‘El Espectador’, 120 años después

‘El Espectador’, 120 años después

Leer El Espectador era pecado mortal. Lo fue en 1888 cuando el entonces obispo de Medellín, Bernardo Herrera Restrepo, decretó: “Ningún católico de nuestra diócesis puede, sin incurrir en pecado mortal, leer o conservar el periódico titulado El Espectador”.

19 de marzo 2007 , 12:00 a.m.

Aunque la publicación no tenía ni un año de vida, ya había despertado varias veces la ira del Gobierno y de la Iglesia Católica. De la mano de Fidel Cano, El Espectador nació el 22 de marzo de 1887, en Medellín. Eran cuatro páginas de un cuarto de pliego que circulaban martes y viernes con un tiraje de 500 ejemplares.

En un local alquilado en la calle El Codo, con máquinas compradas gracias a préstamos de sus amigos, don Fidel sacó adelante su creación. En el primer número lo anunció como un periódico “político, literario, noticioso e industrial” y en su primer editorial les propuso a los lectores “para bien del liberalismo, aprovechar la escasa libertad de prensa” y ofreció “abundantes noticias, tan recientes y fidedignas como fuese posible”.

La leyenda familiar cuenta que Fidel Cano decidió llamar así a su periódico por la enorme admiración que le tenía al poeta Víctor Hugo, quien colaboraba en Francia en un diario que llevaba ese nombre. “Esto no está escrito en ninguna parte, pero siempre lo hemos oído”, dice Fidel Cano Correa, bisnieto del fundador y actual director de El Espectador. En las paredes de su moderna oficina, llena de facilidades tecnológicas que el primer Fidel ni imaginó, están colgadas fotos de esos ejemplares que abrieron el camino.

‘En bien de la patria...’ “Soy redactor único de El Espectador –escribió su fundador en el número 27– y único responsable de lo que se publique en él”. Lo decía porque se vivían turbulencias políticas. Era la época de la Regeneración con Rafael Núñez en la Presidencia y restricciones enormes para la prensa. El Espectador, que desde sus inicios criticó las políticas conservadoras y a sus seguidores, era considerado subversivo y sufrió continuos cierres ordenados por el Gobierno.

En 1913, tras soportar una de las suspensiones más largas (de ocho años), reapareció ya como diario, en gran formato y con su conocido lema: “El Espectador trabajará en bien de la patria con criterio liberal y en bien del liberalismo con criterio patriótico”. Fue nombrado codirector Gabriel Cano, hijo del fundador y quien, a sus 23 años, ya había dado muestras de tener lo que él definía como una “afición hereditaria a la tinta”; afición ratificada por las siguientes generaciones de los Cano.

Dos años después, en 1915, empezó a circular en Bogotá, en horario vespertino. Siguieron décadas de afianzamiento de El Espectador en la capital. En 1947 apareció en sus paginas el cuento La tercera resignación, escrito por un costeño que entonces casi nadie conocía: Gabriel García Márquez.

Cinco años después, su sede fue incendiada en medio de la lucha liberal-conservadora que vivía el país. El Espectador quedaba en la Avenida Jiménez con cuarta, y el daño que sufrieron sus maquinarias los obligó a suspender la circulación durante diez días. Tres años después, fue clausurado por orden de la dictadura de Rojas Pinilla. El Espectador no se quedó callado: en su reemplazo editó El Independiente, que vivió hasta 1958, cuando el diario reapareció.

Ese mismo año llegó a la dirección un hombre que marcó la historia del periódico: Guillermo Cano Isaza, hijo de Gabriel y nieto del fundador. Bajo su batuta, se inauguró en 1964 su sede en la avenida 68.

Batallas periodísticas Allí El Espectador libró fuertes batallas periodísticas que le implicaron desequilibrios económicos y, lo peor, la muerte de varios de sus periodistas y la de su propio director. A principios de los años 80, el periódico emprendió una investigación sobre los manejos de las acciones del Grupo Grancolombiano, presidido por Jaime Michelsen, que era a su vez uno de sus mayores anunciantes.

