CUBA, EN MANOS DEL CAPITALISMO

CUBA, EN MANOS DEL CAPITALISMO

Un fantasma está recorriendo y cambiando a Cuba y no es el mismo con que en 1847 Marx y Engels dieron inicio al Manifiesto Comunista. Es otro fantasma, el opuesto, el del capitalismo. Sus manifestaciones son ya demasiado evidentes. Mercados donde los campesinos y cooperativas agropecuarias pueden vender bajo ley de libre oferta y demanda sus excedentes; libertad para trabajar como independiente en una amplia gama de oficios; libertad para poseer y utilizar moneda extranjera; mercados artesanales en pleno centro de La Habana donde todo lo que se vende es en dólares; y el anuncio esta semana de que se crearán mercados especiales para la libre venta de productos manufacturados de industrias y artesanos.

30 de octubre 1994 , 12:00 a. m.

Cuba está cambiando. Y lo hace no porque sus dirigentes lo deseen, sino porque como lo admitió el propio Fidel Castro, no nos queda otra alternativa .

El fin del bloque socialista en la Europa centro oriental en 1990, dejó a la isla sin su principal socio comercial. El CAME, (Consejo de Ayuda Mutua Económica), consumía el 80 por ciento de las exportaciones cubanas, al tiempo que suministraba casi el mismo porcentaje de sus importaciones. Dos datos básicos para entender la magnitud de esta pérdida y sus consecuencias es que CAME proveía a Cuba del 63 por ciento de los alimentos que se importaban y del 98 por ciento de combustible que se consumía en la isla.

La ruptura de este cordón umbilical que había mantenido a la revolución cubana en un clima de estabilidad y prosperidad económica fue traumático para este país de once millones de habitantes. Pasar de comerciar con un sistema de precios compensado, subsidiado si se prefiere, a las duras leyes del mercado internacional no es fácil. Menos aún cuando lo que se produce es muy poco o de muy mala calidad. La situación se resume en el hecho de que durante 1993, el país solo pudo importar el 20 por ciento de lo que importaba en 1989.

Por eso el desabastecimiento, por eso la escases. Y por eso el capitalismo.

El gobierno cubano ha tenido que recurrir a las leyes del mercado, a las teorías de la eficiencia y la competitividad para resucitar una economía donde el déficit presupuestal es de 4.200 millones de pesos cubanos (igual cambio con el dólar, en términos oficiales), y donde el 70 por ciento de las empresas estatales son ineficientes.

La gente en Cuba no sólo lo entiende sino que lo agradece. La situación es tan crítica (ver recuadro) que una luz de esperanza es bienvenida.

El hecho de que Raul Castro, jefe de las Fuerzas Armadas, hermano de Fidel y el segundo hombre en la isla, esté dedicado a repetir sin descanso que el principal problema político, ideológico y militar de este país es buscar comida ; y que el principal problema de la seguridad de Cuba se encuentra ahora en la despensa da una idea de lo delicada de la situación interna y de lo claro que tiene el gobierno de que sin comida y un mínimo de bienestar la revolución se muere.

El objetivo del gobierno es salvar las conquistas de la revolución . Lo irónico, paradójico o triste (como prefiera) es que el éxito o el fracaso de la revolución depende ahora del capitalismo.

Lo interesante de todo este proceso es el riego que está tomando Castro. El entiende que el germen del capitalismo es peligroso. En Cuba es vox populi que el comandante se opuso hasta el último minuto a la apertura de los mercados campesinos. Castro sabe que el costo de estimular la producción para bajar los precios del mercado negro y aumentar las posibilidades alimentarias de la población, es la desigualdad.

El igualitarismo es la bandera de la revolución, pero en la práctica es su mayor debilidad. En La Habana o en San Antonio de los Baños (pueblo a unos 20 kilómetros de la capital) no es muy difícil distinguir a los que reciben dólares del extranjero -a pesar del reciente bloqueo estadounidense a estos envíos, legales en Cuba-, o a quienes trabajan como independientes. Se nota en las neveras, en sus caras, en la fachada de sus casas.

