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VEA LOS RINOCERONTES POR ÚLTIMA VEZ

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Los rinocerontes negros lucían un collar con radio y sus cuernos habían sido recortados con una sierra de cadena, para restarles valor. Aún así, Million Sibanda llevaba al hombro un rifle de asalto AK47, mientras vagaba en círculo, esparciendo polvo con los dedos para cerciorarse de que estaba a favor del viento.

El rifle no era para los rinocerontes sino para los cazadores furtivos, que matarían las bestias únicamente por el patético raigón que les quedaría en la cabeza y que asesinarían a un vigilante como Sibanda si llegara a impedírselo.

Sibanda y Steward Towindo, ecólogo del parque, se agacharon a 40 yardas de donde el rinoceronte y su cría pacían, como dos fragatas ancladas entre los espinosos matorrales y hablaron en voz baja.

Los preferiría con cuernos , dijo Towindo, mirando con tristeza a los desfigurados animales, y sacudiendo la cabeza ante la obra del hombre contra la naturaleza, justamente para salvar a los rinocerontes.

En la guerra por el futuro de los rinocerontes negros, uno de los mamíferos más antiguos del planeta y más en peligro de extinción, Zimbabwe ha sido un vergonzoso fracaso.

Hasta los dirigentes de la campaña conservacionista utilizan frases como espectacular derrota , para describir la calamitosa decadencia de cinco años, en que el más rico refugio de Africa, con 2.000 rinocerontes negros, ha pasado a albergar una población devastada de menos de 300, hoy. Comenzando en mayo de 1992, Zimbabwe disparaba dardos con tranquilizantes contra los rinocerontes, para aserrarles los cuernos, suponiendo que los cazadores furtivos despreciarían a los animales sin cuernos.

Pero falló tan estruendosamente la táctica de Zimbabwe que el país propone un nuevo enfoque radical: quebrar a los cazadores furtivos legalizando el comercio de cuernos de rinoceronte, que son muy apreciados en Asia, donde se pulverizan para elaborar una poción que baja la fiebre, y en Yemen, para las empuñaduras de las dagas ceremoniales.

Mike Kock, veterinario estatal que cuida los rinocerontes en Zimbabwe, proyecta granjas oficiales en que manadas de rinocerontes se criarían como rebaños de ovejas. Los cuernos vuelven a crecen a razón de tres pulgadas por año.

Este es ejemplo de una prohibición que ha fallado por completo porque la demanda es demasiado grande , afirma.

En noviembre, en una reunión en Fort Lauderdale (Florida, Estados Unidos), del comité para los rinocerontes, de la Convención para el Comercio Internacional de las Especies en Peligro (CITES), que ha suscrito el principal tratado internacional sobre comercialización de animales silvestres, Suráfrica y Zimbabwe piensan apoyar una resolución para moderar el estatuto protector del más numeroso rinoceronte blanco, como primer paso para legalizar el comercio de los cuernos. A pesar del nuevo respeto que Suráfrica impone después de la elección del presidente Nelson Mandela, el comité está seguro del virtual rechazo de la propuesta.

La protesta pública sería demasiado, y aún entre los funcionarios oficiales para la vida silvestre en Africa meridional, donde la utilización comercial de la fauna silvestre es un método de conservación, hay discusión sobre si ello reduciría tanto los precios, que los cazadores tendrían que acabar con su negocio.

Los críticos sostienen que el entusiasmo de Zimbabwe y de Suráfrica por la legalización tiene mucho que ver con el hecho de que los dos países están sentados sobre toneladas de cuernos de rinoceronte, que se han acumulado por el contrabando y por el cercenamiento de cuernos, y que significan millones de dólares, si se levanta la prohibición.

En el caso de Zimbabwe, no es la prohibición la que ha fallado, sino el gobierno, que no ha querido hacer lo único que salvaría a los rinocerontes: gastar dinero.

Invirtiendo dinero para la protección de los animales, Suráfrica aumentó el número de rinocerontes negros de algunas docenas a cerca de 900, que es ahora, en Africa, la mayor cantidad. Namibia y Kenya, que invirtieron mucho en redes de inteligencia para poner a raya a los cazadores, también ha hecho progresos. Por eso la caída de los rinocerontes negros verticalmente hacia la extinción, a parte de los 65.000 que había en 1970, se ha detenido en una cifra aproximada de 2.500, hoy.

(*) New York Times News Service.

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