YO CREO QUE EXISTE LA FÁBULA

YO CREO QUE EXISTE LA FÁBULA

Un día de 1975 Luis Fayad se fue de Colombia porque tenía a París metido en la cabeza. Lo más valioso de su equipaje era el manuscrito de su novela Los parientes de Ester, que conoció el punto final en la Ciudad Luz, hacia 1978. La idea era modesta: salir un rato de Colombia. Sin embargo, han pasado casi veinte años y, aunque el escritor bogotano no ha dejado de volver, todavía sigue viviendo en ese rato.

30 de octubre 1994 , 12:00 a. m.

Alemania es su país de turno. Allí, Luis Fayad sigue escribiendo cuentos y novelas. Conformar una obra completa es la idea de fondo. Por eso, aunque cumple con otros trabajos, prefiere decir que está dedicado de tiempo completo a la literatura, su ideal.

Después de tres años de ausencia regresó para leer cuentos: está aquí como jurado de los Premios Nacionales en la modalidad de cuento, uno de los géneros que mejor practica.

A los 49 años, Fayad cuenta en su obra con dos novelas, Los parientes de Ester y Compañeros de viaje. A éstas se suman libros de cuentos como Los sonidos del fuego (1968); Olor de lluvia (1974); Una lección de vida (1984), y los relatos La carta del futuro y El regreso de los ecos (1993). Y hay más, una tercera novela que viene en camino: Caída de los puntos cardinales, (título provisional), en donde retoma el tema de la migración de libaneses a Colombia, que ya había insinuado en Los parientes de Ester.

Comencemos por recordar los años sesenta. Epoca de sus inicios literarios al lado de otros escritores en Bogotá.

Fueron unos inicios con una buena base. Había un grupo que yo frecuentaba mucho, eran sobre todo poetas. Había unas inquietudes literarias distintas a las de las generaciones anteriores. Esta promoción mía es de la que más he aprendido, quizás no desde sus textos, pero sí como posición de escritor.

Los poetas me agradaban más porque tenían mayor sentido del humor que los novelistas y tomaron conciencia primero que nosotros de que su obra iba a tener por muchos años un espíritu de trabajo íntimo. Editaron revistas desde muy jóvenes y creo que entendieron mucho mejor que los narradores el sentido de distribuir al principio sus poemas en pequeñas revistas que han ido quedando como joyas: Golpe de Dados, Acuarimántima y otras.

Cómo ve el presente literario del país? En Colombia, el proceso literario sigue siendo bueno. Es difícil publicar, pero eso se ha solucionado en parte. Aquí se edita bien y bastante, pero no se distribuye. Y una obra que no se distribuye es como si no se hubiera editado. Yo creo que los alardes de las editoriales colombianas en insistir que distribuyen a nivel continental son mentiras, no distribuyen bien ni a nivel nacional. El otro problema es que en Colombia se hacen trabajos artísticos y literarios muy buenos, pero no existe una comunicación entre las personas que hacen estos trabajos.

Qué conoce de la nueva literatura colombiana? Estoy más o menos enterado hasta la generación mía. Después sí creo que se ha hecho una literatura distinta de la de García Márquez. Era la intención primera de todos hacer su literatura propia. Ahora, yo creo que el mundo de García Márquez es tan particular en su lenguaje y anécdotas, que no entiendo cómo hay escritores que caen en esa mimesis. Si uno tiene su mundo propio es fácil salirse del de él. Hay muchos escritores que me han enseñado después de García Márquez, pero en el caso de mi trabajo ya no hay escritores que me puedan enseñar tanto como él.

Qué pasó en su obra después de la novela Los parientes de Ester? Uno siempre va escribiendo el mismo libro porque son las mismas historias que se conocen. Pero aunque sea el mismo cuento busco contarlo distinto. Las historias en general se han escrito siempre, es lo que dicen todos los escritores. Faulkner mismo lo decía. Interesa la forma porque si no los editores publicarían a Dostoievski solamente. Yo creo eso en parte, pero en parte no. Las personas también buscan historias nuevas. Lo que sucede es que cuando uno encuentra el tema, cuando de verdad lo tiene, la forma viene sola, como el lenguaje.

En esto soy menos sofisticado que muchas ideas de ahora, sigo creyendo en el cuento. Creo que existe la fábula. La narrativa se acerca cada día más a una concreción del cuento, que a su resolución por medio de la forma. Uno puede encontrar una forma, pero la forma es única para un libro.

Y cómo encuentra a Bogotá, con relación a la ciudad que aparece en su obra? Baudelaire decía que más rápido cambian las ciudades que los hombres. Y uno guarda en su imaginación una ciudad que ha cambiado, pero no creo que haya cambiado la ciudad tanto como para que uno no la reconozca. Si uno ha mantenido vínculos no sufre el desarraigo del que se habla. Por fuera de mi país yo sigo siendo un turista.

Su nueva novela es también sobre Colombia? Sí, yo tengo mucho material sobre Colombia. El tema de la novela es la migración de los libaneses al país y el título que tengo es La caída de los puntos cardinales.

Insisto que la distancia a mí me ha aclarado los temas sobre Colombia. Lo que nunca me imaginé es que con la distancia uno empezara a sentir distancia del idioma. No del idioma español, sino del idioma colombiano, el de su barrio. He descubierto afuera que mi idioma es el de mi país, el de mis amigos. Por eso prefiero vivir en un país donde no se hable mi lengua. La conservo mejor. Me gusta el enriquecimiento de mi español con el de otros países, pero no me hace falta.

En mi caso el lenguaje ha sido un instrumento. Toda novedad que haya o toda precisión es porque creo que hay que buscar la limpieza del lenguaje, la exactitud, pero no una limpieza para dejar el lenguaje en un estado académico.

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