MOCKUS-PEÑALOSA, CAMPAÑA SIN MOLDES

MOCKUS-PEÑALOSA, CAMPAÑA SIN MOLDES

Bajarse los pantalones, lanzarse el agua en una conferencia, subirse a los buses, pararse en la cabeza, jugar perinola...Todo puede decirse de los dos principales candidatos a la alcaldía de Bogotá, Enrique Peñalosa y Antanas Mockus, menos que no cambiaron el frío y acartonado estilo de hacer campaña en la fría Bogotá. Campaña que trascendió el ámbito local no sólo por el nuevo estilo que ha tenido y por la calidad de los aspirantes en contienda, sino por los graves problemas que padece la ciudad y que todos los colombianos ven a diario en la prensa y la televisión: basuras, inseguridad, calles rotas, hacinamiento...

29 de octubre 1994 , 12:00 a. m.

Mockus, de 42 años y recordado por sus controvertidas actuaciones en la rectoría de la Universidad Nacional, encabeza el movimiento Ciudadanos en Formación .

Profesor, matemático y filósofo de ascendencia lituana, basa su candidatura en crear una nueva cultura ciudadana que permita un impulso del progreso social y el pleno desarrollo de las potencialidades económicas de la ciudad.

Todos ponen\ nPara comunicar su programa ha recurrido a los símbolos y los juegos de palabras. Ha sido una novedosa manera de hacer política que rompió viejos esquemas pero al mismo tiempo ha generado muchísima expectativa y temores. Podrá con su nuevo estilo hacerle frente a los gravísimos problemas de la ciudad?.

En el otro extremo está Peñalosa, de 40 años, escogido como candidato único del liberalismo en una consulta interna. Ha estudiado los problemas de la ciudad con detenimiento y ha sido puntual en el momento de proponer soluciones.

Para muchos observadores, Peñalosa y Mockus harían una dupla perfecta para que manejaran en equipo la próxima administración.

Los dos han protagonizado múltiples clásicos en diferentes escenarios. Los primeros enfrentamientos fueron espontáneos, como cuando se lanzaron vasos de agua en la Universidad Javeriana.

Mockus ha preferido reunirse con los muchachos de la rumba universitaria y con obras de teatro y piezas de baile empezó a cautivar a sus electores. Y a punta de jugar perinola recolectó fondos para su campaña.

Política en mangas Por su parte, Peñalosa prefirió las esquinas y los buses de Bogotá y, en mangas de camisa, repartió plegables con sus compromisos de gobierno a los transeúntes, a los pasajeros, y a todo aquel que se le atravesara en el camino.

En el transcurso de la campaña por la Alcaldía, los múltiples encuentros entre los dos favoritos se volvieron más formales, fríos y monótonos.

Inclusive los candidatos empezaron a a coincidir en varias de sus promesas: venta de la Empresa de Telecomunicaciones, sobretasa a la gasolina, creación de un sistema masivo de transporte, eficiencia en la administración y una nueva planeación de la ciudad.

Los seguidores de Peñalosa y Mockus reconocen en ellos a dos miembros de la denominada nueva clase política.

A Mockus le critican que por darles tanto énfasis a la cultura y formación ciudadana, sus programas parecen utópicos. Y además, se le ha cuestionado el silencio de los últimos días.

Por su parte, a Peñalosa le cuestionan su marcada tendencia a la tecnocracia. Sus intervenciones son repletas de números.

En materia de seguridad los dos candidatos han mostrado sus diferencias. El liberal propone aumentar la autoridad para acabar con la inseguridad, uno de los peores flagelos de la ciudad.

Mockus, por su parte, cree que la solidaridad ciudadana es mejor que la represión y propone dar solución al problema mediante unos reflejos colectivos de la comunidad.

No a hacinamiento A propósito de la concentración poblacional en la ciudad, Peñalosa sugiere acabar con los urbanizadores piratas, a su juicio el mayor problema en Bogotá, y densificar la ciudad.

Mockus no descarta esta idea y añade que se puede utilizar combinadamente una expansión planeada de la ciudad.

Y cuando las campañas de estos candidatos ya estaban encarriladas y a todo vapor, ingresó un nuevo aspirante, el conservador Carlos Moreno de Caro. No le pidió permiso a los jefes de su partido y justamente se ha ocupado de explotar esta circunstancia para exponer su independencia.

Los grandes jefes políticos de la ciudad, liberales y conservadores, se han mantenido al margen de esta contienda. Aunque los liberales han dicho que cierran filas en torno a Peñalosa, es un hecho que la clase política liberal y el candidato de su partido no la van muy bien. Peñalosa ha preservado al máximo su independencia y su nuevo estilo de campaña no ha sido de buen recibo entre los tradicionales caciques de la ciudad, que gustan de las fotos y los compromisos.

El conservatismo se rindió antes de tiempo. Sus jefes nunca pudieron ponerse de acuerdo sobre un nombre y ese vació también ha sido una de las banderas de Moreno de Caro.

La campaña en Bogotá, en fin, ha sido de las más atípicas de los últimos años y el desenlace de las elecciones, gane quien gane, será precedente para cambiar las costumbres políticas de la ciudad.

Operación Avispa para Concejo En Bogotá se libra además una dura batalla por el Concejo de la ciudad. Son 34 curules y una adicional para la circunscripción especial de paz. Hay 125 listas en juego, dentro de una estrategia tradicionalmente llamada Operación Avispa, pues los partidos mayoritarios, Liberal y Conservador, se dividieron en decenas de candidatos.

En la capital se eligen además las juntas administradoras locales. Son 184 curules en total para 20 localidades. Cualquiera de ellas puede ser del tamaño de una ciudad intermedia. Kenedy, por ejemplo, puede tener el doble de habitantes de Pereira. Hay 1.592 listas que se disputan esas curules.

Estas juntas hacen el papel de concejos locales, pero están sujetos, al igual que el Concejo y la alcaldía, al Estatuto Orgánico de la capital, así como la Constitución de esta enorme urbe.

Los alcaldes de cada de una de las localidades son elegidos por el alcalde mayor de la ciudad de una terna que envía la respectiva Junta Administradora Local.

Bogotá es la única ciudad del país en que no se elige gobernador departamental por una razón obvia: está separada electoralmente de Cundinamarca. Los problemas y necesidades de los municipios aledaños se mezclan de forma permanente con los de la ciudad, que genera a su vez los principales problemas de contaminación de la enorme Sabana.

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