LA CIENCIA TRAS LOS CULPABLES

LA CIENCIA TRAS LOS CULPABLES

Puede que los muertos no hablen, pero para el ojo bien entrenado sus cadáveres revelan novelas enteras de pasión y misterio y violencia. El patólogo forense sigue la coreografía de un asesinato a través de las heridas dejadas en una víctima de apuñalamiento o, luego de estudiar las marcas de quemaduras y patrones de entrada en una muerte por arma de fuego, cambia el veredicto original de suicidio a asesinato.

25 de octubre 1994 , 12:00 a. m.

El odontólogo usa las marcas de una mordida para ayudar a confirmar la identidad de un asesino.

El experto en balística señala la identidad específica del arma utilizada en un ataque desde un vehículo en movimiento.

A finales del siglo 19 y principios del 20, una explosión de descubrimientos dio nacimiento a la ciencia forense moderna.

Solo como ejemplo: el francés Alphonse Bertillon diseñó el concepto de, y estándar para, las fotografías de archivo. El médico escocés Henry Faulds se dio cuenta de que cada huella dactilar tenía su patrón único. Alexander Lacasagne, un profesor francés, descubrió que las cicatrices dejadas en la bala disparada podían determinar el arma que la disparó.

En las últimas décadas, los médicos legistas han utilizado especialistas de lo que antes se consideraban ramas no relacionadas para ayudar a encontrar las pistas necesarias. La creciente contribución de los antropólogos físicos, por ejemplo, llevó a reconocer la antropología forense como una nueva especialidad.

Estos antropólogos pueden ser claves para resolver lo que frecuentemente es el primer enigma en las muertes sospechosas: simplemente encontrar quién ha sido muerto. No hay manera de llamar a un pariente para que haga una identificación positiva cuando una misteriosa pila de huesos enterrados por mucho tiempo se descubre en el campo.

Pero los huesos humanos pueden dar mucha información.

Los huesos pélvicos ayudan a determinar el sexo del cuerpo; el cráneo, a determinar su raza; el desarrollo de las articulaciones, a determinar la edad, y las medidas generales, a determinar su estructura. Un detenido análisis a los detalles lentamente compila la osteobiografía de una persona.

Viendo lesiones en el hueso que revelan tensiones musculares, puede decirse si una persona fue atlética o trabajador físico, por ejemplo , dice Douglas Owsley, antropólogo forense de Instituto Smithsonian.

Cuando se ha establecido la identidad en muertes sospechosas, la nueva tarea es encontrar cuándo ocurrió el suicidio o asesinato. Solo entonces pueden los detectives comenzar a eliminar sospechosos con el interrogatorio estándar.

Hasta hace poco, los examinadores médicos tenían pocas herramientas para establecer la hora de la muerte, fuera de químicos precisos solo las primeras 48 horas. Ahora, cuando un cuerpo ha estado muerto mucho más tiempo, los forenses dependen de una tecnología muy simple.

A pocas horas de la muerte, el cuerpo comienza a descomponerse y atraer la primera oleada de insectos que se alimentarán y pondrán sus huevos , dice William Rodríguez, antropólogo forense y especialista en tanatología en el Instituto de Patología de las Fuerzas Armadas de Washington, DC.

Diferentes fases de la descomposición atraen a diferentes especies, todas con un tiempo establecido. Cuando colectamos las larvas, pueden ser examinadas por un entomólogo forense que las indentifica, las mide y calcula la temperatura y humedad en la escena para calcular la hora de la muerte , dice.

Los entomólogos forenses pueden descubrir mucho más que solo la hora de la muerte. Por ejemplo, han determinado que el muerto era adicto a la cocaína por el anormalmente rápido crecimiento de los gusanos y la detección del narcótico en los tejidos de estas larvas.

El DNA, la última evidencia Las pruebas de material genético han emergido como una de las más valiosas herramientas de la ciencia forense.

Esta prueba, conocida como huella dactilar de ADN (ácido desoxirribonucleico), analiza la más distintiva característica de un individuo: su material genético.

Químicamente se analiza un segmento de ADN de la sangre, semen o tejido, graficándola en barras oscuras que se parecen al código de barras que se usa en los supermercados.

Dependiendo de la calidad y la cantidad de la muestra, la probabilidad de que pudiera encontrarse el mismo patrón en más de una persona al azar puede ser tan baja como de una en 10.000 millones.

La huella de ADN ha demostrado ser invaluable para identificar a sospechosos de un crimen, violación o caso de paternidad, y es admitida como evidencia en la mayoría de las cortes en Estados Unidos. Tal es su aceptación que puede conducir al futbolista estadounidense O.J. Simpson a la pena de muerte, por el asesinato de su esposa.

No solo presentamos evidencia que ayuda a condenar al acusado. En alrededor del 30 por ciento de los casos en que obtenemos resultados, gente falsamente acusada acaba exonerada , dice Lisa Forman, genetista de Cellmark Diagnostics, una compañía que realiza análisis forenses de ADN.

La identificación mediante el DNA solo encabeza la lista de tecnologías que llevan a la medicina forense al siglo 21. Los láser, por ejemplo, actualizan la lectura tradicional de huellas dactilares. Hasta que comenzaron a usarse muchas impresiones eran demasiado débiles para lograr la identificación, mientras que otras eran difíciles de recuperar de superficies como el cuero, las armas grasosas y la piel humana.

Los computadores también están cambiando la forma como los especialistas en medicina forense investigan la muerte. Permiten a la policía, a partir de una huella parcial, extraer el nombre de un supuesto asaltante. Y permiten a los científicos amplificar fotografías lo suficiente como para ver la estampa de la suela de un ladrón sobre la mejilla de su víctima, identificar una particular llave de tuercas como el arma homicida por sus irregularidades individuales impresas en las lesiones de la víctima.

Los expertos también están usando computadores para ayudar a los ilustradores forenses a realizar retratos de las víctimas a partir de cráneos para así identificar a las personas.

Contrariamente, cuando hay una fotografía de una persona desaparecida, los antropólogos forenses pueden usar gráficas computacionales para identificar el esqueleto, haciendo concordar el cráneo con la fotografía. Esta fue la técnica principal utilizada para confirmar que un cuerpo exhumado en Brasil en 1985 era del nazi Josef Mengele, Angel de la Muerte .

The Los Angeles Times Syndicate (RECUADRO MAC)

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