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CHITA VOTÓ A REGAÑADIENTES

CHITA VOTÓ A REGAÑADIENTES

Los campesinos de Chita concurrieron ayer con más devoción a misa y a la tumba del asesinado candidato a la alcaldía, Joaquín Sandoval, que a las urnas. De los 6.000 ciudadanos habilitados para votar, solo un poco más de 1.000 lo hicieron. Y lo hicieron en absoluta calma, ante la mirada de grupos de soldados que vigilaban el pueblo. En las últimas elecciones votaron cerca de 3.500 personas.

Ayer, la mayoría se quedó en sus casas en señal de protesta por el asesinato de los que, al parecer, eran sus mejores líderes: José Joaquín Sandoval, aspirante a la Alcaldía; Eulogio Cuevas y Jesús Duarte, candidatos al concejo municipal.

A muchos chitanos no les gustó que el Gobierno hubiera autorizado las elecciones para Asamblea y Gobernador, mientras suspendía los comicios para Alcaldía y Concejo.

El hecho fue interpretado como una actitud oportunista para no dejar perder unos votos en favor de los aspirantes a la Gobernación y a la Asamblea, sin interesar mucho la suerte del mismo municipio.

La gente está triste. Todavía llora a sus muertos. Algunos campesinos visitaron ayer el cementerio del pueblo para llevar flores a quien iba a ser su Alcalde. No les llamaba mucho la atención votar por unas personas que, en muchos casos ni conocen. Si acaso los han visto en los afiches pegados en los muros de las casas y en los postes del alumbrado público.

Los chitanos también están intimidados, pues a la amenazas de la guerrilla, que ya se ha tomado el pueblo en dos ocasiones, hay un nuevo factor de violencia: las rencillas partidistas y grupistas por el manejo del poder local.

Crímenes confusos La confusión del pueblo es mayor ahora, por cuanto no hay nada claro sobre los crímenes. Algunos pocos señalan a la guerrilla como responsable, pero otros, tal vez la gran mayoría, acusan de ello a los contradictores políticos de las víctimas.

Incluso los más alejados de la política temen que se desate ahora una retaliación violenta.

Tan pronto como ocurrieron los asesinatos esta semana, la gente comenzó a pensar en vender sus cosas y partir para otro lado. Un profesor de la escuela local dijo que espera terminar el año para renunciar e irse con su familia porque aquí ya no se puede vivir .

Huellas de violencia Pero es que el municipio viene de capa caída desde hace mucho tiempo. El comercio, por ejemplo, está completamente deprimido.

El dueño de un almacén dijo que no ha vuelto a surtir su negocio porque la guerrilla de inmediato le cae a pedirle las utilidades.

Todavía quedan huellas de la última incursión guerrillera de hace casi dos años. De lo que era el mejor hotel del pueblo, apenas queda un inmenso lote cercado, frente al hermoso parque principal. La instalaciones de la Alcaldía todavía las están reconstruyendo.

La guerrilla se la pasa ofreciendo incentivos para enrolarlos en sus filas (dinero, armas), y cuando no lo logran por las buenas, los reclutan por las malas.

Muchos padres que tienen alguna comodidad prefieren, entonces, enviar a sus hijos a estudiar en otros pueblos o a ciudades como Tunja o Bogotá.

De aquí se llevaron la Caja Agraria desde que ocurrió el último asalto guerrillero.

Este municipio de más de 20 mil habitantes vive principalmente de lo que le puede dar la tierra. Su principal producto es la breva, algo de papa, arveja y fríjol.

Pero llevar una carga a Bogotá no vale la pena. Un vehículo cargado puede demorar 15 horas por pésimas vías.

Sin futuro Todo el mundo se pregunta: Y ahora qué vamos a hacer? Si habrá elecciones, si les permitirán tener como alcalde a uno de los suyos o habrá mandato militar? El párroco del pueblo, Teodoro González, quien parece ahora como el líder más importante de la comunidad, dijo que es apenas obvio que después de dos incursiones guerrilleras haya llevado a las familias a un ambiente de desconfianza entre sí .

Pero el sacerdote también atribuyó el clima de incertidumbre a las rencillas entre distintos sectores políticos del pueblo.

Y la mayoría de los habitantes del municipio no está tan lejos del criterio del padre González, según el cual, lo único que queda por hacer en Chita es rezar.

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