CONCEJO ADMIRABLE, ES POSIBLE

CONCEJO ADMIRABLE, ES POSIBLE

Sólo el 53 por ciento de los bogotanos que hoy piensan votar, van a hacerlo por algún candidato por el Concejo de Bogotá. Por qué? La respuesta es obvia: su imagen está arruinada, por causa en buena parte del famoso escándalo de los auxilios distritales, que no pocos ediles - varios de ellos hoy repitentes- se apropiaron para sí, a través de fundaciones fantasmas mediante las cuales reciclan los dineros que invierten en sus campañas para sacar de ellos, posteriormente a la elección, mejores rendimientos y retribuciones económicas.

30 de octubre 1994 , 12:00 a. m.

Otros eran ciertamente los tiempos de los llamados Concejos Admirables, cuando a éstos concurrían Lleras, Barco, López y Turbay. O, más recientemente, Durán Dussán, Galán y Samper, entre otras figuras que le daban categoría intelectual y moral a una corporación que, salvo honrosas excepciones, ha terminado convertida en cueva de pícaros, en medio de una ciudad que se hunde, con sus graves problemas, ante la insólita apatía de sus ediles y la calma chicha de los electores potenciales.

Y no es para menos. El hecho de que otra vez vuelvan a lanzarse gentes vinculadas a procesos penales aún no concluídos, como Omar Mejía, Dimas Rincón, Flor Elba Cárdenas, Alfonso Cabrera, Jorge Pastrán, Jorge Durán Silva y varios más, es una vergenza. Y todavía más cuando se sospecha que posiblemente vuelvan a salir elegidos, en razón exclusiva de los votos amarrados que los acompañan.

Sé, por ejemplo, de otro aspirante investigado -cuyo nombre por prudencia social omito-, que cuando llega por las noches borracho a su casa, incurre en la indelicadeza de traspasar la gasolina de las motos oficiales a su automóvil particular, además de cascarle a la mujer... Porque esa es otra de las arrogancias inadmisibles que alguien tiene que acabar de tajo: a título de qué los concejales del Distrito Capital andan escoltados por policías en motocicletas, cuando éstos deberían estar más bien vigilando la seguridad de los ciudadanos, o al menos trabajando en los CAI, hoy casi huérfanos de servicio? Como bogotano, simplemente me parece grotesco que nuestros cabildantes tengan que rodearse de semejante parafernalia, cuando no son ellos sino la ciudadanía la que se encuentra impotente frente a la violencia y constante inseguridad que la asedia.

Mas, la pregunta es pertinente: cómo romper ese círculo vicioso? Cómo impedir que otra vez vuelvan a salir los mismos con las mismas? Votando por otros! Apoyando gente nueva, para evitar los quistes del Concejo actual, que son sin duda buena parte de sus miembros.

Lástima, sí, la explosión demográfica de aspirantes, lo que conducirá a que muchos se ahoguen, debido a la proliferación de listas. Pero, aun así, hay caras nuevas con manos limpias por quienes votar. Nombres como los de Enrique Vargas Lleras (353 en el tarjetón), Enrique Rueda Noriega (415), Rodrigo Manrique (313), Juan Carlos Flórez (337), María Fernanda Ortega (407) y Alejandro Uribe (362), son, entre otros, de personas que ya de hecho tienen un mérito: creen en la democracia como instrumento para recuperar la credibilidad perdida de la política, por culpa de lo que la opinión identifica, precisamente, como las desfachateces en las actividades de la tradicional clase política.

Afuera los vagabundos y los ladrones! Que salga elegida esa gente nueva es el deseo de quienes comprendemos la razón de ser de las corporaciones públicas, que es representar nuestros intereses, y defenderlos a capa y espada. Que las partidas, en forma de auxilios , se destinen no para saldar las deudas de las campañas de los candidatos elegidos, sino para financiar las soluciones específicas a los innumerables problemas localizados de cada barrio y sector.

Y también por eso hay que fijarse con lupa en los aspirantes a las Juntas Administradoras Locales. En mi caso, lo haré por Poncho Rentería (No. 532 en el tarjetón de las JAL), para que pelee y grite a fin de que en la vasta zona correspondiente a Chapinero, Rosales, Chicó, Retiro, Cabrera, etc., por lo menos arreglen los andenes, cuiden los parques y eviten más rascacielos de los que ya nos aturden, en no pocos casos con la curiosa aquiescencia de Planeación Distrital.

No participar hoy es darle el espacio político a la plaga de siempre. A los centaveros y a los comisionistas . A todo cuanto huele a podrido, que espanta y lógicamente genera apatía. Contra los protagonistas de ese desprestigio casi generalizado del Concejo de Bogotá hay que respaldar a quienes encarnan la renovación, lo cual obliga a cumplir con el deber de votar, para que los demás -engañosamente cautivados- no terminen sufragando por uno de aquéllos... Y también lo haré con entusiasmo por Enrique Peñalosa para Alcalde, como símbolo elocuente de que los partidos sí tienen capacidad de cambiar.

Piense pues, lector amable, quiénes son en conciencia sus posibles elegidos, y no bote su voto.

Y, de paso, le deseo la mejor suerte a Alvaro Uribe Vélez en su lucha por la gobernación de Antioquia, al igual que a Mario González Vargas por la de Santander.

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