Hay una gran diferencia entre la familia que trabajando para el estado gana entre 150 y 300 pesos cubanos (1.5 y 3 dólares en el mercado cambiario paralelo) por persona empleada, o una donde el padre gana 2.000 pesos recargando encendedores en una calle de La Habana gracias a la ley de autoempleo o trabajo por cuenta propia. Resultado: cada día es más la gente que aspira al trabajo por cuenta propia, bien sea en sus parcelas, en su casa o en una calle de La Habana.

Esto no sería problema si la distribución de alimentos y productos de primera necesidad a través de La Libreta funcionara. Pero como no es así, de lo que hablamos es de gente que come y vive mejor que el resto.

El riego es enorme. El intento por resucitar a la revolución puede hundirla definitivamente. No se trata de un problema ideológico, sino de subsistencia.

La mayor parte de la gente gente Cuba espera un cambio y en términos generales podemos hablar de dos clases de visiones para este cambio. De una parte está la generación que hizo la revolución, la gente que sabe lo que había antes y lo que se ha conquistado en materia de salud, educación y seguridad social. Del otro están los jóvenes, que en su inmensa mayoría están descontentos con una situación difícil, pero que sobre todo, no ofrece mayores expectativas de vida a largo plazo.

Es normal. Qué puede pensar un joven cuando ve que un médico cirujano con varias especializaciones tiene que recorrer varios kilómetros en bicicleta para llegar a su trabajo y que el sueldo que recibe no le alcanza para vivir dignamente? La gente mayor apoya los cambios porque sabe que de ellos depende la vida de la revolución, revolución que hicieron y que no desean ver morir. Los jóvenes, que crecieron con el declive del país, sólo esperan que las cosas cambien.

El punto es qué pasará cuando la juventud y la sociedad cubana empiece a ver masivamente en el capitalismo una alternativa individual pero posible para vivir mejor?.

El Estado está apostando, al igual que en China, a que será capaz de controlar la situación. De su éxito productivo, pero sobre todo del distributivo dependerá su subsistencia. Pero, también puede verse desbordado por la fuerza del mercado o la de la necesidad.

No es fácil, chico Una de las cosas que más impacta de Cuba es el drama cotidiano de la escasez. Muchas personas comen sólo una vez al día y su dieta no es propiamente balanceada . Sin embargo, en Cuba no hay hambruna ni se ven los niveles de miseria que hay en Bogotá. Miniretrato de las dificultades en La Habana: -El agua llega un día si un día no y por períodos de 5 a 7 horas. La gente debe almacenarla en tanques.

-El racionamiento eléctrico es tres veces por semana y de un promedio de seis a ocho horas diarias. A veces son más horas pues los racionamientos dependen del suministro de petróleo y de la existencia de repuestos para las máquinas generadoras.

-La construcción está casi paralizada por la falta de materiales. Hay déficit de vivienda así que los jóvenes que se casan tienen que ir a vivir con sus padres o familiares.

-La carne, la leche y la grasa (aceite), son los factores que más escasean, aunque todos los productos del agro son deficitarios.

-Las únicas cosas que siempre hay en los expendios estatales, a los que se acude con La Libreta , son arroz, frijoles, azúcar y café. La mayor parte de la gente se alimenta con eso.

-Cada persona tiene derecho a dos libras de pescado por mes.

-Los huevos son 14 por persona al mes. Pero desde agosto hay problemas con el alimento de las aves, así que ahora están dando 7 huevos por persona.

-La carne es 50 por ciento carne y 50 por ciento soya y se reparte una libra por persona al mes.

-El pollo, 3/4 de libra al mes por persona.

-La crema dental aparece muy de vez en cuando. Generalmente una vez cada dos meses y es un tubo por familia. La situación del jabón es similar y el papel higiénico no existe.

El abastecimiento por Libreta decae mes a mes desde 1990. Por eso, los que pueden, recurren al mercado negro y los mercados campesinos (inaugurados el 1 de octubre) para tratar de completar su alimentación.

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