NACIONALIZAMOS ACTOS DE VIOLENCIA

NACIONALIZAMOS ACTOS DE VIOLENCIA

A Julio Comesaña, joven y recién llegado de su natal país uruguayo, le elogiaron su garra charrúa al servicio, primero, de Millonarios y, luego, del Junior. Era león del mediocampo y recio en la marca, sin mala intención. Sin embargo, desde aquella época, el futbolista evidenció, fuera de la cancha, actitud violenta y de patán, censurable en especial en él, que había obtenido la nacionalización en el tiempo ese que los dirigentes pagaban a los extranjeros por tal motivo.

20 de noviembre 1992 , 12:00 a.m.

Recordamos un capítulo negro del futbolista, siendo este periodista estudiante del Colegio Barranquilla por 1976, que Comesaña golpeó salvajemente a un adolescente compañero, al término de la jornada de práctica en el estadio Romelio Martínez.

Después de 19 años de su llegada, ahora embestido del cargo de director técnico y con la cabeza blanca por las canas, pensamos que el cuidadano colombiano por adopción había madurado. Que había dejado atrás actitudes grotescas y de animales.

No ha ocurrido así. Todo lo contrario. Los almanaques calentaron la cabeza de una persona que, por su condición de responsable de un grupo de deportistas, representante de la divisa orgullo de Barranquilla, necesariamente debe ser reposada, tranquila, más que de cualquiera otra.

El miércoles último, luego del revés del elenco Tiburón frente al visitante Deportivo Cali, 0-1, Comesaña se salió de casillas, perdió la cabeza, y por el solo hecho de escuchar rumores de críticas, por el microfono de Radio Mar Caribe, atacó, repetidamente, a gritos a los periodistas Oscar Forero y Ramiro Jiménez, calificándolos de bestias .

Y no paró ahí. Inconforme, cuando Forero exigió respeto, intentó agredirlo físicamente. Una patada suya, dirigida al comunicador, terminó en la humanidad del arquero José Pazo, quien intentaba apaciguar anímos, según el testimonio del propio periodista.

Hasta dónde llegará Comesaña? Su pasado reciente también resulta oscuro. La salida del equipo-91 por el conflicto con el paraguayo Javier Ferreira le buscó, al retornar este año, una solución a su mejor estilo: agredió al volante en el estadio, como intentó hacerlo antes con el defensor Orlando Rojas.

En el cierre de la Copa Mustang II, recientemente perdiendo aquí con Cali, un aficionado se acercó al vidrio que separa al público del palco de periodista Acord, donde dirigía por estar suspendido, y le reclamó por qué jugaba Cassiani en lugar de Jiménez. La respuesta de Comesaña fue invitarlo a pelear.

Puede una persona así, dirigir un equipo de fútbol? No, por supuesto. Eso significa generar caos hasta en el aspecto meramente deportivo, como ya los creó en Cali, Medellín y Barranquilla con resultados nada positivos.

El país está cansado de violencia por todos sus rincones para que en el deporte, digno de competencia y diversión, también se vean estos actos de cobarde agresión. Sin duda, con Comesaña nacionalizamos violencia...

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