, después de los partidos, a disfrutar de la vida. Teníamos varios sitios en el barrio San Nicolás, el Obrero o en la zona de tolerancia. La gente nos conocía y gustaba que nosotros estuviéramos con ellos departiendo .

Los jugadores del Cali, en esa época, gustaban de visitar El Golfo, que quedaba ubicado en la calle 19 con carrera 13. El negocio le pertenecía a Esther, quien se convirtió en amante de una de las estrellas colombianas.

El 4 de diciembre de 1951, en el diario El País, en un informe firmado por Leyman y enviado al mundo por la United Press, se publicó: Los integrantes del Deportivo Cali después de ganarle 2-1 a San Lorenzo de Almagro, invitaron a los jugadores visitantes a una cantina del barrio San Nicolás. Informantes de todo crédito, indicaron a este periodista que el arquero del Cali, Laureano Feliciani, ex Atlanta, intentó golpear al entrenador de San Lorenzo, Francisco Corsetti. No hay disciplina en el equipo verde .

Justamente, ese día, en el teatro Aristi presentaban la película El Ocaso de una vida con Gloria Swanson y William Holden; mientras los diferentes periodicos titulaban San Lorenzo sigue la jira (con j) por Colombia autorizado por la AFA .

Después de lo anterior, el lunes 13 de julio de 1953, desde la Habana, Cuba, Eliseo Constain de la AP envió a los abonados la siguiente información que fue publicada por el EL TIEMPO: El equipo Centro Gallego de la Habana goleó al Deportivo Cali de Colombia 7- 0. Antes habían empatado a un tanto. La derrota del Cali tuvo como razón el mal juego de los hombres enviados por Julio Tocker a la cancha luego que éstos estuvieron disfrutando, en los tres últimos días, de las noches de la isla caribeña .

La delegación que estuvo en Cuba la integró Laptza, Sanguinetti, Viáfara, Cocenza, Castro, Faín, Cervino, Lecca, Mur, Cerioni y Suárez.

Al regresar de la isla caribeña, nadie habló de lo sucedido ni los diarios publicaron más detalles del por qué de aquella goleada. Todo siguió como si no hubiese ocurrido nada.

Sin embargo, Castro, conocido como La Muñeca , todas las noches, asistía al Grill Costeñita que quedaba en la carrera octava con calle 26 y 27.

Desde antes que el Cali desapareciera, en 1955, José Eduardo Castro ofrecía su acostumbrado recital de tangos y entre canción y canción pedía aguardiente para afinar la garganta , expresa Miguel Angel Barrios, conocido como El Chato .

Como una cita puesta en el destino, el onceno verdiblanco brotó de nuevo, a finales de 1958, en un sitio donde los caleños de la época llegaban a tertuliar y a saborear algún traguito o un tinto en Café Victoria. En esos tiempos no era necesario ni siquiera tener dinero. Todos sabían que encontrarían siempre a alguien y ahí se acomodaban.

Alex Gorayeb y Alberto Bitar, después del trabajo, una noche decidieron revivir al Deportivo Cali y desde entonces, han transcurrido 34 años. En ese lapso consiguió cinco títulos y un subtítulo de Copa Libertadores, pero esos logros también han ido acompañados por actos de indisciplina.

Aún se recuerdan, las citas inaplazables de los lunes o martes de Heriberto Solis en Aretama (antiguamente, Grill Costeñita) con Eulogio Urriolabeitia en donde bailaban y libaban cerveza.

Lo curioso es que el 22 de agosto de 1961, en El País apareció publicado a dos columnas una nota sin firma pero muy significativa: Se fue Walter Marcolini y nadie dijo nada. Ni Gorayeb ni Bitar, directivos del Cali, han expresado ni una palabra del por qué se fue el argentino. Todo hace suponer que los dirigentes azucareros se cansaron de la pea continua de Marcolini .

Sin embargo, 39 días después, Deportivo Cali se enfrentó, en el Pascual Guerrero, al Atlético Bucaramanga y perdió 1-0. La única anotación fue obra de Hermán Cuca Aceros. A varios jugadores del contrario les sentí tufo , expresó Aceros.

En la nota de ese partido, Leyman recomendó al plantel verdiblanco tomar Stomalix, un medicamento que restablece las funciones normales del tubo digestivo en casos de ardor producido por el licor .

En los años 70 y 80, los casos de indisciplina pululan. Recientemente, con motivo de un almuerzo ofrecido a ex jugadores que conquistaron la última estrella, algunos contaron que después de los triunfos o derrotas se iban a divertir a Juanchito.

Juan Carlos Lallana bebía encerrado. De los extranjeros más descomplicados, de esa época, se encontraba Miguel Loayza, quien dejaba a la señora en el carro y le decía que lo esperara. El entraba por la puerta de enfrente y salía por una lateral acompañado por alguna muchacha. Regresaba después de dos horas bañadito , dice Joaquin Sánchez.

Nadie olvida los casos de Jairo Arboleda, Oswaldo Calero, Miguel Escobar, Saúl Chapa Salla, Hebert Barona, Henry La Mosca Caicedo y Norman Barby Ortiz, quien recibió un balazo en un bailadero de Siloé.

La lista es larga y en ella aparecen hasta técnicos. Oscar Rentería Jimenez y Mario Alfonso Escobar, en el diario Occidente, escribieron el 18 de octubre de 1976: Los errores del Cali, en la cancha, se deben al técnico Néstor Raúl Rossi, quien gusta más de la bebida que de los entrenamientos. Por eso se debe la goleada tan humillante que le propinó Atlético Nacional, 6-2, en el Pascual Guerrero. Los jugadores, además, le perdieron el respeto al argentino porque él los invita a beber. Qué dirá el hombre de la Pipa ? .

Luego se registraron otros casos como el de Leonel Scotta y Juan Ernesto Cococho Alvarez, quienes asistían permanentemente a El Escondite.

En la historia reciente, el técnico peruano Miguel Company, en plena concentración, departía con sus dirigidos y algunos de éstos, hasta se convirtieron en proxenetas con tal de obtener el beneficio de ser titulares en el equipo.

Eso nos obligó a sacar a cinco jugadores. En ese grupo estaban Enrique Esterilla, José Manuel Rodríguez y Jorge Villar , recuerda Arias.\ A pesar de la campaña cumplida, en la presente temporada, los dirigidos por el argentino José Yudica han sido cuestionados por la indisciplina, un mal cronico en el Cali como lo demuestra la implantación del borrachómetro o test de alcohol, misión encomendada, a diario, al médico del equipo, Fernando Motta.

El borrachómetro comprobó las farras de Sarmiento. Pero lo más lamentable es que un día lo saqué, a las tres de la mañana, de un grill , expresa Arias. Níver Arboleda, después de faltar a dos entrenamientos, reconoció que se había emborrachado en donde sus hermanas. El ya sabe que es la última vez que se le va a perdonar. En la próxima, se va del todo. Todos los jugadores del Cali están advertidos .

Todo esto le ha ocurrido a uno de los equipos más amados de Colombia, para mal de sus hinchas, pero ha de pasar a la historia como algo que sucedió sin remedio. Esta nota, definitivamente, ha sido un inmenso favor de personas en guardia contra el olvido. Aquí está. Vuelvan a leer y apréndanse de memoria esta pesadilla azucarera.

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