Nadín en el jardín de juguete

Nadín en el jardín de juguete

“La marca de juguetes Lego es, de alguna manera, un ícono subversivo, controversial y problemático”, dice el artista colombiano Nadín Ospina, quien inauguró esta semana una nueva etapa de su serie Colombialand, en el Instituto Cervantes de París.

13 de marzo 2007 , 12:00 a. m.

Esta serie utiliza las fichas de esta famosa marca de juguetes para niños para fabricar imágenes políticamente incorrectas.

El trabajo que presenta en París se titula Las flores del mal y es una animación en el formato 3DMax. Se inspira, según dice el artista, “en la idea perversa de convertir lo exótico en la contraparte maligna de los personajes que la firma danesa Lego utiliza en los populares juguetes didácticos para niños. El malo de moda generalmente nos toca a nosotros”, dice Ospina.

Las pinturas que conforman esta serie son ampliaciones pictóricas de los fotogramas de la animación; un fragmento de cuatro minutos que se proyecta sobre grandes pantallas en un espacio especialmente acondicionado.

Las flores del mal se componen de video instalación, objetos escultóricos en el centro y una serie de pinturas que ambientan el espacio donde se proyecta el video. La exposición fue realizada bajo la curaduría del catedrático y curador español José Jiménez (Premio europeo de estética 2006) .

Historia para armar La relación de Ospina con Lego comenzó hace 10 años, cuando el artista le compró en París, un juguete Lego a su hija, de la serie Legoland, en el que ocurren historias ambientadas en lugares exóticos. En ese tiempo, el juego específico para América Latina tenía un trasfondo de selva, pirámides precolombinas, loros, monos, papagayos, serpientes y también indígenas, además de una serie de personajes locales tremendamente sórdidos. Dice el artista que los muñecos tienen sus caras cortadas, la barba mal afeitada y están armados hasta los dientes, con pistolas, fusiles machetes y bombas. Es el perfecto y prejuicioso retrato de América Latina que hacen los medios de comunicación en Europa, agrega Ospina.

“Lo que hago es tomar la propuesta de Lego y magnificarla. Jugar su juego, el juego que Lego propone y llevarlo a una dimensión superlativa. Sacarlo del universo infantil y proyectarlo a un plano donde nos permita ver que nuestros niños juegan con objetos que nosotros mismos no detectábamos”.

Pintura y tecnología Para el artista su trabajo es una unión entre una técnica contemporánea y otra milenaria. “Es una forma de potencializar la pintura a través de la tecnología y a revertir la tecnología en un elemento artesanal entre comillas, como la pintura”, agrega el artista.

Con esta serie, Ospina pretende mostrar algo novedoso posterior al tema de los íconos precolombinos con que ha tenido tanto éxito. Las flores del mal lo llevan por otra ruta; un buen camino.

La exhibición se complementa con un catálogo que contiene un texto del crítico de arte Bernard Marcadé, quien a su vez retoma el planteamiento de Baudelaire sobre La moral del juguete.

Con esta exposición, Ospina se consolida como uno de los artistas colombianos con más proyección en el plano internacional. Su obra se ha exhibido en eventos como las Bienales de Sao Paulo, La Habana, Lyon y Venecia. Ganó el Salón Nacional de Artistas y la Beca de la Fundación Guggenheim de Nueva York. .

LO QUE DICE LA CRÍTICA .

Ana María Escallón Crítica de arte “El trabajo que lleva a París es el tipo de juego infantil sumado a los estereotipos colombianos que en una doble lectura, recoge los síntomas de los prejuicios de cada cultura”.

Eduardo Serrano Historiador y crítico “Toca aspectos de la realidad cultural y social de América Latina con un agudo comentario político a pesar de su ánimo lúdico. Utiliza un punzante sentido del humor”.

Fernando Toledo Escritor y crítico “Su obra no solo nos permite una reflexión en torno a la violencia, sino que además nos permite ver cómo nos ven y como se advierte nuestra imagen fuera de la región”.

Bernard Marcadé Crítico de arte y catedrático francés “A la manipulación perversa operada por los ‘creadores’ de estos juguetes, el artista colombiano Nadín Ospina opone sus propias manipulaciones visuales, que hacen nivelar una opinión deliberadamente crítica y política”.

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