Pese a las presiones, El Espectador se mantuvo en sus denuncias. El grupo financiero respondió con el retiro de la pauta publicitaria, lo que llevó al diario a afrontar duras dificultades económicas. Con sus finanzas a medio andar, emprendió otra batalla: esta vez contra el narcotráfico. “La lucha contra el narcoterrorismo era tal, que no había tiempo para pensar en el negocio”, dice su actual director.

Guillermo Cano, desde su columna Libreta de apuntes, abanderó las denuncias contra el narcotráfico. El 17 de diciembre de 1986 fue asesinado al salir de su oficina. Dos años después, un carrobomba explotó en la sede del periódico. Quedó en ruinas, hubo un centenar de heridos, pero su edición al día siguiente, coordinada por José Salgar, tituló: “Seguimos adelante”.

En 1997, la familia Cano tomo la decisión de vender el periódico al grupo económico de Julio Mario Santo Domingo. “Eso nos dio una tristeza muy grande –dice Cano Correa–. Para la familia fue muy duro, pero era la única opción que quedaba para que El Espectador no desapareciera”.

En los siguientes años, según el actual director, se sucedieron una tras otra administraciones que no tenían objetivos claros. Las millonarias pérdidas mensuales llevaron al Grupo Santo Domingo a tomar la determinación, en el 2001, de volverlo semanario. “Fue una decisión puramente económica. Se salvó con eso”.

Hoy, 120 años después de que naciera en Medellín, los accionistas estudian la posibilidad de que El Espectador vuelva a ser diario: “Para mí sería una dicha –dice su director–. Pero es una decisión que hay que estudiar con cuidado. El Espectador del fin de semana ha adquirido un espacio y una personalidad propia. Otra posibilidad es fortalecer más esa edición”.

Por el momento, Fidel Cano se prepara para llevarle, este jueves 22, flores a la tumba de quien creó toda esta historia: el primer Fidel, su bisabuelo.

MOMENTOS EN SU HISTORIA.

1887 22 de marzo Se publica el primer número de ‘El Espectador’, en Medellín. De cuatro páginas, circulaba solo martes y viernes.

1888 El entonces obispo de Medellín declara que leer y conservar ‘El Espectador’ es “pecado mortal”.

1913 Tras una larga suspensión ordenada por el Gobierno, reaparece ya como publicación diaria y en gran formato.

1915 ‘El Espectador’ comienza a circular en Bogotá, en edición vespertina. La suscripción anual valía siete pesos.

1952 Su sede, en la Avenida Jiménez con carrera cuarta, es incendiada. Su maquinaria queda inservible.

1955 Es cerrado por orden de la dictadura de Gustavo Rojas Pinilla. Publican, en su reemplazo, ‘El Independiente’.

1958 Reaparece ‘El Espectador’. Desde este año asume como director Guillermo Cano Isaza, nieto del fundador.

1964 El periódico estrena su sede sobre la Avenida 68, en Bogotá.

1982 Denuncia manejos del Grupo Grancolombiano. El grupo financiero le retira pauta publicitaria.

1986 Es asesinado su director, Guillermo Cano Isaza, cuando salía de las instalaciones del diario.

1988 Un carrobomba explota en su sede. Al día siguiente, ‘El Espectador’ titula: ‘Seguimos adelante’.

1997 La familia Cano vende ‘El Espectador’ al Grupo Santo Domingo.

2001 ‘El Espectador’ deja de ser diario y se convierte en publicación semanal.

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500 ejemplares se imprimían en su primera etapa. ‘El Espectador’ consistía en cuatro páginas de tamaño de cuarto de pliego y circulaba solo martes y viernes, en Medellín.

¿DE NUEVO TODOS LOS DÍAS?.

‘‘Para mí sería una dicha. Pero hay que estudiarlo con cuidado. Con la edición del fin de semana hemos ganado una personalidad propia”.

Fidel Cano, director.

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