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DEL MARRANO A LOS TÍTULOS

DEL MARRANO A LOS TÍTULOS

Ahora sólo sirven como un elemento más de la decoración en la casa y eso porque lo viejo ha vuelto a ponerse de moda. Las alcancías metálicas que un día utilizó la Caja Agraria como gancho comercial para atraer clientes, y los marranos de barro, son un recuerdo. Su presencia en las alacenas, en los estantes o en cualquier rincón de la casa convertidos en materas, tan solo evocan un pasado durante el cual el ahorro constituía una disciplina, muy practicada por las generaciones de la época.

Se ahorraba por tradición, por educación y disciplina, y porque de verdad los padres querían asegurar su futuro y el de sus hijos.

Era un sagrado deber almacenar todos los días las monedas que llegaban a sus bolsillos , advierte Oscar López, un antiguo empleado de la Caja Agraria que revive las anécdotas de los viejos ahorradores de esta antigua entidad crediticia.

Esta institución con más de 800 sucursales en las regiones más remotas del país se convirtió en pionera del ahorro y desarrollo campesino. No había hombre de campo que no hubiera tenido algo que ver con la Caja.

Aun después de 70 años todavía hay clientes que conservan su fidelidad con la Caja Agraria y mantienen sus cuentas. Inclusive, dice López, hay usuarios que temen perder la antiguedad conseguida durante esos 50, 60 años de pertenecer a la Caja .

En realidad solo son usuarios, porque no reciben ninguna concesión especial. Unicamente existe el lazo comercial, pero muchos consideran que algún día les podrá servir de algo a ellos o a sus hijos.

Ahorro escolar Hay cuentas que, por reglamento de la Caja, se sostienen con un mínimo de cinco pesos. Otras con 500 pesos o como en el caso de los estudiantes con 2.000 y 5.000 pesos. Las más recientes 10.000 pesos como mínimo de saldo.

Aunque en algunas zonas rurales continúa existiendo esa mística por el ahorro, lo cierto es que son los estudiantes quienes conservan la tradición influenciada por sus mayores.

Por eso, para ellos, la Caja, el Banco de Colombia y otras pocas entidades financieras, mantienen un trato especial para estudiantes. Pero fue la Caja Agraria también la pionera del entonces denominado ahorro escolar.

Se inició con la entrega de albumes que los estudiantes debían llenar con estampillas y luego eran cambiados por efectivo o simplemente se acumulaban en la cuenta de ahorros del usuario. A cada uno se le entregaba una libreta para llevar sus ingresos y retiros.

La estrategia duró algunos años y luego se desmontó para dar vía libre al ahorro estudiantil que aún perdura, entre una porción muy baja de esta población.

Luego se establecieron nuevas modalidades de ahorro, pero la gran mayoría han salido por las dificultades de manejo administrativo que han generaron en la Caja.

Lo único que se conserva en algunos pueblos campesinos son las grandes fiestas que incluyen bandas papayeras y rifas de electrodomésticos y se realizan siempre el 31 de octubre, día mundial del ahorro. En las grandes ciudades la guerra por la rentabilidad acabó con la fiesta.

Y llegó el UPAC Hasta esas fechas sobrevivió el ahorro previsional, para darle paso una segunda historia que comenzó con la introducción de la Unidad de Poder Adquisitivo Constante UPAC. La magnitud del cambio fue tal, que además de transformarse la estructura del sistema financiero, en la mente de los ahorradores la noción del futuro fue desplazada por el concepto de la rentabilidad.

Este divorcio entre ahorro y rentabilidad, que hoy en día suena exótico y hasta absurdo, se manifestaba en que los depositantes eran indiferentes a la inflación y a la tasa de interés. O al menos, no entendían la necesidad de comparar la una con la otra.

De hecho, mientras que en mayo de 1972 (antes de crearse el UPAC) la tasa de interés era del cuatro por ciento anual, el aumento del costo de vida se situaba alrededor del 14 por ciento.

En otras palabras, el ahorro financiero de la economía tenía rendimientos negativos en términos reales y en una magnitud que por esas fechas pasaba del diez por ciento anual.

Desde entonces, la cultura del ahorro puro adoptó un significado de pura - rentabilidad , en cuyo primer capítulo las Corporaciones de Ahorro y Vivienda y su ajuste diario de los saldos según la inflación, salieron victoriosas.

Ante este hecho, en 1974 la Junta Monetaria facultó a los bancos para expedir Certificados de Depósito a Término y desde entonces no ha parado el surgimiento de nuevos títulos, tanto públicos como privados.

Ya en esta época, el ahorro está evolucionando hacia formas más abstractas que encuentran en la titularización su mejor expresión. Además del factor rentabilidad, esta modalidad es capaz de desmaterializar bienes raíces que se vuelven propiedad de muchas personas e incluso, el mecanismo permite que un ahorrador reciba el flujo futuro de corrección monetaria e intereses de una Corporación de Ahorro y Vivienda.

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