LENTEJAS TENTADORAS

LENTEJAS TENTADORAS

De los muchos episodios bíblicos leídos en el colegio durante mi educación básica, uno de los que mejor grabados quedó en mi memoria fue el de Esaú, Jacob y las lentejas. Aún veo al padre Mariano leyéndonos la historia de aquellos gemelos hijos de Isaac y el énfasis que ponía en el nada despreciable hecho de que Esaú fuera primogénito porque había salido antes del vientre materno. Sobre el resto de la historia, ninguna entonación hizo que se destacara algo especial: ...Jacob guisó un potaje; y volviendo Esaú del campo, cansado, dijo a Jacob: Te ruego que me des a comer de ese guiso rojo, pues estoy muy cansado . Y Jacob respondió: Véndeme en este día tu primogenitura . Entonces dijo Esaú: He aquí que yo me voy a morir; para qué, pues, me servirá la primogenitura? Y dijo Jacob: Júramelo en este día . Y le juró, y vendió a Jacob su primogenitura. Entonces Jacob dio a Esaú pan y del guisado de las lentejas; y él comió y bebió, se levantó y se fue. Así menospreció Esaú la primogenit

30 de octubre 1994 , 12:00 a. m.

Desde luego, el que no entiende se asemeja al que no ve y yo, con no más de nueve años, no comprendía ni veía centenares de cosas por aquellos tiempos. Muchos años después, la metáfora de Esaú y Jacob cobró cierto significado a la luz de la filosofía, o mejor de la ética en versión light. Fue leyendo a Savater en su Etica para Amador cuando descubrí que Esaú era un mal ejemplo en muchos sentidos, pues infringía cantidad de principios que le dan buen sentido a la vida y, según el buen decir de Savater, Jacob un pájaro de mucho cuidado .

En resumen: la Etica para Amador me impresionó al punto que creí tener mi criterio formado en cuanto a la moraleja bíblica de las lentejas y me olvidé del asunto, no sin recomendarle a cuanta persona me rodeaba releer el viejo testamento y a Savater, a quien admiro sin límites; respecto a las lentejas seguí considerándolas, por tradición familiar y nacional, un plato deleznable. Y aclaro que en mi casa, desde tiempo inmemoriable, se dice lentejas comida de viejas, si quieres las comes y si no las dejas .

Basta que uno crea algún asunto zanjado para que se reitere intempestivamente en el momento menos imaginado de la vida, por eso no me extraño que otra historia de lentejas me diera que pensar más allá de su riqueza en hierro, calcio, fósforo, carbohidratos, y paro de contar para que no se piense que las ensalzo tanto.

Esta historia empezó en fecha cercana, cuando un buen amigo me anunció, entusiasmado, que la chica a la que asediaba, desde hacía meses, le había invitado a regañadientes a comer. En parte porque el amigo es un solterón empedernido, a quien todos en el grupo admirábamos por su espíritu libertario, y por la reticencia de la muchacha a tener algo con este singular conquistador, creímos que el mundo empezaba a funcionar al revés. Pero consolándome ante la certeza de que muchas cosas andan de cabeza, me encogí de hombros ante la inminencia de un hecho más, sin sentido. Sin embargo, el universo recobró su orden cuando el donjuán nos dijo que la díscola perseguida le había agasajado con un plato de lentejas.

Todo estaba claro; en la España tradicional, ofrecerle lentejas a quien invitamos por primera vez a comer o a quien no tenemos confianza alguna, es casi una afrenta o, por decir poco, un desprecio. Bromas y risas fueron moneda corriente, tras contarnos el seductor sobre aquellas legumbres con raigambre histórico. Ni que los ancestros de las lentejas remontaran a la edad de bronce ni que su valor nutritivo remplazara a la carne muscular, atenuaron nuestras burlas. Al fin paró en seco nuestras jocosas sentencias, con una sentencia mayor que de nuevo ponía todo patas arriba: Pues además de que las lentejas estaban muy buenas nos vamos a casar el próximo mes , pronunció y se fue.

En ese momento, las benditas lentejas adquirieron otra vez significado para mí; eso de que estuvieran muy buenas tenía ahora connotaciones gastronómicas. El Esaú cazador, el Jacob buen cocinero, el repudio social por aquellos proverbiales granos, y hasta la manzana de la tentación, retornaban plenos de sentido. No sólo la más cuantiosa herencia: el supremo don de la libertad sin condiciones se puede perder por un buen plato de lentejas.

Ingredientes 1 libra de lentejas. 1 1/2 litros de agua. 2 copas de vino tino. 1 hoja de laurel. 1 ají pequeño. Pizca de pimienta blanca recién molida. 1/2 cucharadita de tomillo seco. 1 cucharadita de albahaca seca. 1/2 libra de tocineta cortada en dados. Aceite. 2 cebollas redondas. 3 dientes de ajo. 2 cucharadas de perejil picado. Sal y azúcar.

Preparación Después de lavar bien las lentejas, póngalas en remojo por un par de horas. Luego proceda a cocerlas cubiertas con agua limpia y vino, durante 15 minutos. Después agregue el laurel, tomillo, ají, pimienta y albahaca y déjelas hervir durante 30 minutos más, a fuego lento. Mientras, fría la tocineta en dados en poco aceite y dore la cebolla cortada en rodajas y los ajos en la grasa de la tocineta. Vierta el sofrito en el guiso y sazone con sal y una pizca de azúcar. Sirva espolvoreando con el perejil picado.

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