RAPA NUI, OMBLIGO DEL MUNDO

RAPA NUI, OMBLIGO DEL MUNDO

Eficiente, el empleado del Servicio Nacional de Turismo de Chile, Sernatur, responde con pericia todas las preguntas sobre Isla de Pascua, entrega todos los folletos que tiene a la mano, revisa todos los datos de hoteles y, al finalizar, recalca para que no queden dudas: La isla, es -un-territorio- chileno-. Nuestro país tomó posesión de ella en 1888... . Insiste en ello porque quizá hay almas que se preguntan qué tienen que ver los trece millones de australes chilenos, los ingleses de América, con los 2.300 alegres, floreados y tostados pascuenses, hombres y mujeres evidentemente polinésicos que hablan en su propio idioma y están enraizados a 3.700 kilómetros de distancia, en medio de la soledad del Pacífico Sur y de un clima marítimo subtropical.

27 de octubre 1994 , 12:00 a. m.

Sólo dos aviones semanales de Lan Chile (jueves y domingo, con destino final Tahití), ningún barco de pasajeros -según Sernatur-, salvo expresos que de vez en cuando organiza la Armada, y los 852 dólares que vale el pasaje, ida y vuelta desde Santiago en clase turista, hacen de Rapa Nui un destino difícil para los propios chilenos.

El hombre de Sernatur, por ejemplo, no ha ido y no conoce a nadie de su oficina que haya pisado suelo pascuense, pero se arriesga a dar el teléfono de alguien que trabajó con nosotros y estuvo un tiempo viviendo allá .

El empleado no parece morirse de ganas -esta corresponsal sí- de conocer los 600 y más moais, inmensos y enigmáticos monolitos que pueblan los escasos 180 kilómetros de la isla- parque arqueológico, y cuyas fotografías han recorrido el mundo y subyugado hasta a Kevin Costner, quien se rindió y filmó allá su propia cinta: Rapa Nui.

Los moais, construidos en roca volcánica, están afectados ahora por las mismas manchas blancas que han enfermado las ruinas de San Agustín. Desde su descubrimiento, han sido un verdadero quebradero de cabeza para los antropólogos que no se explican por qué algunos de ellos se levantan en la playa pero no miran el mar sino a la isla, por qué unos tienen sombrero y otros no, y lo que es más sorprendente aún, como hicieron los escultores para trasladar tamaño tonelaje desde el lugar de construcción.

Del total de moais, 276 no fueron terminados y descansan en las faldas del volcán Rano Raraku, 394 están esparcidos y apenas 30 permanecen dignamente de pie. Hay, además, unos cien pedestales, llamados ahu. Una publicación argentina señala que el catálogo cultural de la isla abarca alrededor de 25.000 puntos de interés arqueológico y antropológico la mayoría de los cuales no ha sido debidamente explorado. Ninguno tan importante como el gran moai que está adherido todavía, inconcluso, a la pared exterior del volcán Rano Raraku: mide 22 metros de largo y su peso, en caso de haberse terminado, habría sido de unas 300 toneladas .

De dónde salieron aquellos desmesurados escultores?, es otro interrogante sin respuesta definitiva. Según los especialistas, el poblamiento de la Polinesia fue un proceso gradual de varios milenios.

Del sudeste de Asia, hace unos cinco mil años, salieron en canoas los hablantes austronesios, hábiles marinos que pasaron por la costa norte de Nueva Guinea, las islas Salomón, las Nuevas Hébridas, y llegaron a la Fidji alrededor de 1500 antes de Cristo.

Sucesivamente fueron poblando Tonga y Samoa y hacia el 300 d. de C. empezaron a viajar hacia el este y poblaron las Islas de la Sociedad, Hawai y quizá Isla de Pascua. Al mando de esta expedición iba el Ariki Hotu Matu a.

Esta hipótesis se opone a la que habla de una colonización proveniente de Suramérica, más exactamente del Perú, que llegó al mando de Kon Tiki Viracocha. En esta era tecnológica no hay paz entre las corrientes que apoyan una u otra teoría sobre los primeros pobladores, del mismo modo que -según dicen los folletos de Sernatur- no la hubo en los siglos XVI y XVII, cuando se produjeron sucesivas guerras de tribus y un abandono gradual de las costumbres de los habitantes de la isla. Los textos hablan de enfrentamientos entre las razas orejas largas y orejas cortas .

De aquellas épocas prevalece también el recuerdo de un rito. Distintos jefes competían por obtener el primer huevo de un manutara (ave migratoria, mas conocida como gaviotín pascuense), que anidaba en el islote Motu Inu, situado frente a Orongo, una de las tres puntas de la isla. El que lo obtenía se consagraba como Tangata Manu, y ejercía como jefe por un año. Hace 150 años, cuando llegaron misioneros cristianos, se suspendió la ceremonia.

Hoy, la capital de esta porción de tierra volcánica es a la vez su único poblado. Se llama Hanga Roa y cuenta con seis hoteles, 20 residenciales y un sinnúmero de casas de isleños dispuestas a recibir visitantes e incluso a dejarlos acampar.

Para quienes vayan con escaso dinero, se recomienda llevar enlatados y artículos de primera necesidad, puesto que comprarlos es prohibitivo. Dada la lejanía con Chile y su dependencia total del suelo continental, todo es caro.

Dicen que para recorrerla y anclar por ejemplo en el cráter de uno de los volcanes sobre el cual descansa una laguna, se requieren mínimo una semana y estado físico aceptable.

Sernatur ha identificado un exquisito menú arqueológico: pictografías, petroglifos, cavernas, moais, ahu, altares ceremoniales, crematorios, artefactos, en fin, museo a campo traviesa y lejos del mundanal ruido. De complemento, un cristalino Pacífico, palmeras al viento, atardeceres de colores, brisa suave, arena blanca... Quiero ir! Datos claves Lan Chile Santiago-Isla de Pascua-Santiago: 852 dólares. Los vuelos salen jueves y domingo, en la noche, y se puede regresar lunes o viernes. Si se viaja en temporada alta es conveniente anticipar reservas, por la escasez de cupos.

Un programa, que se puede comprar en cualquier agencia de viajes de Santiago, incluye traslado del aeropuerto, desayuno, excursión de un día completo, pic- nic y alojamiento por cuatro días en uno de los mejores hoteles, y vale 311 dólares.

Si no es ese el plan, una habitación individual en una residencial, desayuno incluido, cuesta 15 dólares. Y si se llega a hospedar en una casa de isleños, el precio se puede convenir.

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