LUCES Y SOMBRAS

LUCES Y SOMBRAS

La semana pasada, el Presidente Samper conformó la comisión del pacto social que se encargará de definir en un mes cuáles son las metas a cumplir por parte del Gobierno, empresas y sindicatos en materia de precios, salarios y productividad. Hay algunos aspectos positivos y otros preocupantes. En sí el pacto el concepto es interesante ya que se fundamenta en la concertación como condición necesaria para combatir la inflación y en el manejo de las expectativas como herramienta vital para romper la inercia alcista. Hay evidencia favorable a este tipo de acuerdos en México e Israel pero también fracasos o tropiezos como en Brasil o Argentina.

31 de octubre 1994 , 12:00 a. m.

Siguiendo con lo positivo, vale la pena destacar el compromiso de Samper de no aumentar las tarifas de los servicios públicos y el avalúo catastral -con la excepción de la Bogotá en bancarrota por encima del 18 por ciento.- Y además, la confirmación de un manejo del precio de la gasolina que implica acabar con el famoso reajuste automático de enero, que era como el banderazo para iniciar la carrera inflacionaria, y dejar que flutúe con el precio internacional. El Gobierno ha tomado la iniciativa en contribuir al éxito del pacto y ha dado una clara señal, factible y útil.

En el tema salarial es donde tenemos más dudas. Los sindicatos representan menos del 10 por ciento de los trabajadores del país y su discurso en muchos casos no está en sintonía con las prioridades y soluciones necesarias relativas a los grandes temas económicos y empresariales. Sin embargo, tienen un mes para probar que estamos equivocados, y así lo esperamos. Por otro lado, puede ser injusto que los asalariados tengan que hacer un sacrificio primero -alza salarial por debajo de la inflación pasada y si no baja la inflación, pierdan capacidad adquisitiva. Tendría que existir una cláusula de ajuste para que los empleados y obreros hicieran un esfuerzo necesario pero sin tomar riesgos costosos.- Por su parte, el Gobierno debe hacer aportes adicionales, siendo el más importante, -condición sinequanon para el éxito del pacto -el generar un superávit fiscal el año entrante. Sin este compromiso, se derrumba la pieza esencial de la lucha contra la inflación. Es costoso políticamente y duele no poder hacer una mayor inversión social, pero es lo más sano para el país. Las únicas maneras de evitar recortes críticos es disminuyendo los gastos de funcionamiento o combatiendo eficazmente la evasión. Es urgente hacer algo en estas materias.

En relación con la productividad, es el Estado quien más debe trabajar porque sigue rampante la corrupción, las cosas se hacen mal y se hace lo que no vale la pena. El sector privado ha tenido que volverse más productivo debido a la apertura, pero como el Estado no se puede importar, no hay competencia y éste sigue igual o peor que antes. Se deben fijar metas, indicadores, planes de acción, para medir el crucial aporte del Gobierno a mejorar la productividad. Y los empresarios deben redoblar esfuerzos para aumentar la eficacia y la eficiencia, pero ese es un problema a nivel microeconómico, que cada empresa maneja en forma distinta, porque tampoco vemos como los gremios puedan asumir compromisos globales.- En resumen, el pacto social es una buena idea, cuyo éxito depende fundamentalmente de los aportes del Gobierno, y a la cual empresarios y trabajadores debemos ayudar, para acabar con el más regresivo de los impuestos: La inflación.

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