PRESIÓN INDEBIDA

La suspensión de labores, huelga o paro -como se quiera denominarlos- tienen naturalmente una precisa configuración legal, una estructura jurídica e institucional que es, por su naturaleza, legítima. Mas por ello mismo no es posible desvirtuarla ni desfigurarla, porque ello equivale a desconocer su propia índole, y a convertir la huelga poco menos que en un instrumento de subversión. Son estas las precisas consideraciones que pueden hacerse a propósito del estado de alerta en que el Sindicato de los Trabajadores de la Registraduría Nacional del Estado Civil ha querido colocar a sus afiliados, a raíz de algunos pedimentos de orden laboral que han venido siendo estudiados hace algún tiempo.

28 de octubre 1994 , 12:00 a. m.

Plantear la amenaza de un paro -lo que por cierto se ha hecho repetidamente en ocasiones anteriores- en plenas vísperas de un debate electoral, es una actitud que excede todos los límites de las relaciones laborales.

Esa posición, con pretendidas marchas de protesta y otras acciones similares, constituye en la realidad una forma inadmisible de chantaje, extraña no solo a los mecanismos laborales sino al orden institucional. Y parece claro que sobre tales bases no puede procederse.

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