VÍCTIMA DEL ABANDONO OFICIAL

VÍCTIMA DEL ABANDONO OFICIAL

Cuando Ibagué apenas despertaba hacia su verdadera urbanización, ya la escuelita Diego Falan era un centro de caché apetecido por los padres de las generaciones pasadas para que sus hijos estudiaran la primaria. Hoy nadie lo creería. Con los años se pasó del caché a una multiplicidad de problemas que serían soportables si quienes allí estudian fueran adultos. Pero en las jornadas de la mañana y de la tarde hay más de 700 niños de escasos recursos en su mayoría, sometidos a los olores nauseabundos de varias de las instalaciones sanitarias, cuyo deterioro implica también incomodidades que en nada se compadecen con sus pequeños usuarios.

26 de octubre 1994 , 12:00 a. m.

Los estudiantes deben soportar la incomodidad de los pupitres que aún se emplean luego de más de treinta o cuarenta años. La mayoría de puertas y tableros de los salones están destruidos y faltan ayudas audiovisuales.

Por otra parte y a raíz de varios robos, la oficina de rectoría tuvo que trasladarse y el único lugar disponible fue un pequeño cuarto que también es biblioteca, almacén de útiles, dispensador de alimentos y bebidas y que para completar queda a tres metros de la más descompuesta unidad de sanitarios que ni los mismos profesores emplean a pesar del mantenimiento constante.

Sin embargo, un problema concreto y urgente para resolver es el ruido ensordecedor de los buses y las busetas que recientemente empezaron a pasar por la calle aledaña a la escuela y cuyos salones tienen grandes ventanales protegidos apenas con mayas de alambre que detienen los intrusos pero no el detonar de los motores de los carros.

Urge revizar la circulación de las rutas de transporte público porque los menores no escuchan la clase y el eco dentro de los salones los desconcentra y obliga a un mayor esfuerzo.

Otro peligro es la falta de un muro que proteja a los niños de caerse sobre la carrera 11 y a la escuela del ingreso de ladrones. Resulta que los ladrillos están listos pero falta el cemento, arena y mano de obra .

La antiguedad y naturaleza militar del edificio determina otros problemas para los pequeños. Son bajas las bardas de los pasillos del segundo piso y el deterioro de las escaleras, las paredes, la pintura y varias zonas del techo, dejan mucho que desear. Finalmente, las instalaciones eléctricas son rudimentarias y cuelgan en los pasillos de la escuela Diego Falan.

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